Blanco y negro ¡No!: un clásico del audiovisual cubano

Blanco y negro ¡No!: un clásico del audiovisual cubano

  • Esa teleserie se caracteriza, básicamente, por una buena selección y dirección de actores y actrices. Foto tomada de Internet
    Esa teleserie se caracteriza, básicamente, por una buena selección y dirección de actores y actrices. Foto tomada de Internet

Blanco y negro ¡No!, es el título de la teleserie que, con carácter de reposición, se transmite, de lunes a viernes, en horario estelar, por el canal Cubavisión Internacional, en el espacio dedicado a los dramatizados.

La dirección es del realizador Charlie Medina, el guión del escritor José Víctor Herrera, y está inspirada en la novela Anatol y Desiré, de la laureada escritora austríaca Christine Nöstlinger, Premio Andersen por el conjunto de su obra literaria, que le fuera conferido en 1984.

Dicho audiovisual está dirigido, en lo fundamental, a los adultos, y por supuesto, a los adolescentes y jóvenes que viven, aman, estudian y sueñan en la mayor isla de las Antillas.

Esa teleserie se caracteriza, básicamente, por una buena selección y dirección de actores y actrices, impecable factura estético-artística, excelente fotografía, adecuadas escenografía y puesta en escena, así como una bien escogida banda sonora.

Todos esos factores técnico-artísticos conspiran para que el telespectador pueda apreciar los problemas de carácter universal que afrontan las familias, los escolares en los planteles educacionales y en las comunidades, donde adolescentes, jóvenes y adultos desenvuelven sus actividades cotidianas.    

El nivel de actuación que identifica a los artistas, tanto noveles como consagrados/as, no tiene nada que envidiarles a otros materiales audiovisuales contemporáneos que tratan diferentes problemas sociales, a escala global.

Desde el surgimiento mismo de la sociedad humana, ha habido buenos y malos maestros, padres o abuelos capaces de navegar con los adolescentes y jóvenes en ese río turbulento con que podríamos comparar la existencia terrenal, mientras que otros pretenden establecer la relación afectivo-espiritual, tan necesaria en ese ciclo vital, a través de estímulos materiales o actitudes signadas por la falsa creencia de considerarse seres superiores por el estatus socio-económico que han alcanzado.   

La abismal falta de comunicación emocional entre Adriana (Laura de la Uz) y los progenitores (Carlos Alberto Casanova y Coralita Veloz) se evidencia a través de uno los personajes clave en la teleserie: el gato que acaricia a la adolescente, lastimada en lo más íntimo de su ser por las constantes peleas entre mamá y papá durante todo el tiempo que permanecen juntos.

Adriana encuentra afecto en su adorable mascota y en su abuelo materno (Raúl Eguren), en cuya casa decide ir a vivir, ya que, en el seno del hogar —que tiene todo el confort posible, no obstante encontrarse el país en la etapa más aguda del Período Especial (1994) — ese sentimiento está ausente o, sencillamente, no se exterioriza.

Blanco y negro ¡No! coloca sobre el tapete de la Cuba de los años noventa del pasado siglo XX, una ardiente polémica acerca de la génesis de la pérdida gradual y paulatina de valores; pérdida que, según mi apreciación muy personal, ya venía dibujándose en el espectro social caribeño desde antes de esa época histórica.

Por un lado, evidencia el fuerte impacto que las contiendas cotidianas de una familia  disfuncional ocasionan en los dos hijos adolescentes; y por el otro, pone a prueba el valor de la solidaridad humana, que aún se mantiene vigente…, a pesar de todos los pesares, mientras que, por el otro, describe el daño que —en la esfera cognitivo-afectivo-espiritual— ocasiona en adolescentes y jóvenes un centro escolar, donde prevalecen normas rígidas, se atiende poco o nada las individualidades y se enseña a repetir como papagayos, más que a pensar por sí mismos, tal y como convocara a sus discípulos el venerable padre Félix Varela y Morales (1788-1853) desde las aulas del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, claustro materno de ética, conciencia, cultura, patriotismo y espiritualidad.

Si dos décadas después, la primerísima actriz Alina Rodríguez (1951-2015) tuvo el inmenso privilegio de desempeñar el papel protagónico en el multipremiado filme Conducta,  donde le prestara piel y alma a la maestra Carmela, el carismático actor Héctor Noas es el maestro ejemplar, que enseña a los estudiantes a amar la historia universal (incluida la nuestra, con luces que la engrandecen y sombras que la opacan), y no a memorizar hechos acaecidos en épocas pretéritas. Y, además, a descubrir —a través del ejemplo vivo— los valores éticos, patrióticos, humanos y espirituales en que se estructura la nación cubana.

El avezado artista desempeña el papel de ese profesor ideal al que todos aspiramos. Un educador alejado, años luz, de los esquemas absurdos e incomprensibles impuestos por los dogmas que vienen de las oficinas de los burócratas, quienes solo vieron un aula cuando eran estudiantes y si —por casualidad— son pedagogos cuando hicieron su práctica docente en las escuelas primarias, secundarias o de nivel medio superior.

Con los recursos psicopedagógicos a su alcance, y con vocación natural hacia el ejercicio del magisterio, Noas cae en la cuenta de que cada niño o adolescente requiere una atención individualizada y una especial comprensión para lograr que, en un futuro, sea un hombre o una mujer útil a la sociedad, a la familia y a sí mismo.

En mi opinión, no creo que haya tantos audiovisuales en la pequeña pantalla insular que reflejen —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— los conflictos de esa etapa vital, caracterizada —entre otras cosas— por la consolidación de la personalidad de los adolescentes y jóvenes y el despertar de la libido (deseo sexual), dirigida hacia personas del sexo opuesto o del mismo sexo, en dependencia de la orientación (hetero, homo o bi), que decidan darle a su comportamiento psicosexual.     

Por último, no puede negarse u ocultarse, en modo alguno, que se ha producido un lamentable deterioro en las condiciones sociales y un incremento negativo de los problemas que afrontan los adolescentes y jóvenes. Y esa teleserie, precisamente, recoge la esencia de ese deterioro y el complejo engranaje en que descansan los actuales problemas que existen entre padres-hijos-maestros-escuela. (1)

Finalizo con un llamamiento urgente a los realizadores audiovisuales para que continúen creando teleseries de ese corte y las sigan llevando a la pantalla chica, para que los telereceptores disfruten de medulares actuaciones, personajes bien elaborados desde la vertiente psicológico-espiritual, historias bien hilvanadas y narradas, e inmejorable calidad en la realización.

Notas

(1) Jesús Dueñas Becerra. Belkis Rojas Redonet: la Sociología es la ciencia que molesta. Disponible en: www.uneac.org.cu (Noticias) (entrevista a la doctora Belkis Rojas Redonet, escritora y profesora universitaria).