Dos supuestas comedias: decepción ante buenas películas

Dos supuestas comedias: decepción ante buenas películas

  • Estoy a favor de las clasificaciones, clasificarlas puede llegar a tener su dosis artística también, pero siempre y cuando no devengan camisas de fuerza y sobre todo, se sustenten sobre criterios más científicos. Foto tomada de internet
    Estoy a favor de las clasificaciones, clasificarlas puede llegar a tener su dosis artística también, pero siempre y cuando no devengan camisas de fuerza y sobre todo, se sustenten sobre criterios más científicos. Foto tomada de internet

La tarde del viernes 10 de noviembre, me detuve ante mi televisor al ver anunciada una comedia: That´s what I´m (Eso es lo que soy). Interpretada por Ed Harris (con el rigor actoral al que nos tiene acostumbrados), se trataba de un brillante profesor de los que esgrimen en todo momento la educación de valores en sus estudiantes y por ello mismo, los abusadores (en Cuba ahora le estamos llamando “bulling”, cuando tiene su nombre en castellano y es una tristísima tradición a erradicar completamente, dada no solo en las escuelas) a los que intenta re-educar, le inventan una supuesta homosexualidad que no era su caso, pero sobre la cual, y como un método más de educación, no considera que tenga que disculparse, como exigían las familias de sus difamadores, tan insanas como ellos, pues en definitiva son quienes los han mal educado así. Transcurrían los años ´60 y ´70, difíciles para tales acusaciones según contextos, y suerte tuvo el profesor que lo apoyó la directora aún presionada por esa comunidad enferma de intolerancia, y sobre todo, por el respeto y admiración que supo ganar entre la mayoría de sus estudiantes, y que tuvieron la osadía de expresárselo al despedirlo. Sí, fue afortunado… lamentablemente, cuando el mal triunfa, suele ser porque muchos que lo identifican, aun siendo mayoría, temen ser mal vistos o complicarse si lo enfrentan.

Pude entregarme a este filme, entrega tan necesaria como retroalimentación y disfrute personal que nos ayuda luego a trabajar y vivir mejor y más plenos… pero, ¿cuál era la parte de la comedia anunciada?

En La séptima puerta, poco antes habían anunciado otra comedia: Perra salchicha. La primera parte la pude grabar, incluidos los comentarios de Rolando Pérez Betancourt, siempre de interés en mi hogar y con quienes convivo y comparto; entonces la vi ya empezada: la perra pasa de un contexto familiar a otro que la van acogiendo por disímiles motivos y en muy diferentes situaciones, lo que sirve como pretexto para irnos mostrando las más enrevesadas complejidades del alma humana, en todos y cada uno de aquellos con quienes le tocó funcionar de mascota; eran situaciones tan terribles que la perra escapó en más de una ocasión, hasta que fue aplastada en la carretera. Me quedé muy preocupado si es que era mi sentido del humor el que se había atrofiado, o simplificado demasiado; sé que no faltan especialistas (más supuestos que reales, pero también… teoría de la relatividad) que justifican lo injustificable, en todos los aspectos y momentos de la vida; sin embargo, con toda la confianza que me inspira Pérez Betancourt mucho me alegré de haber grabado su valoración previa para rectificarme, si fuera preciso; justa, motivadora, escudriñando como otras veces en la esencia misma… pero en ningún momento la definió como comedia. En ningún momento.

Ya otras veces me he detenido a alertar de la tremenda responsabilidad social que es la promoción, más si de medios de difusión masiva se trata; y ello implica, si se va a clasificar la película, que no la desvirtúe, que no cree falsas expectativas. Otras veces lo he dicho: estoy a favor de las clasificaciones, necesarias y hasta con cierto encanto, clasificarlas puede llegar a tener su dosis artística también, pero siempre y cuando no devengan camisas de fuerza y sobre todo, se sustenten sobre criterios más científicos… y si es mucho pedir, que al menos no traicionen a la obra en sí. En ambos casos logré disfrutar ambas películas como merecían; pero en ambos casos quedé con cierto sabor a decepción, pues la promoción prejuicia y no necesariamente para mal: puede (y debe) prejuiciar para bien, una invitación a los amantes, por ejemplo, de las comedias, entre los que me encuentro porque las buenas, exigen de mayor rigor e ingenio que muchas obras trágicas (por no abusar del adjetivo “dramáticas”, pues todas parten de algún drama) y de cuyos buenos ejemplos, también soy amante. Pero, ¿por qué anunciar una cosa por otra? Eso sabe a engaño, a timo… y más, a desidia o ignorancia de sus responsables. Y desacredita próximas promociones; se pierde la fe en la publicidad.

Otra noche de viernes poco después sucedió algo similar cuando en el espacio Cinemaindio, y conservándole este nombre, pusieron la película estadounidense El niño y el fugitivo. Sin desdorar las excepciones (que algunas he visto, y muy buenas) y los valores coreográficos y danzarios y la belleza sensual de sus intérpretes de ambos sexos, no son películas que me atrapen más allá, porque las siento repetirse y muchas veces, simplistas (no simples… lo simple o sencillo es un valor encomiable). Me extrañó que se anunciaba en el Mississippi… vencí el prejuicio negativo y disfruté de otra gran película, que nada tenía que ver con el grueso que conforma el Cinemaindio.