Los tres Villalobos

Los tres Villalobos

Los tres Villalobos, con guión original del escritor Pedro Urbezo, inspirado en los personajes diseñados por Armando Couto, y la dirección del realizador Miguel Sosa, es la teleserie que —en calidad de reposición— transmitiera los lunes y viernes, en horario vespertino, el Canal Cubavisión, e incluyera en la programación dirigida a niños, adolescentes, jóvenes y menos jóvenes, que viven, aman, crean y sueñan en nuestra geografía insular.

Pedro Urbezo, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es un prolífico escritor e investigador habanero, que labora en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), así como en Radio Progreso, la Onda de la Alegría.

Es autor de radionovelas, telenovelas y aventuras, que salen al aire por las ondas de la Emisora de la Familia Cubana y por la pequeña pantalla insular. Ha dado a la estampa los libros El Teatro América (Ediciones Extramuros) y El Teatro América y su entorno mágico, publicado por una editorial colombiana. Por su impecable desempeño artístico-profesional en nuestros medios, ha sido objeto de disímiles reconocimientos.   

Los actores Kristell Almazán (Rodolfo), Vladimir Villar (Miguelón) y Carlos Luis González (Machito), son los protagonistas de esa teleserie, que tuvo su época de oro en la antigua CMQ Radio, en el horario de las 12:00 m.   

La trama principal de esa teleserie —ubicada desde el punto de vista socio-histórico en la Cuba de los años 40 de la pasada centuria— gira alrededor de los hermanos Villalobos, quienes claman justicia por el crimen de que fueran víctimas el progenitor y el hermano menor, por parte de asesinos a sueldo de un hacendado sin escrúpulo, que quería apoderarse de las tierras, pertenecientes a la familia Villalobos.

Kristell, Vladimir y Carlos Luis no solo han sido capaces de llevar a puerto seguro dicha teleserie, sino también los primerísimos actores Aramís Delgado (Casamayor) Rafael Lahera (Bala Perdida), y Armando Tomey (Justino), así como las experimentadas actrices Candita Quintana (la sirvienta de la acaudalada familia Casamayor), y Dianelis Brito (Regina), entre otros consagrados y bisoños, quienes pusieron a disposición de los telespectadores lo mejor de su “yo” artístico, para recrear la memoria de quienes tuvimos el privilegio de escuchar Los tres Villalobos por las ondas hertzianas, y luego poder verla en imágenes, en el ¿resucitado? espacio Aventuras, que transmite el Canal Educativo, donde se estrenó hace casi una década.   

Entre otros temas de puntual interés, habría que destacar la bien estructurada interpretación que del simpático cabo interino hace el actor Denys Ramos, quien muestra sus dotes histriónicas, esbozadas ya en la teleserie Historias de Fuego, donde —en el mundo interior del personaje que representa en ese contexto audiovisual— tiene lugar una transición gradual y progresiva de adolescente pre-delincuente a joven maduro y responsable, caracterizado por sus buenos sentimientos hacia el otro.

En Los tres Villalobos desempeña el papel de un muchacho campesino que, empujado por la miseria en que vive, se alista en la repudiada Guardia Rural; medio en el que da a conocer sus dotes naturales como actor cómico, que hace las delicias de grandes y chicos con sus “cosas de cabo interino” (como le recrimina con sorna el malvado teniente Salcedo).

Por otra parte, es de señalar la naturalidad con que actúa el niño Jorge Sanz (Yiye), quien sorprende no solo a sus contemporáneos, sino también a los adultos por el buen desenvolvimiento ante las cámaras, percibidas por él como su entorno habitual.

La versión televisiva que Pedro Urbezo hiciera de esa legendaria aventura radial demuestra —no me canso de repetirlo— que para hacer una buena teleserie o telenovela cubana no es necesario disponer de un gran presupuesto, sino de otras cosas que son mucho más fáciles de encontrar, y que en la mayor isla de las Antillas se producen silvestres: talento, creatividad y deseos de trabajar por parte de realizadores y artistas, excelentes guiones y acertada dirección actoral.

Esa es, en apretada síntesis, la receta que ha hecho de Los tres Villalobos, una teleserie que ha calado hondo en la mente y en el alma de la teleaudiencia nacional. El “secreto” no es otro que la bien dosificada utilización de los códigos ético-morales (la lucha del bien contra el mal), el lenguaje (fuerte, pero sin violencia injustificada), y los medios lúdicos (los enfrentamientos a tiro limpio entre “buenos” y “malos”), que emplean los pequeños príncipes, y que nutren la imaginación y la fantasía infanto-juveniles; alimento indispensable para su armónico desarrollo sociocultural y espiritual.