Un beso histórico

Un beso histórico

  • El primer beso gay en la pequeña pantalla de ese país donde hizo historia, y merece ese reconocimiento. Foto tomada de internet
    El primer beso gay en la pequeña pantalla de ese país donde hizo historia, y merece ese reconocimiento. Foto tomada de internet

Sin la menor duda, Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío) hizo historia en 1993-1994 al mostrar por primera vez en nuestras salas cinematográficas, una película cubana donde el co-protagonista era un gay positivo, al margen de toda polémica, aún vigente. Gay Cuba (1986) nunca ha tenido la debida promoción, y los hitos previos son aquellas películas, obras de artes plásticas, de teatro y otras que de otros países, se lograban mostrar en Cuba en sus eventos internacionales; los más o menos disfraces con que nuestras artes lo insinuaban con disímulo, cuando no peyorativa o burlesca sin disfrazar, mucho más revolucionaria nuestra escena y literatura, y muy pocos pero dignos ejemplos en la música y radio. Y fuera de las artes, en la no menos tradicional lucha anti-homofóbica que contra corriente se ha verificado históricamente en cada contexto cubano y de otros países, sin su debida visibilidad pero base esencial.

Décadas pasaron para que Fresa y Chocolate fuera exhibida en nuestra televisión, y demasiado lentamente se fueran mostrando otros personajes similares en nuestros audiovisuales, a menudo por el llamado cine independiente, cada vez más y con más o menos fortuna, muchos de los cuales he valorado casuísticamente en textos previos. Pero el otro gran hito lo marcó Rolando Pérez Betancourt al mostrar en televisión el premiado filme estadounidense Brockeback Mountain (Ang Lee, 2005) durante la que a mi juicio, ha sido la mejor jornada contra la homofobia cubana (mayo del 2008), sin demérito de conquistas de otros años como este mismo 2017, entre los infantes y las escuelas, por tanto entre maestros y familias. En 2008, el potente y legitimador medio que es la televisión, había mostrado por primera vez una historia de genuino amor entre dos hombres, incluido su apasionado e histórico beso.

Otro hito lo alcanzó el martes 5 de julio de 2016 el cineasta Lester Hamlet al asumir con toda transparencia y valentía en televisión (Con dos que se quieran dos, con Amaury Pérez Vidal), “soy honrosamente gay”: ya no era texto para un personaje, sino él mismo: la mejor demostración de que es absolutamente normal. No hay por qué esconderlo. El temor y la vergüenza a veces hasta por interpretar un homosexual, contradice al discurso educativo anti-homofóbico.

Este viernes 7 de julio de 2017, cuando concluía la telenovela brasileña Rastros de Mentiras, la penúltima escena fue precisamente el beso sexuado entre Félix (Mateus Solano) y Nico (Thiago Fragoso): un beso histórico para la cultura cubana, y no lo digo (sólo) por la obra brasileña, que a decir (y repetir poco antes) de nuestro tan visto programa sabatino Entre tú y yo (a felicitar el anuncio previo), había sido también el primer beso gay en la pequeña pantalla de ese país donde hizo historia, y merece ese reconocimiento; sino por la propia televisión cubana que por fin, avanza en ese sentido sin más temores ni compromisos que con el genuino desarrollo y justicia social sin exclusiones.

Otra serie brasileña no exhibida en Cuba, América, provocaba la tensión con el beso gay que se esperaba con Bruno Cagliaso; no faltarán las críticas a esta novela sin reparar en este y otros valores, críticas incluso al “happyend”; mas, no es mi objetivo en estas líneas ni este, ni otros debates. Para ser justos, quizás no haya sido tampoco exactamente el primer beso gay mostrado en la televisión cubana además del de Brockeback Mountain: en algunos capítulos de la fabulosa serie musical Glee (y tal vez en otras, sin contar cuando se evidenciaban cortes fatales), ya se empezaban a dejar ver, y la censura, por suerte (y porque el avance se impone), cedía terreno, pues más que concesión a los homofóbicos, era homofóbica e hipócrita, como suele ser toda censura: dicen que es normal, pero el mensaje de vetarlos, dice todo lo contrario.

No es momento para dejar recuperarse a la homofobia nacional: deben seguirse mostrando de manera cotidiana, como es la vida misma, y la parte más constructiva y educativa de la vida, que hablamos de amor y no de odios ni tanta maldad y violencia que se muestra a diario. Nuestro próximo hito será cuando una producción cubana recree otro beso sexuado entre hombres (menos aceptado que entre mujeres, que nuestro cine ya recreó en Afinidades (Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, 2010) y de preferencia viriles y galanes (lo que menos acepta la homofobia) como ya anunció Lista de espera (Juan Carlos Tabío, 2000) entre los personajes de Mijail Mulkay y Caleb Casas… que pudo haber adelantado tantísimo nuestra historia al respecto, incluso a donde no hemos llegado aún, pero lamentablemente… se frustró.

Que las tan gustadas y populares telenovelas lo trabajen así, son las mejores clases de educación sexual: hacer que en el imaginario popular se asiente definitivamente la homosexualidad como absolutamente normal, hará crecer en todos los aspectos a nuestro pueblo, y aquella beata que en el 2008 se publicó “asqueada” por aquel beso (no por el crimen), será mucho mejor cristiana.