Programaciones

Programaciones

  • Canales de la Televisión Cubana. Foto tomada del Portal de la TV Cubana
    Canales de la Televisión Cubana. Foto tomada del Portal de la TV Cubana

La sistematicidad es una de las claves esenciales para ganar la fidelidad de —al menos— un público, lo cual ya deviene uno (no el único, pero sí uno) de los indicadores de satisfacción y de buenos resultados del trabajo; de ello también depende la credibilidad en los medios, lo cual implica la dosis de complicidad que estos necesitan de sus públicos y que es un arte ganarla: todo esto se gana, nada de esto se orienta ni se impone ni se induce inorgánicamente, ni siquiera por costumbre: recuérdense las tantas otras competencias.

Ya en artículos anteriores he abordado el arbitrio de cambiar de horario (casi siempre retrasándolo, a veces en demasía) y hasta anular ese día programas anunciados y muchas veces, esperados, lo cual podría entenderse exclusivamente por motivos excepcionales, y nunca convertirse en una regla absurda, como ha amenazado: atentado directo contra la sistematicidad.

No el único, pero otro elemento fundamental para la sistematicidad es la promoción o publicidad, que en estos casos se puede interpretar como la programación, que es una sola: la que de parrilla se ofrece a sus públicos. Es preocupante entonces, que sobre todo en televisión, tengamos que hablar de programaciones: porque al darle la publicidad necesaria a las ofertas, está haciéndose cada vez más frecuente que no coincida con lo que luego consumimos. Antes molestaba cada vez que algún locutor tenía que “poner la cara” a explicar por qué el cambio, aunque muchas veces la explicación no convencía; pero al menos, eso implicaba el respeto al público y una conciencia o al menos, interés por mantener su complicidad: ya ni eso, y es involutivo.

Son muy bienvenidos y esperados los programas de publicidad de la programación televisual: mínimo actualmente, Mediodía en Tv, Teleavances, las carteleras… saludable parte de la programación que unos más que otros, cumplen su cometido como parte de “la industria” a la que responden, al tiempo que logran “el arte” con que se consolidan en sus públicos, y que no se limita a cantantes invitados y a la pericia de sus animadores (a menudo, más que locutores) e incluye su ambientación, edición, ritmo… sin embargo, su propio éxito es traicionado cuando luego no se cumple lo que anuncian, lo que por supuesto, escapa absolutamente de las posibilidades de tan valiosos espacios.

No por haber perdido presencia en la prensa escrita y esta misma, haber perdido espacios en nuestro pueblo por su más difícil acceso y menos páginas dada la coyuntura con que finalizó el siglo XX, no podemos obviarla en sus intentos que saludablemente, conserva para ayudar a la programación; y que sabiamente, era costumbre aclarar que no se responsabilizaban con cualquier cambio: ya demostraba entonces esta problemática: triste tradición.

Se suma una excelente opción, y permítanme llamarla como el pueblo: “la cajita”. De más está recordar que dista muchísimo del alcance del bolsillo del trabajador cubano, al menos el estatal, el “cubano de a pie”; en lo personal, me exigió sacrificios que solo hice por la calidad de vida de mi madre y por ser profesional de los medios, pero me fue muy lacerante, no solo comprarla, sino luego instalarla. Ello nos da el derecho a esperar resultados, y entre otros, se destaca la opción de conocer la programación: ignoro qué ha pasado en estos meses desde que la tengo, que en un inicio podía conocer la programación incluso de las próximas semanas; actualmente, a veces ni la del día, ni siquiera la del momento, o porque está obviamente errada, o simplemente, “No hay información”. Tal vez estén consideradas entre las “máquinas inteligentes”; que nunca será el bastón que tanto conviene a la falta de inteligencia.

Así por ejemplo, es inconcebible a estas alturas y tantas exigencias de las ediciones para escribir en difusión masiva, la pésima calidad de las “sinopsis” que el poquísimo espacio del que disponen, lo suelen desgastar en no decir nada: ignoran absolutamente el arte de resumir una esencia que en muy pocas palabras, como exige el espacio, promuevan lo que se podrá apreciar.

Son frecuentes las contradicciones entre estas programaciones anunciadas, además con la que luego la pantalla defrauda; por ejemplo, en julio anunciaban Maigret y luego Tarde de época (título para otra polémica: al retrasmitirse de noche ya no es “tarde”, y todas son épocas, debate sobre los géneros que merece otro artículo), y muy lamentablemente, se ponían al revés. En agosto anuncian Tarde de época y luego Maigret y por fortuna, se pone al revés. Pero, ¿por qué no anunciar lo que es? Tampoco se entienden otros cambios, como distanciar los domingos La neurona y A otro con ese cuento, de públicos más similares, interponiendo Lucas; ni tanto populismo en horarios estelares, y tantos atractivos y valores de madrugada y horarios más difíciles, o no se especifican, para mucho menos público; pero ya serían otras reflexiones.