La otra guerra. Lucha contra bandidos

La otra guerra. Lucha contra bandidos

  • los actores que configuran el elenco artístico de La otra guerra… les prestan piel y alma a los personajes buenos y malos que interpretan. Foto tomada de Internet
    los actores que configuran el elenco artístico de La otra guerra… les prestan piel y alma a los personajes buenos y malos que interpretan. Foto tomada de Internet

La otra guerra. Lucha contra Bandidos, con guión de Eduardo Vázquez y dirección del realizador Alberto Luberta Martínez, es el título de la teleserie que se retransmite los sábados, en horario estelar, por el Canal Cubavisión Internacional.

Dicho audiovisual recrea una etapa histórica, que aunque lejana en el tempo psíquico, ha dejado huellas indelebles en el archivo mnémico de la población cubana, sobre todo en los campesinos de la Sierra del Escambray, donde se alzaron en armas los enemigos de la naciente Revolución de los Girasoles, como la calificara la Heroína del Moncada y la Sierra, Haydee Santamaría Cuadrado (1923-1980).

La otra guerra… es una teleserie, estructurada en 14 capítulos, y que, desde una óptica eminentemente objetivo-subjetiva, refleja la grandeza de una causa popular, cuya vigencia ideológica permanecerá por siempre en la memoria histórica de la nación cubana.

Con apoyo en la solidez estético-artística en que se sustenta ese dramatizado, no solo trascendió el momento socio-histórico en que se produjeron aquellos lamentables acontecimientos, sino que continúa siendo —hoy por hoy— un referente básico indispensable en lo que respecta a materiales audiovisuales de tema histórico. 

Las imágenes que muestra La otra guerra… devienen impactantes, hirientes —si se quiere— a la sensibilidad humana del espectador, ya que registran la crueldad de los asesinatos perpetrados en las villareñas montañas del Escambray contra la población campesina por parte de los alzados.

Esas pandillas, organizadas y financiadas por el gobierno estadounidense de turno, en su obsesión enfermiza por derrocar a la Revolución Cubana, contra la cual la invasión a Playa Girón había resultado un total descalabro, obligaba a la contrarrevolución interna a proseguir el combate frontal contra el gobierno revolucionario; para lograr tan siniestro objetivo, sembraron el terror en los habitantes de las montañas ubicadas geográficamente en la zona central de nuestro archipiélago.

Campesinos, maestros voluntarios, simpatizantes del gobierno, gente pobre, trabajadores que viajaban en ómnibus hacia sus centros laborales, aumentaron el número de víctimas de esos esbirros de la peor catadura mora quienes, amparados en la supuesta lucha contra el comunismo, torturaron, tirotearon, ahorcaron o machetearon —sin escrúpulo alguno— a muchas personas inocentes durante cinco años (1960-1965), hasta que fueron totalmente eliminados.

Por otra parte, tales criminales a sueldo demostraban su incapacidad combativa durante la confrontación bélica contra las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR). No obstante, las contiendas descritas en ese audiovisual ganan en verosimilitud y discurren con gran fluidez.

La otra guerra… no solo representa un tributo honesto, lúcido y digno en el contexto de una teleserie genuinamente cubana, sino también una obra artística dirigida a los bisoños espectadores, quienes tienen ante la pantalla chica —de forma entretenida, empática, sin panfletos ni didactismos descontextualizados— la verdadera historia, la cual, según el doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, “debe ser enseñada [en este caso, escenificada], tal como es […] no como quisiéramos que fuera […], ni siquiera como debiera ser”.

En ese audiovisual, habría que destacar el apego a la verdad histórica, que recoge el guión, en el que prevalece la vocación hacia lo real y lo fidedigno. El Escambray durante la noche oscura del bandidismo y la respuesta revolucionaria del primer quinquenio de los años sesenta de la pasada centuria, se hace visible, y además, creíble, con la valiosa ayuda de los fotogramas utilizados —con inteligencia global y emocional— en La otra guerra…   

Por último, quisiera referirme a las actuaciones: algunas estelares (las de los primerísimos actores Enrique Molina, Fernando Hechavarría y Osvaldo Doimeadiós, Premio Nacional del Humor, por solo citar las más representativas, pero —sin duda alguna— hay muchísimas más), otras menos, pero —en líneas generales— los actores que configuran el elenco artístico de La otra guerra… les prestan piel y alma a los personajes buenos y malos que interpretan en ese audiovisual

Los actores que desempeñan el papel de bandidos exploraron las regiones más oscuras del cerebro humano hasta encontrar y liberar la bestia salvaje que yace en el componente instintivo del inconsciente freudiano, para conferirles legitimidad ante la cámara a los horrendos crímenes perpetrados contra las personas que simpatizaban con el proceso revolucionario, mientras que los actores a quienes se les asignara la representación de los miembros de las MNR fueron capaces de mostrar —con la ayuda de los recursos técnico-interpretativos que les aportara, tanto la academia, como su experiencia artístico-profesional en el medio— que eran seres humanos con virtudes, defectos, debilidades, inconsistencias, contradicciones e ideales por los cuales estaban dispuestos a ofrendar hasta la propia vida, si fuera necesario.

El lenguaje verbal y gestual se ajusta a las necesidades expresivas del guión, mientras las palabras mal sonantes, que proliferan entre los alzados, y en menor escala, entre los combatientes revolucionarios, fueron empleadas en el contexto de la tensión emocional generada por las escenas violentas que identifican a La otra guerra…