Los últimos días de una casa

Los últimos días de una casa

  • La realizadora audiovisual se apoya en imágenes de archivo y recientes, así como en los hallazgos de una exhaustiva pesquisa socio-histórica y de valiosa información. Foto tomada de Cubasi
    La realizadora audiovisual se apoya en imágenes de archivo y recientes, así como en los hallazgos de una exhaustiva pesquisa socio-histórica y de valiosa información. Foto tomada de Cubasi

Los últimos días de una casa, de la realizadora Lourdes de los Santos Matos, miembro de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de  Cuba (UNEAC, es el título del documental presentado en la sala Caracol de nuestra cincuentenaria institución cultural.

 

Las palabras de apertura estuvieron a cargo de la locutora y periodista Rosalía Arnáez, presidenta de la asociación anfitriona, quien esbozó —en apretada síntesis— la fecunda trayectoria profesional de la prolífica creadora.

En dicho audiovisual, inspirado en el poema homónimo de la poetisa y escritora Dulce María Loynaz (1902-1997), Premio Cervantes de Literatura 1992, Santos Matos lleva a la pantalla grande las vicisitudes que atravesara la mansión donde residiera la familia Loynaz, en el actual municipio de Plaza de la Revolución.

La realizadora audiovisual se apoya en imágenes de archivo y recientes, así como en los hallazgos de una exhaustiva pesquisa socio-histórica y de la valiosa información obtenida a través de las entrevistas realizadas a la Dama del Verso y la Prosa, al novelista, musicólogo y periodista Alejo Carpentier (1904-1980), Premio Cervantes de Literatura 1978, al doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, al arquitecto que se ocupara de la restauración del inmueble y al vecino a quien Dulce María le prestara un pequeño local en los bajos, porque él y su esposa no tenían donde vivir.

Los testimonios aportados por las personas encuestadas le muestran al espectador la historia de ese palacio semiderruido por la implacable acción del dios Cronos y la desidia de los hombres, quienes han olvidado que allí vivió el insigne patriota, general de brigada Enrique Loynaz del Castillo (1871-1963).

La narración transcurre en 15 minutos; y en ese lapso, los interpelados evocan en su archivo mnémico el cúmulo de vivencias, anécdotas y experiencias que les generara en la mente y en el alma todo cuanto aconteciera en esa casa, donde radicara la prole de quien fuera edecán del mayor general Antonio Maceo y Grajales (1845-1896) y Héroe de la Batalla de Mal Tiempo.  

De la puntual intervención de Dulce María, se pudo conocer —entre otras cosas— que la educación recibida por parte de sus padres fue muy férrea, ya que a los hijos no se les permitía salir de la «prisión colonial» en que se encontraban confinados para que tuvieran contacto con los/as niños que vivían en los alrededores, y que el vestuario utilizado por las hermanas y los hermanos era representativo del siglo XIX. Solo cuando los progenitores se separaron, la madre accedió a que salieran al exterior y conocieran el medio que los circundaba, y que para ellos solo se reducía a lo que acaecía en aquellas cuatro paredes, donde el “tempo” psíquico se detuvo. 

La Premio Nacional de Literatura declaró ante la cámara que, en cierta ocasión, una artista le preguntó ¿por qué no se había ido de Cuba? A lo que le contestó, más o menos con las siguientes palabras: «¿acaso usted no sabe que soy hija de un general del Ejército Libertador, y que los retoños de mambises no abandonan la patria por cuya libertad lucharon sus padres en la manigua redentora? […]. Yo no me voy de Cuba, porque aquí nací, crecí y es donde estoy escribiendo mi leyenda personal […]».

Esa joya de la documentalística cubana contemporánea finaliza con la lectura, en la cálida voz de Dulce María Loynaz, del poema que le dedicara al que fuera su entorno mágico.