Deudas: los temibles ojos del pescado. Expertos y otros invitados en pantalla

Deudas: los temibles ojos del pescado. Expertos y otros invitados en pantalla

  • Programa Deudas
    Programa Deudas

Desde que oí por primera vez sobre este programa, percibí que asumían uno de los temas más espinosos: la migración; y confié que no le cogieran miedo a los ojos del pescado que estaban comprando, como dice la cultura popular. Ya es un programa crecido que lamentablemente, como suele suceder por las tantas faenas que nos absorben, no he podido seguir completo, como hubiera querido. Sí recuerdo a su directora, guionista y otros del equipo en Mediodía en Tv en octubre del 2015, explicando acerca de la visión antropológica que persiguen. Entre los propósitos planteados es realizar viajes a otras ciudades a ver qué hacen, y espero que no solo a ciudades, aunque son las de mucho mayor atractivo inmigrante, según regiones. No obstante también se migra entre áreas no urbanas, entre aquellas ciudades y de las capitales (La Habana, aunque no solo) a otras ciudades “menos atractivas” y entre ellos mismos, y de unos barrios a otros de la misma ciudad, región, y entre países: cubanos en el extranjero, y los tantos no cubanos en las diversas regiones de Cuba.

Es muy complejo, y no es posible aspirar a tanto; basta que continúe sin temer a los ojos del pescado, porque es un tema difícil pero urgente, a incentivar también una mejor cultura afectiva, ya que en esta esfera es que se mueven los disímiles y también complejos sentimientos de pertenencia, tan emotivos y a menudo, tan permeados de clisés, engaños y auto-engaños: quedar bien por “lo establecido”, limitaciones humanas, porque es muy bueno el amor por dónde llegamos al mundo (a menudo no más que llegamos) que a veces extendemos a donde nos criamos y por fortuna, muchos extienden a aquellos donde han sido acogidos, sea La Habana u otras ciudades o incluso, países; en lo personal, extiendo a todos los lugares que he visitado, porque el amor se multiplica cuando se expande, y agudiza mi ojo antropológico.

Hay programas de entrevistas, y otros con entrevistas; este es de los primeros, en que los entrevistados constituyen el objeto (dicho en su mejor sentido, incluso creativo y diverso) del programa, con todo lo polémico, difícil y hasta peligroso que puede ser la gran diversidad de sujetos que existen, sobre todo quienes creen que aman más si desprecian al resto, sin la virtud de agradecer a donde son acogidos, muchas veces por clisé pero desdice de ellos. Los “seudo-patrioteros” de terruño, como una pareja de amantes excluyentes, le juran regresar… tras morir; parte del lógico temor que si a este programa le asaltó alguna vez, por suerte, no le ha detenido.

En otros programas, los invitados no son objeto sino sujeto de estudio; son los expertos en aspectos que son ahora el objeto del programa: historia, sicología, antropología, ciencias médicas, atención a las restantes especies y un vasto etcétera. Pueden ser programas en vivo, que son los más temidos por quienes gustan controlar y en efecto, hay mayor seguridad de lo que se exhibirá al público. Recuerdo aquel que invité a la radio en vivo y ante el micrófono perdió el habla: no respondía más que con ligeros gruñidos, que tuve que incorporar para aparentar una conversación normal; y aquel pintor, que con lo que tomó para calmarse los nervios, le dio un ataque en plena entrevista y hubo que entrar música para sacarlo al baño a lavarle la cara y zarandearlo para al menos, lograr una despedida digna. Pero los programas en vivo han llenado épocas de oro y se enriquecen por la interacción con el público; y por supuesto, a la polémica solo pueden temer los dogmáticos, opuestos al desarrollo.

Los programas grabados no están exentos de dificultades, sobre todo cuando los entrevistadores, que rara vez saben actuar, evidencian con la expresión de sus rostros que no están en la conversación y muestran la falsedad del montaje. Se pueden dar el lujo de interrumpir por algo que no está saliendo bien, pero cuando ya sobre todo el entrevistado, experto en otros temas pero no en hablar al gran público (lo cual es un arte en sí mismo) han llevado minutos de conversación, repetir es un sobre-esfuerzo que no vuelve a salir igual; puede salir peor, o mejor, o lo más posible: unas partes mejor y otras peor. Y a veces al retransmitirlo, hay imágenes que se congelan.

En un Congreso Nacional, un historiador se quejaba de que en los programas históricos, lo importante era el historiador, que el medio irrespetaba; y la representante de la televisión enfatizaba que lo importante era el medio. Pero no habría programa sin uno de los dos: ambos son importantes, y otro arte es conciliarlos felizmente. El equipo debe saber que los invitados casi nunca son profesionales de los medios, aunque algunos pueden profesionalizarse por asiduos, al menos con oficio,y talento aparte, y ser “parte y parte”; pero al menos evitar tensarlos de más; es otro argumento para entender las mediáticas como artes colectivas e integrales, a resolver con una antropología del arte.