Rodando musicales… para rodarlos mejor

Rodando musicales… para rodarlos mejor

  • Rodando el musical es un programa que transmite el Canal Educativo de la Televisión Cubana. Foto tomada de Internet
    Rodando el musical es un programa que transmite el Canal Educativo de la Televisión Cubana. Foto tomada de Internet

No es la primera vez que agradezco el dominical nocturno del Canal Educativo, “Rodando el musical”; que si ya entretener es enriquecer, mucho más enriquece cuando se trata de genuinas joyas del arte, como fue la reciente selección de obras que tanto fortalecen y constituyen valor esencial de “Las Leandras”, revista musical (su música, coreografías, etc. son indispensables, sin integrar el argumento de la obra) en su versión cinematográfica, clásico que logró Rocío Durcal acompañada por Celia Gámez, quien la había protagonizado al estrenarse en teatro en Madrid el 12 de noviembre de 1931, pero continúa derrochando talento y atractivo de toda suerte en esta película (1969); que a propósito, como “La casta Susana” y similares, debería mostrarse nuevamente en nuestra televisión, al menos en el canal Clave con su debida promoción, siempre tan bien recibida y que muchos no han visto.  

Quiero recordar al Maestro, el bajo Carlos Sócrates que en los años 80 y aún iniciando los 90 del pasado siglo, junto a Gladys Puig y otros, dirigía los Círculos de Amigos de la Música de Concierto en Plaza de la Revolución durante la época de oro de tal municipio, momentos de los que constituía uno de sus más altos valores y cuya pérdida es una de las más sensibles a la cultura nacional e internacional, por su repertorio e interpretaciones. Sócrates rectificaba a todo el que presentaba los “números musicales” pues, en efecto, no son números: son obras, que exigen esfuerzos y aptitudes, creación y recreación muy complejas, difíciles y necesarias al alma y a las vivencias de cada ser viviente, pues sus efectos benéficos se han demostrado hasta en diversas especies animales.

Por eso es que, fiel seguidor del referido espacio televisual, justamente por motivarme tanto, sugeriría repensar la voz en off de la locutora, muy bien ella y sus textos, necesarios por demás, aumentan indiscutiblemente el nutriente instructivo del programa, pero no encima ni en detrimento de disfrutar las interpretaciones de las canciones; quizás la solución podría ser la voz durante instrumentales, aunque igual estos pasarían a un segundo plano. Otra posibilidad sería sustituir la voz por textos, que de alguna manera distraen pero al menos no reducen tanto las obras musicales; sin embargo, ello excluiría más a los de menos capacidades visuales, que de todas formas padecen que se opaque una brillante interpretación musical por una voz, por muy atinado y enriquecedor que sea lo que la voz en cuestión refiere de esa obra. Tampoco se puede reducir el programa restándole ese caudal de riqueza al que esa locución ya nos tiene muy bien acostumbrados, a pesar de que por momentos, sea en detrimento de la obra musical.

¿Cuál sería la solución? Nadie ha dicho que sea fácil; en ello también radica el arte de los audiovisuales: saber aprovechar todos sus componentes sin que ninguno afecte al otro y que al mismo tiempo, todos confluyan felizmente en una sola obra colectiva y que lejos de propiciarse mutuas sombras, se potencien entre sí, para un producto final mucho mejor.

Más podría cuestionarse en la misma obra (sin lugar a dudas, cada puesta de “Rodando el musical”, como de cada programa de televisión, igual que de radio, son obras puestas en escena, desde su propia concepción) que se haya lesionado el arte cantando la Gámez magistralmente a la verbena de San Antonio. Era evidente una desafortunada edición, muy probablemente ocasionada por el tiempo al que en efecto, implacablemente, están condenados por la industria artística que también es (debe ser) la televisión, a no trasgredir, por insertarse en un macro-arte que es el de toda la programación del canal, con horarios que no debieran decepcionar al público (ya he comentado anteriormente las molestias que ello ha ocasionado sin que las disculpas puedan entenderse nunca como una solución) y por supuesto, tampoco un programa puede demorar al punto de afectar al siguiente.

También hubiera sido criminal eliminar alguna de las obras musicales que se mostraron esa noche; pero no debe ser tan difícil editar de forma tal, que respeten esos segundos que restaron lógica, ritmo, arte en general a la pieza en cuestión; en otro contexto podría propiciar una demanda. Quizás en algún enlace entre una y otra obra musical, se hubieran podido ahorrar esos segundos que no lesionaran a esa pieza, sin afectar tampoco el ritmo del programa en sí. Me parece más difícil la solución de la voz y tan interesantes textos, sin deterioro de la canción y melodía que oímos; tal vez tampoco. Nadie ha dicho que sea fácil: es uno de los tantos motivos por los que hacer televisión (este, como cualquier otro programa de televisión, y lo mismo para la radio con sus especificidades por sus propias herramientas), también, es arte.