Canciones antihomofóbicas: el camino del arte

Canciones antihomofóbicas: el camino del arte

  • Avanzando el siglo XXI el vídeo de la canción Ser de sol de Descemer Bueno y Buena Fe. Foto tomada de Portal del Video Clip Cubano
    Avanzando el siglo XXI el vídeo de la canción Ser de sol de Descemer Bueno y Buena Fe. Foto tomada de Portal del Video Clip Cubano

A principios del 2017, se convocó un debate en nuestra Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) que explicitaba incluir la homofobia o no en la música popular cubana (¿qué es “popular”?). No fui: otros deberes me absorbían, y la siento desdecir de su arte por sexismo y por tanto, daños sin contar la vulgaridad siempre gratuita, arrogancia y otras subvaloraciones, en nuestra cultura, salvo muy loables y escasas obras; he escrito otras veces al respecto y en cierta ocasión me vi obligado a lacerar en este mismo portal de la UNEAC a un infelicísimo ejemplo que amenazaba con repetirse, lo que afortunadamente, sea por el impacto de la crítica, alguna visión más atinada en otro nivel o lo que fuera, no he oído que repitieran.

Por fortuna, lo que propicia ahora estas líneas es todo lo contrario: al finalizar Mediodía en Tv el jueves 30 de noviembre, la despedida musical la entonaba una apasionada cantante acompañada por un guitarrista, cuya letra me fue cautivando hasta extraerme de mis faenas del momento: el “amanerado”, el padre machista Don Miguel que quería un hijo varón que fuera pelotero pero él quería ser peluquero, hostigado y acomplejado por la sociedad y en el colegio.

Una de nuestras mejores agrupaciones musicales, Arnaldo y su talismán, había interpretado en otro espacio televisual de los preferidos por nuestro pueblo (es un acierto que sean los que se escojan para tales presentaciones: Entre amigos), la historia de Manuel, que ahora es Diana. No la he vuelto a escuchar por ninguna vía, y este es uno de los problemas principales que deben sortear quienes se afanan en tales necesidades pero queda el triste sabor de “metas cumplidas”, y no lo digo ahora por los artistas sino por quienes deben promoverlos, tal vez con más afán de “caer bien” al pueblo, que al subvalorarlo, degeneran populismo: no faltarán quienes se molesten por esas canciones, y que por eso mismo urgen de tales medicinas; pero también muchos lo agradecerán, y no solamente personas de “las otras” opciones sexuales; todas son “otras” opciones: la heterosexualidad también, incluso la supuestamente más absoluta, que pretende contradecir uno de los grandes aportes de Einstein: la relatividad. Muchos heterosexuales también lo agradecerán: basta con tener un poco de valor humano, respeto y sentido común.

En la historia de las luchas por la justicia social (como es la que nos compete) siempre la vanguardia artística ha sabido enarbolar cada bandera, y es casi una ley que en ese camino de construir un arte por el mejoramiento humano (una de sus funciones más sublimes y urgentes) a menudo el arte quede en un segundo plano, y es la senda peligrosa a los panfletos, cuyo resultado suele ser el contrario del deseado. Por eso es tan importante elevar el arte en estas obras a las que sin la menor duda, en todos (o casi todos) los casos, hemos de aplaudir ante todo, por la valentía de tales temas en la época actual en que la pandemia homofóbica sigue siendo virulenta y atrozmente destructiva; por eso son tan importantes estas canciones, y más en y contra un medio que ha incentivado durante siglos el anti-valor homofóbico, el medio en que esos mismos artistas viven, conviven y pese a ello, y contra ello, se rebelan.

Bienvenidos sean, por tanto; y no está de más recordar que solo el arte, el que sabe captar el interés del público aún en contra, es el que puede hacer triunfar verdaderamente tan justas demandas; recuérdese la pareja femenina en la tan temprana telenovela brasileña Vale todo, hace ya unos 30 años: casi todos las apoyaban. No mucho después, en Cuba grandes artistas como Pedro Luis Ferrer (Delirio de amar varones) y Pablito Milanés (Pecado original) marcaron un hito para canciones que en estas mismas luchas, son arte y feliz tradición.

Ello no invita en lo absoluto al esnobismo de “querer” ser más artista que nadie; las recientes canciones que mencioné al inicio tienen el tremendo mérito (que requiere todo arte) de la autenticidad: dicen muy claro, clarito, en español del más popular que no hay quien no entienda, lo que quieren decir: riesgo de más para el rechazo de los enfermos de homofobia, que solo así aprenderán a ver y celebrar la vida en toda la riqueza que es su diversidad. Bienvenido el riesgo.

También lo lograron Vale todo, Pablito y Ferrer antaño; igual lo demostró avanzando el siglo XXI el vídeo de la canción Ser de sol de Descemer Bueno y Buena Fe, con los indiscutibles valores líricos que les identifican pero, quizás por eso mismo, muchos no entendieron hasta entonces sus imágenes de la luna: al percibirlo en el vídeo, de no menos arte, el precio homofóbico fue el despectivo nombre: “el video de las tortilleras”. Es la venganza de los más reaccionarios contra los que hacen avanzar el mundo. Y claro que la solución no es detener el progreso, sino todo lo contrario: incentivar cada vez más, mejores y más explicitas canciones (y en todas las artes) contra esta, y contra toda subvaloración, que tanto nos denigra a toda la Humanidad.