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EN LOS DÍAS FINALES DE DICIEMBRE, EL TRIBUNAL MUNICIPAL DE BAYAMO-GRANMA, DIO A CONOCER LOS.../POR GUSTAVO ARCOS

Fecha de publicación 10/01/2010

 
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Amigos



En los días finales de diciembre, el Tribunal Municipal de Bayamo-Granma, dio a conocer los resultados del proceso de apelaciones iniciados por Juan Ramírez ( guionista, crítico, miembro de la UNEAC) y Alexander Delgado ( realizador de TV) quienes desde septiembre pasado se habían visto envueltos en una absurda acusación que entre otras lindezas, los catalogaba de pornógrafos, inmorales, obscenos e indecentes. Ellos, guionista y director respectivamente de un programa de la Tv granmense, habían exhibido un corto de tres minutos titulado El grito, realizado por Milena Almira mientras estudiaba en la Facultad de los Medios Audiovisuales del ISA. Este material, que ya se había paseado con notable éxito en los más disímiles eventos nacionales, e incluso estrenado oficialmente por el ICAIC, generó al parecer, tras su exhibición en un horario nocturno de la tv local, algunas llamadas telefónicas de “indignados y ofendidos” espectadores quienes se sentían ultrajados moralmente ante lo que consideraron una obra burda y pornográfica.

La decisión del Tribunal exoneraba a Juan Ramírez de “culpa” pidiendo su reincorporación laboral, sin embargo mantenía la “pena” sobre Alexander Delgado.

De todo este extraño, vergonzoso y humillante proceso pueden sacarse alarmantes conclusiones y varias interrogantes:

Primero: Si el corto El grito, es definido una y otra vez en toda la documentación levantada por el caso, como un material ofensivo y obsceno, que denigra la imagen de la tv granmense y atenta contra los principios morales de nuestra sociedad, debemos inferir que la UNEAC, el ICAIC, el Festival de Cine Pobre, el de La Habana, la Muestra de Nuevos Realizadores, la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica y muchos otros eventos, instituciones y personalidades de la cultura que lo exhibieron, premiaron o alabaron, están no solo equivocados sino que son también inmorales y perversos, puesto que han legitimado una obra pornográfica e indecente.

Segundo: El Ministerio de Cultura radica en el Telecentro de Granma y su ministro es Alfredo Brito, figura principal en todo este caso quien por ser el director del telecentro ha hecho oídos sordos al llamado de los especialistas, críticos, intelectuales y hasta de un Premio Nacional de Cine. O sea, en Granma tienen su propia Política Cultural dictada por este u otros señores, quienes pasan incluso por encima de varias declaraciones oficiales de la UNEAC provincial y Nacional que respaldaban a los dos sancionados y alertaban sobre los excesos cometidos desde un principio alrededor de los hechos. Tenemos por lo visto un abuso de autoridad y pudiera decirse que hasta una usurpación de funciones, detalles que poco o nada parecen interesarles a las autoridades provinciales quienes evidentemente han dejado correr hasta el triste final, esta “bola de nieve”.

Tercero: Las discusiones y debates relacionados con el “quinquenio gris” nunca llegaron a los funcionarios de Granma. El proceso seguido contra Juan Ramírez y Alexander Delgado, tiene similares características que aquellos penosos y denigrantes acontecimientos de décadas atrás. Un abuso de poder, una lectura “particular” acerca de los valores artísticos de una obra, la misma acción de ciertos funcionarios que hablan en nombre del pueblo y velan por su moral, la misma actitud radical contra los creadores, la falta de transparencia y objetividad en los análisis o decisiones, la misma mirada mojigata y prejuiciada acerca del sexo, la pareja y los conflictos humanos, la misma prepotencia e igual vejación física y espiritual contra los dos “acusados” quienes han tenido un tratamiento público como si de dos criminales se tratase pues llama la atención como, a raíz de los hechos, la TV local llegó a emitir una nota que pedía disculpas a la población tras la exhibición del material, añadiendo además la coletilla de que serían tomadas las medidas disciplinarias contra los causantes de tal insulto a la comunidad.

Cuarto: El caso colocó nuevamente sobre el tapete un problema que al parecer nunca tendrá solución. La Televisión va por una parte y la Vida real, por otra. Se supo que hay disposiciones que prohíben la exhibición de materiales audiovisuales de los llamados Nuevos Realizadores y películas cubanas en los telecentros. “El pueblo no está preparado para ellos”, suele argumentarse. Como tampoco está listo para el debate, la confrontación de ideas o el análisis de los problemas medulares que nos golpean, tratados por cierto con bastante frecuencia por nuestros cineastas y creadores. Tal visión es, cultural y éticamente irresponsable, pero tampoco es un asunto que, a juicio de ciertos funcionarios, merezca la pena solucionar.

¿Si El grito, es un material obsceno o vejatorio, cómo es posible que fuese realizado dentro de un proceso docente en el Instituto Superior de Arte?. En el mismo sentido, cómo pude ser tildado de ilegal.
¿ Por qué en vez de estigmatizar, expulsar o lastrar la carrera de dos profesionales, no se incentivó, la discusión pública, el acercamiento, o la crítica dentro del marco artístico o social, sobre las diferentes ideas tratadas en este sugerente corto audiovisual?

¿ Es qué acaso la llamada de varios televidentes “aireados, molestos o agredidos” trazará una política cultural o de programación en la TV?. Si así fuese deberíamos convenir que muchos de los programas de nuestra actual TV Nacional hace rato deberían haber salido del aire.

¿ Lo sucedido en Granma y su Telecentro, es solo una casualidad o existen otras múltiples historias similares o peores que contar?

Las medidas disciplinarias contra los dos creadores, lo dilatado e insólito del caso, la contaminación de los procedimientos sobre la base de subjetividades y criterios personalizados y especialmente los por cuantos de los dictámenes que los sancionan, dejan abierto el camino para que se legitimen actitudes como esta por parte de funcionarios, instituciones y administraciones.

Finalmente una confusa interpretación del lenguaje erótico y sus representaciones artísticas se ha dejado entrever en todo el proceso, asociándolo de manera simple a la pornografía y la vulgaridad. El arte erótico existe desde la antigüedad y seguirá siendo este fenómeno uno de los más atendidos por el hombre en toda su historia. No hay probablemente forma mejor en el arte, para comprender la verdadera conducta humana. Lo erótico en sus diferentes representaciones nos permite conocer quiénes somos realmente. El Grito es un corto ejemplar que se adentra en problemáticas tan vitales y contemporáneas como son las relaciones de poder entre los seres humanos, la fantasía y el deseo. También incita a las discusiones sobre género, sobre los roles y sobre la conducta social. No tiene ni un ápice de pornográfico, ni de indecencia. Su lenguaje “vulgar” deja de serlo desde el mismo momento en que se encuentra justificado plenamente por la historia y la actitud de los personajes. No es ajeno al relato, ni mucho menos al mensaje.

Si en pleno siglo XXI algunas “malas palabras” o escenas, provocan tales desmedidas reacciones, es solo una muestra de cuantos GRITOS quedan todavía por dar.



Gustavo Arcos

Ciudad de La Habana.