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EL UNIVERSO INTELECTUAL MULTIPLICADO DE ATILIO CABALLERO

Fecha de publicación 08/01/2013

 
A su lista de lauros nacionales, el creador acaba de incluir el Premio Alejo Carpentier. Además, presenta tres volúmenes en esta Feria Internacional del Libro...
 
Atilio Caballero. (Fotos: Julio Martínez Molina)
Por: Julio Martínez Molina

El narrador, poeta, dramaturgo, ensayista, traductor e investigador cienfueguero Atilio Caballero es autor del delicioso Los delfines, uno de los 66 cuentos cubanos más sobresalientes del período revolucionario, según el criterio de Alberto Garrandés en su antología del género La ínsula fabulante. E igualmente ha sido compilado en volúmenes de poesía y narrativa de diversas naciones del universo hispanoparlante. Textos suyos son escogidos para revistas especializadas de Cuba, Estados Unidos, México, España e Italia.

Al autor de El arte escapatoria no le resultan extraños, antes bien cotidianos, reconocimientos de este tipo a la calidad de su tan vasta como diversa obra, ni tampoco lauros que la atestigüen, entre los cuales cualquiera persona informada recordará, entre otros, el Cirilo Villaverde de la UNEAC por su novela La última playa; el Pinos Nuevos de Narrativa merced a El azar y la cuerda; el Calendario de Poesía en virtud de La arena de las plazas; el José Antonio Ramos de Dramaturgia gracias a Marca de agua; o el Dador de Teatro por conducto de La casa de los fantasmas.

El creador de Naturaleza muerta con abejas suma a su ya notable foja de lauros nacionales e internacionales el más reciente de todos: el Premio Alejo Carpentier, en la categoría de Cuento.

-Rosso Lombardo es el título del volumen agasajado ¿Motivo de tal denominación y de qué va este?
 -Así, justo como el libro, intitulo a uno de sus diez cuentos. Alude a un tipo de tonalidad, de pigmentación poseída por las construcciones en la zona norteña italiana de Lombardía. Asemeja un color que recuerda el terracota vino. Casi todos los relatos hallan un denominador común que descubrí al azar -o sea que no fueron escritos, al menos de inicio, con ese propósito o sentido-, y es que son cuentos que de alguna manera se remiten al viaje, al desplazamiento del ser humano en dimensiones geográficas distintas: visto dicho desplazamiento además como el realizado hacia el interior.
 

Atilio, a la izquierda, junto a Marcial Gala, el otro Premio Alejo Carpentier de la historia literaria cienfueguera, a la derecha. En el centro, Orlando García Martínez, presidente de la UNEAC en la provincia
 “Aunque algunos transcurran en Cuba, guardan relación con mi estancia en Italia, lo cual les propende a abordar el cuestionamiento de la identidad, ¿qué es esta? ¿Por qué pertenece uno a determinado lugar? ¿Será cierto que la identidad, según algunos teóricos contemporáneos, se difumina en tanto el hombre es un ser circunstancial y responde al lugar donde esté y no a donde haya nacido?, en fin…, se preguntan, de cierto modo, todos los relatos. Así, pues, portan ese hilo comunicante muy sutil de la búsqueda de la respuesta a la razón de la identidad y el motivo del viaje cual detonador de dicha interrogante, salvo acaso dos de ellos.”

 -En uno de los tres volúmenes que presentarás en la inminente Feria Internacional del Libro traduces a un gran creador italiano como Eugenio Montale. Antes lo hiciste con Claudio Magris y Giorgio Caproni. Refiérete tanto a ese texto como a los otros dos, a ver la luz bajo los sellos de Letras Cubanas y Reina del Mar Editores
 “Lo primero: me gusta traducir. El primero por ti mencionado es un texto de traducciones a difundir por Ediciones Holguín, Colección Ático, y se trata de Cuaderno de cuatro años, el último libro  de Eugenio Montale (1896-1981), gran poeta italiano Premio Nobel en 1975, quien desafortunadamente no se conoce muy bien, ni en Cuba ni en el ámbito hispanoamericano, donde en honor a la verdad existe bastante distanciamiento de la gran literatura italiana, sobre todo de la poesía más contemporánea de mediados y finales del siglo XX. Te hablo de esta por cercanía y dominio -además, está llena de grandes autores-, si bien lo mismo ocurre con otras; por eso sería muy bueno que diferentes personas hicieran lo mismo con estas otras literaturas.
 
Cuarteto (Editorial Letras Cubanas), el otro de los libros, recoge cuatro obras de teatro. Los editores de esa casa y yo hemos trabajado mucho con este material, porque es un texto que inaugura una colección de volúmenes oscilantes entre teatro y literatura. Incluye uno, el más clásicamente teatral por clasificarlo de alguna manera (conserva la unidad de acción, espacio, tiempo; las estructuras con crisis, conflicto…)  titulado Marca de agua. Fue en su origen un espectáculo montado junto a Teatro de los Elementos hará unos quince años, basado en la investigación acometida en el lago de Siguanea en torno al destino de ese pueblo sumergido. Resultó algo muy intenso para nosotros (hablo así porque aún me siento parte de dicho colectivo). Siempre tuve una deuda con los actores y su director, José Oriol González, de que debía ser publicado puesto que no fue un texto escrito ex profeso para ser montado sino una investigación propia y de las improvisaciones elaboradas sobre la base de los elementos encontrados se estructuró tal pieza. Caso contrario a Marca de agua, La alegría de los peces y Crisálida Noctis, otros de los materiales contemplados en Cuarteto, observan líneas mucho más difusas entre ambos universos; lo literario y lo dramatúrgico desdibujan fronteras.

“Por su lado, Díptico (Reina del Mar Editores), el tercero de los libros a presentarse, contiene otras dos obras teatrales: Ten mi nombre como un sueño y Niebla del riachuelo.”

-El año anterior Marcial Gala obtuvo el “Alejo Carpentier” en Novela; ahora tú en Cuento. ¿Mera casualidad o algo grande se está moviendo en Cienfuegos en materia literaria?

“Reflexioné sobre eso justamente hace bien poco. Si te soy sincero, estimo que lo último no. En virtud de ambas distinciones al hilo, alguien podría colegir el presunto reflejo de un movimiento literario en Cienfuegos. Mas yo no lo creo. A excepción de cuanto a mi juicio constituye lo más interesante acaecido en la literatura local ahora (lo escrito por mujeres jóvenes como Laura Conyedo, Kryster Álvarez, Eylin Lombard) no aprecio la existencia de una especie de ‘movimiento’ importante; mucho menos en la narrativa. Los dos lauros consecutivos no son sinónimo de ningún ‘despertar’ o algo parecido.

“Ha sido tan solo una feliz coincidencia que Marcial y yo ganásemos estos premios en 2011 y 2012. Lo que sí podría traducir, en fin de cuentas, es un reconocimiento a los dos escritores del territorio  de los cuales más se habla en consonancia con nuestra representación a nivel editorial en el país, a quienes llevamos más años aquí escribiendo con mayor rigor… Al margen de Alejandro Cernuda, no veo muchos exponentes importantes que pudiesen granjearse espaldarazos de este tipo. Ojalá me equivoque, pero es mi manera de ver el panorama.”

Intelectual de formación integral, pocas veces tan apropiado el término, a sus 53 años, Atilio no ha desperdiciado ni un minuto del calendario. Cuando el segundo día del año intentamos contactarlo para la entrevista, la hermana respondió que el 1 de enero había partido en la noche rumbo a la antigua Central Electronuclear, sede de Teatro de la Fortaleza, cuyo colectivo dirige hace una década y con el cual comenzará a trabajar esa misma semana en un nuevo montaje. Ahora traduce a otro notable escritor italiano. No cesa de escribir, ficción y no-ficción. De no viajar el interesado en contactarlo al mencionado sitio, solo se lo topará en la sala de navegación de la UNEAC cienfueguera, adonde viene a revisar sus correos desde aquel lugar ultramarino, desde donde se desplaza en barco o en ómnibus. Sin dudas, no posee el dinero de Ken Follett, pero no creo llegue nunca un momento cuando decida abandonar el acto de escribir, a la manera del anciano Philip Roth. Hay imágenes que el firmante no logra reproducir en su mente, por acaso imposibles. Un de ellas es la de este señor en estado de inactividad. La naturaleza casi nunca se traiciona a sí misma.

 

 

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