La Danza Eterna evoca la memoria de Margarita de Sáa

La Danza Eterna evoca la memoria de Margarita de Sáa

  • Recuerdan a Margarita de Sáa
    Recuerdan a Margarita de Sáa

Honor a quien honor merece

José Martí

 

La Danza Eterna, con guión, conducción y dirección del crítico y periodista Ahmed Piñeiro, evocó la memoria de la bailarina, maître y pedagoga  Margarita de Sáa (1941-2017), recientemente fallecida en la vecina nación norteña.

Ese espacio semanal, que sale al aire por el Canal Educativo, está dedicado a emblemáticas compañías cubanas, así como a eminentes personalidades de esa manifestación artística. Agrupaciones, bailarines y coreógrafos que han alcanzado sólido prestigio a escala mundial.

Entre las primeras, podríamos citar —por ejemplo— al Ballet Nacional de Cuba (BNC), Danza Contemporánea de Cuba, Conjunto Folklórico Nacional, Ballet Español de Cuba, Ballet Lizt  Alfonso y Compañía Irene Rodríguez, entre otras agrupaciones no menos importantes.

Entre las personalidades, se incluyen —por derecho propio— la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, las primeras bailarinas Mirta Plá (1940-2003), Josefina Méndez (1941-2007), Loipa Araújo y Aurora Bosch, joyas del ballet cubano y universal, la maestra Ramona de Sáa, Premio Nacional de Danza, el doctor Miguel Cabrera, historiador del BNC; el coreógrafo Gustavo Herrera (1946-2016), así como los primeros bailarines Viengsay Valdés, Anette Delgado, Dani Hernández y Joel Carreño, entre otras figuras clave de la danza insular y mucho más allá de nuestras fronteras geográficas.

Al decir del maestro Enrique de la Osa (1909-1997), decano de la prensa cubana, al conductor de La danza eterna lo caracterizan —fundamentalmente— tres virtudes esenciales, que destacan a un buen periodista: cultura general, inteligencia global y emocional, y sentido del límite (ética); condiciones de las cuales —lamentablemente— carecen muchos presentadores de espacios de la radio y la pequeña pantalla nacionales.

Con apoyo en imágenes y en los valiosos testimonios aportados por personas que estuvieron profesional, afectiva y espiritualmente muy cerca de la desaparecida artista, signada —básicamente— por la integralidad, la sencillez y la humildad que la identificaban en cualquier medio, los televidentes pudieron conocer que Margarita integró el primer elenco del BNC, y con posterioridad, desarrolló su fecunda carrera artístico-profesional en los Estados Unidos, donde se estableció con su esposo, el bailarín norteamericano John White, a principios de la década de los sesenta de la pasada centuria.

Discípula de la eximia ballerina, realizó sus estudios en la Academia Alicia Alonso, donde también recibió clases de los profesores Maga González, Mary Skeping, Ana Ivanova, A. Fedorova y José Parés.

 En 1954 formó parte de la primera gira internacional del Ballet Alicia Alonso (hoy BNC), en un recorrido artístico por las más importantes plazas danzarias de América Latina. En 1957 y 1958 bailó exitosamente en las temporadas del Teatro Griego de California, con la dirección de su idolatrada mentora.

En 1963, participó en la filmación del filme Giselle, del cineasta Enrique Pineda Barnet, Premio Nacional de Cine. Desde 1974, Margarita de Sáa y su esposo dirigían una Academia de Ballet en Pensilvania, Filadelfia, donde desplegó una importante labor como maître y pedagoga.

 En la visita que realizara a Cuba en el 2004, declaró al diario Granma: «A los bailarines, profesionales y estudiantes, quiero decirles que tienen una Escuela Nacional que es un verdadero palacio, recordarles que a diferencia de antes, reciben todo el apoyo del Estado y que confío en que trabajarán duro siempre para continuar la obra tan bella del ballet cubano».

¡Duerma en paz, Margarita de Sáa, el martiano sueño de los justos, ya que usted puede mostrar al cielo —con legítimo orgullo— su obra acabada!