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AQUELLA OFENSIVA (TERCERA PARTE Y FINAL)

Fecha de publicación 14/04/2010

 
Las pequeñas y medianas empresas y el trabajo privado individual son necesarios en la Cuba actual, a pesar de que algunos ven estos resortes como capitalistas...

Las pequeñas y medianas empresas y el trabajo privado individual son necesarios en la Cuba actual, a pesar de que algunos ven estos resortes como capitalistas, porque pueden explotar en algún grado, trabajo ajeno. Pero tienen una insalvable justificación de existencia: son imprescindibles para el socialismo cubano, que apenas está en construcción y al que hay que redefinir en muchos aspectos. Digo, si el socialismo cubano aspira, como ha dicho el presidente Raúl Castro, a mantenerse de sí y a gastar lo que verdaderamente produce. Al fin y al cabo, es cumplir aspiraciones centrales de nuestros próceres y de nuestra historia. Cuando, en las primeras décadas del siglo XX Rubén Martínez Villena pedía “una carga para matar bribones”, era también


para que la República se mantenga de sí
para cumplir el sueño de mármol de Martí.

El general presidente lo ha dicho de modo terminante:

Sin una economía sólida y dinámica, sin eliminar gastos superfluos y el derroche, no se podría avanzar en la elevación del nivel de vida de la población, ni será posible mantener y mejorar los elevados niveles alcanzados en la educación y la salud que gratuitamente se garantizan a todos los ciudadanos.

Creo que ahora se requiere casi una discusión filosófica, porque los enemigos de las ideas que desarrollo aquí, quieren convertir este asunto en una cuestión principista. Aceptar ese retorno de formas de producción “no socialistas” sería ceder en los principios ante el capitalismo, piensan los que se oponen a la restauración de la mediana y la pequeña empresas privadas. Vamos a discutir ese punto. 

El profesor portugués Buenaventura de Souza Santos (Coimbra, 1940), ha sido editado recientemente en Cuba, a raíz de haber obtenido en el pasado año 2006, el Premio de Ensayo “Ezequiel Martínez Estrada”, que concede Casa de las Américas. Su ensayo se titula La universidad del siglo XXI. Pero este acercamiento a la pedagogía y las teorías de la enseñanza, es apenas una faceta en el trabajo de este hombre, auténtico pilar intelectual de la izquierda, con una vasta obra traducida a varios idiomas, sobre epistemología, teoría del derecho, movimientos sociales, y que es uno de los animadores del foro social de Porto Alegre. 

Dice el profesor de Souza Santos que una sociedad socialista no es aquella donde todas la relaciones que existen son socialistas sino donde las relaciones socialistas hegemonizan a las demás y las hacen trabajar en la dirección de sus objetivos. ¿Era socialista Cuba entre 1961 y 1968, donde subsistían formas de propiedad privada? Yo diría que sí, e incluso me atrevería a decir que era más socialista que la sociedad cubana actual. No tenía males que sólo aparecieron o se recrudecieron intensamente después del paso en falso que fue la Ofensiva de marzo de 1968.

¿Puede un sistema valerse de mecanismos que no son autóctonamente suyos para avanzar? Creo que sí, definitivamente, como asegura el profesor de Souza. 

Sus enemigos de extrema derecha acusan a Barack Obama de impulsar una medida socialista, el referirse a la ley de salud promovida por el mandatario y, aunque con modificaciones, recientemente aprobada por el congreso norteamericano. Y tienen razón. 

Esa idea de dar cobertura de salud gratuita a todos los sectores de la población, con independencia de su status económico, es una medida socialista que, sin embargo, no transformará la sociedad capitalista que son los Estados Unidos de América, pero que responde a reclamos que el capitalismo no puede resolver, y que contribuye a la estabilidad del sistema capitalista que es el hegemónico allí. 

Hay quienes afirman que, si por ejemplo, tenemos ciudadanos económicamente independientes (y esa independencia siempre sería relativa), no se verían obligados a asistir a un acto convocado por el estado revolucionario, pero a mí me parece que la Plaza de la Revolución se abarrotaba cuando teníamos trabajadores independientes que, por qué no, pueden y deben ser aliados de nuestra Revolución. 

El presidente Raúl Castro lo dijo en el reciente congreso de la UJC:
La unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina.

Aspiremos a la presencia en la Plaza de los que lo hagan sinceramente (son la clara mayoría) y convenzamos a los que creamos que debemos y podemos convencer. Creo, además, que si el conjunto de la sociedad empieza a mejorar, ello contribuirá al mejoramiento de la perspectiva ideológica y política de los cubanos. 

Si esas plantillas infladas comienzan a desinflarse como la economía lo demanda, para que el dinero circulante de los salarios existentes corresponda a los bienes creados en la producción y los servicios, habrá que darle otras posibilidades a esos trabajadores que tendrían que salir de las nóminas del estado. No todos querrían o podrían aceptar las opciones prioritarias que, en las circunstancias actuales, el estado está en condiciones de ofrecer: construcción, agricultura, enseñanza, policía.
Estas nuevas empresas empezarían a ser una alternativa laboral, a cuyos empleos podrían aspirar muchos cubanos. 

Obviamente, en el año 2010 es imposible reconstruir lo desmantelado en 1968. 

Seguramente ha muerto un importante número entre los que eran entonces medianos y pequeños empresarios o simples trabajadores particulares. Quién sabe cuantos abandonaron el país y cuántos se vieron obligados a encauzar sus vidas de otra manera. Siempre no se puede volver a empezar. 

La posibilidad que tenemos no es la de restaurar, porque seguramente, a una buena porción de los que entonces vieron esfumarse sus empresas o talleres, si estuvieran en condición de recibir la oferta, es seguro que les parecería por lo menos irónica.
La posibilidad, ahora, es la de construir. 

No descarto ninguna posibilidad a la hora de materializar el proyecto, pero no me gustaría que en ello estuviera en primer plano el dinero aportado por emigrantes, que acaso serían los que más cómodamente estarían en condiciones de colaborar, a través de sus familiares, al establecimiento de estas empresas. No sé tampoco que papel podría desempeñar la inversión extranjera en negocios que trabajarían únicamente con la moneda que gana y gasta el cubano de a pie. Recuerdo, sin embargo, que ETECSA es una empresa mixta que brinda servicios en moneda nacional. 

Deben estudiarse todas las propuestas, pero el modo que me parece más justo y que resulta más en concordancia con nuestra historia y nuestra realidad, es la creación de cooperativas nucleadas en torno a una actividad determinada – mecánica, barbería, peluquería y salones de estética, podólogos, cerrajeros, plomeros, electricistas, carpinteros, etc --- que pudieran convertirse, a corto plazo, en las bases de empresas medianas y pequeñas, a las que habría que ayudar en su despegue hasta que puedan desarrollarse autónomamente y empezar entonces a aportar dividendos a la sociedad en forma de impuestos sobre ingresos, nunca de patentes que se pagan sin que existan ganancias. Esos mecanismos son saboteadores del trabajo por cuenta propia: ya se han probado y han fracasado. 

La cooperativa debe llevar una seria contabilidad de gastos e ingresos y pagar sus impuestos con arreglo a las ganancias. Se trata de un impuesto sobre ingresos y no de una cómoda patente que la ONAT establece para ahorrarse el trabajo de calcular efectivamente las cifras de ingreso sobre las que debe cobrarse el impuesto. 

En su etapa inicial, el primer objetivo es el resurgir de estas formas de producción y no crearle de entrada obstáculos que más bien, pareciera que pretenden conseguir su fracaso. Hay que darles confianza en que se necesita de su existencia y no que se las alienta hoy para hacerlas desaparecer a la menor oportunidad. 

Acaso nuestra dirigencia piense que, hoy por hoy, el estado cubano no maneja la liquidez suficiente para ayudar a echar adelante estos proyectos. Yo creo que hay que confiar en la probada diligencia del cubano para llevar adelante una empresa que de veras le importe. Esa sería una condición de la que jamás podrían prescindir estos proyectos. Por otra parte, no todas estas cooperativas tendrían que empezar simultáneamente. Pero las que puedan hacerlo, debían comenzar a organizarse lo antes posible. 

Habría que privatizar gradualmente el comercio minorista, hasta que los detallistas posean los comercios que regentean, mantengan los establecimientos y contribuyan asimismo, a partir de sus ganancias, a colaborar con el incremento del presupuesto estatal, el presupuesto de todos. 

Como organizar estos procesos, debe quedar en manos de nuestros economistas. 

Amigos, compañeros: en estas sucesivas monsergas me he sacado del pecho, a lo peor inútilmente, algo que tenía atravesado en él desde hace cuánto tiempo. Le agradezco a mi hermano Silvio Rodríguez, que me ayudó con el puñado de estupendas canciones de Segunda cita. Por ello, no se me ocurre terminar esta serie, sino con unos hermosos versos de ese disco, que acaso expresen lo que los revolucionarios de mi generación seguimos siendo, más de cuarenta años después:

Seguimos aspirantes de lo mismo
que todo niño quiere atesorar:
una mano apretada en el abismo,
la vida como único extremismo
y una pequeña luz para soñar.

Guillermo Rodríguez Rivera.