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SOY UN DEGENERADO Y… A MUCHA HONRA

Fecha de publicación 21/07/2010

 
Se trata de una cuestión de orgullo y de amor propio pero cada día que pasa percibo que me vuelvo anacrónico ante mis semejantes y ante la misma sociedad...

Por: Emir García Meralla

Se trata de una cuestión de orgullo y de amor propio pero cada día que pasa percibo que me vuelvo anacrónico ante mis semejantes y ante la misma sociedad; la razón fundamental es que un “amigo” del medio musical me tildó de algo que no puedo repetir y no repetiré por decoro, ante mi pública negativa a escribir sobre la “música cubana de género” que se estaba haciendo actualmente. 

Confieso que su emplazamiento me llamó a un análisis de mi largo bregar en las lides de la música cubana que ya suma unos veinte años y un poco más. En ese tiempo he visto, vivido y gozado muchas emociones, dolores, rechazos y hasta alguna que otra muestra de marginación o exclusión por razón (debo decirlo) de raza, estatura y hasta de parecido físico; pero ninguna de esas adversidades jamás hizo mella en mi voluntad de escribir sobre aquellas cosas que han distinguido, dañado y orgullecido a la que a mi juicio es el mayor aporte de Cuba como nación a la cultura y la historia universal: la música. 

Mis cavilaciones, que no me quitaron el sueño, me obligaron a plantearme algunas hipótesis fundamentales que pretendo compartir para hallar las justas respuestas: ¿Qué es Género?; ¿Cómo aplicarlo a la música cubana?; ¿Se habrá acercado ella alguna vez a este asunto, lo habrá hecho en los últimos cincuenta años? Estoy fuera de contexto, o de “onda” con este asunto. 

Como todo mortal nacido en esta isla de Dios y formado en una cultura de armas tomar, mi primera reacción fue revisar mis escritos, mi actuar y hasta mi propia vida para entender hasta qué punto el Género me involucra o no; entonces afloraron a mi mente los lejanos años en que la mulata Caridad México, maestra normalista, en segundo grado me enseño las primeras palabras, las oraciones y aquella definición prístina de la gramática castellana, o española, de que había persona o género y número; y aunque no conservo aquellos apuntes donde mi caligrafía comenzaba a aflorar, mi memoria no me traicionó en aquello de Masculino y Femenino.
 
Sin embargo, tanto Caridad México, como Ada Negrín que en tercer grado reforzó aquellos conocimientos primarios del idioma Español, murieron sin que yo lo supiera. Años después en la medida que fui creciendo y estudiando y leyendo con profundidad aquellas primeras definiciones junto a otras se me reforzaron cuando Serafín (Tato) Quiñones me regalo el Manual de Gramática Castellana de Gonzalo Martín Vivaldi, que vino a ampliar mi discreto dominio del idioma en que escribía mis primeras crónicas, artículos y modestos análisis. Para este Vivaldi, el experto en gramática, Género seguía siendo lo mismo que para mis primeras maestras. 

Pero han pasado los años, la sociedad ya no es la misma y las cosas han cambiado. Hoy Género es algo que yo no entiendo y como tal lo respeto, sin embargo cuando de música cubana se trata recordé que por el año 1999, cuando nos enfrascábamos en evitar el “error del milenio” en nuestras computadoras Pentium Dos y Tres; Danny Lozada, un cantante cubano que ya nadie recuerda a pesar de que su tema “El beso de queso” puso a bailar a toda Cuba; se atrevió a componer, a cantar y a grabar un disco cuyo título provisional fue “Amor entre rosas y espinas”, con temas todos dedicados a la comunidad homosexual de Cuba, y que fue orquestado y producido por Juan Carlos González que había sido pianista y/o orquestador de la Charanga Habanera por muchos años. 

Tanto Danny como Juan Carlos me invitaron a escuchar los temas atrevidos de aquella producción que presentaron a las casas discográficas cubanas, y que ninguna aceptó, pues explícitamente relataban el dolor y el amor de aquellos que siendo iguales en sexo se aman. Después de algo más de una hora concluí que era una buena producción musical y que el nivel de “ofensas” era menor que el tema que años antes había escrito Pablo Milanés sobre el mismo asunto, con una diferencia fundamental: Pablo tenía y tiene todas las licencias poéticas para hacer su música, tanto que tenía su propia discográfica; mientras que Danny y Juan Carlos se atrevieron a poner a mover la cintura con tal asunto a todos los que escucharon aquellos temas, error del milenio. 

Si con ello no bastara en una presentación en la sala de fiesta Cecilia la orquesta de ambos se atrevió a tocar algunos de esos temas y ardieron Troya, Cayo Hueso y Miramar, a tal extremo que aquella fue la última vez que en se vio en un centro nocturno a este cantante que recurrió a la emigración, pues fue tildado de ya usted sabe cuántas cosas por un sinnúmero de fulanos. 

Aquel disco y aquella presentación me consta haberlos escuchado y vivido, al extremo que las reflejé en las páginas de la Revista Salsa Cubana que dirigía Amado Córdoba, en una columna que allí tenía. Para aquel entonces quien con el paso de los años me increpó públicamente se perdió el encanto de lo que antes he contado. 

De mis interrogantes he respondido al menos la mitad de las que me inquietaban. Sé que es género según mis maestros, y la música cubana se ha acercado al tema de “Genero” en los últimos cincuenta años. Quedan dos que me obligan a un ejercicio mayor de masacre de neuronas, como solía decir Helio Oróvio. 

Aplicar las definiciones del tema que hoy recorren tanto los medios masivos, como el habla de cuanto diletante, experto o erudito pulula por los corrillos de toda índole; me resulta complicado, pues confieso que no las entiendo, me ocurre con ellas lo mismo que con el asunto de la Postmodernidad, la cual en algún que otro momento se quiso aplicar a la música cubana. 

Ocurre que hará algunos años Jorge de Armas se atrevió a calificar la música de NG la Banda y de José Luis Cortes de postmoderna en una nota aparecida en las páginas de la Gaceta de Cuba, el Tosco, habituado a todo tipo de adulaciones y vilipendios por su osadía musical en un grupo de amigos preguntó que si esa postmodernidad se aplicaba igualmente a la gente que bailaba y pidió que le explicaran que era aquello. Ninguno de los presentes supo darle respuestas, mas él mismo la dio al decir que postmoderno en la música cubana eran “el tembleque y la Tropical”. Fin de la historia. 

En lo personal creo que el tema género no aplica a la música popular cubana habida cuenta que el día que Teresa no le saque brillo al piso; o que Catalina no se compre un guayo para que la yuca no se me pase; o que la mujer de Antonio deje de caminar así; o que la negra se oponga a que le monten la guagua por detrás; no sabremos qué hacer ni que bailar. 
Pero lo más importante: quienes escriben la música cubana, la popular, para nada aplican los conceptos o postulados del asunto Género; cuando la hacen; escriben y componen y orquestan lo que sienten como seres humanos; entonces podemos concluir que en Cuba no se hace música de Género, la etiqueta la ponen después los “entendidos” cuando buscan o necesitan un espacio y por complacencia o por no hacerle caso muchas veces los músicos y los compositores le aceptan, aunque muchas veces están en desacuerdo pero no tienen o los medios o las herramientas para quitarse tal chaleco. 

Si aplicamos el tema género desde su visión feminista entonces sería obligado condenar toda la música cubana hecha hasta el momento en que escribo estas líneas; si aplicamos esa definición tal y como me explicó una amiga ducha en esas lides se debe suprimir por decreto el bolero, que ha hecho de las mujeres el obscuro objeto de su deseo para bien o para mal; entonces qué seríamos sin Perfidia, sin los dolores de traición que cantaron Orlando Contreras y Orlando Vallejo; Juan Arrondo y su Camarera del amor que magistralmente cantó Benny Moré serían condenados y excomulgados.
Esta visión del género nos haría huérfanos de algo que amamos. Qué tal si el Género se cumpliera a cabalidad y se acusara a Manuel Corona de acoso sexual cuando nos habla de sus “ebúrneos senos”; y entonces qué tribunal ha de juzgar a Alberto Villalón por su Boda Negra. 

Pero junto al bolero habría que prohibir la guaracha y el son; creo que Ignacio Piñeiro y sus sones cumplirían cadena perpetua por aquello de “… no te quiero ni aún estando arrepentida…”; y que pensar de aquello de que “no la llores que fue la gran bandolera enterrador no la llores… “ (Celeste Mendoza sería una arpía para las defensoras de esta corriente)
La música cubana antes de que se hablara del tema de Género ya lo había abordado con fuerza inusitada y todos lo habían aprobado, el ejemplo más loable son las bellas canciones de María Teresa Vera Veinte años y He perdido contigo; la primera es el himno oficial con que identificamos a Omara Portuondo; la segunda está en el olvido pero apuesto que cualquier momento se pondrá nuevamente de moda; y es que con estos temas ella cantaba al amor de “esa” que había perdido. Hay otros nombres y otros ejemplos que por decoro y respeto a su grandeza me reservo. Entonces no se hablaba de Géneros y toda esa parafernalia. 

Y si de homo se trata ¿qué decir de los temas de Orlando de la Rosa y de Felo Vergara o de otros tantos…? ¿a qué viene tanto dolor con el tema y la música cubana?, pregunto a quien me increpa… 

Una sola cosa me preocupa y es dónde encajo yo en este vendaval sin rumbo del Género y todos los sones asociados… ¿habrá género hetero…? hasta el momento no se avizora respuesta al respecto y para colmo de bienes no clasificamos como diferentes; si es así entonces aquella ofensa de nuestros abuelos ganara en prestigio: ser un degenerado se convertirá en la bandera de los que nos mantenemos al margen de estas corrientes, tendencias o actitud ante la vida. 

Para hombre o mujer decente ser un de(s)generado era sinónimo de vergüenza en tiempos pretéritos; hoy, y parece que por algún tiempo, dará orgullo y prestigio; de ser así me suscribo a esa corriente y que un buen son nos acompañe.

 

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