Vigencia de la radio

Vigencia de la radio

Aunque la pantalla para exponer materiales audiovisuales o trasmitir programas televisivos hace tiempo es un elemento habitual en los lugares de concurrencia pública, aunque los equipos para escuchar música proliferan por todas partes, la radio no ha desaparecido en ninguna parte del mundo y en Cuba tiene notables devotos, no solo en los hogares de sitios recónditos, sino en centros laborales de la mismísima capital.

Por supuesto que existe una larga tradición, un apego particular de varias generaciones de cubanos y algunos alegarán que en el país todavía no es mayoritario el uso de las nuevas tecnologías, pero el respeto por ese medio difusor se manifiesta en que en todos los recientes soportes, como los teléfonos móviles, está incluida la posibilidad de escuchar la radio.

Los espacios juveniles de las muy diversas emisoras cubanas demuestran que no pocos jóvenes siguen aquellos que logran motivarlos con temas de su interés; mientras una buena parte de los adultos se informan primero por la radio o siguen las competencias deportivas en las trasmisiones de Radio Rebelde, una emisora de profundo arraigo popular desde los tiempos en que, desde la Sierra Maestra, alentaba la esperanza de mejores tiempos para la nación gracias a la lucha de los barbudos.

Radio Rebelde ha mantenido esa dinámica en su gran revista informativa Haciendo Radio que, mucho antes de que salga el sol pone al día a los madrugadores, saluda con las canturías a los que laboran la tierra y propone comenzar la jornada con buena energía, apelando a cuanto hay de responsabilidad individual en el bienestar propio y en la contribución al bien común.

Ese es un mérito fundamental de Haciendo Radio porque en una época en que las malas noticias sobrecogen, en que los poderes hegemónicos están intentando eliminar las más importantes conquistas de los pueblos y en nuestro propio país se manifiestan tendencias poco edificantes, resulta vital recordar las potenciales de cada cual para no dejarse vencer por la adversidad como modo de evitar la desmovilización que produce el pesimismo del empuje necesario para el progreso personal y colectivo.

La significativa programación musical de la emisora abarca todas las expresiones en ese ámbito, pero con particular acento en lo que se ha producido en Cuba desde tiempos remotos y ahora mismo y esa voluntad de cultivar la memoria y asumir lo novísimo asume también lo más enriquecedor de las obras internacionales de todos las épocas. Las tardes de domingo, en particular, ofrecen la oportunidad de hacer gratos paseos por la música que disfrutaron los abuelos y se han mantenido como ingredientes básicos de nuestra cultura.

Tiene también Radio Rebelde un espacio para el análisis crítico y la polémica en coordinación con la Unión de Periodistas de Cuba: Hablando claro, pero inexplicablemente es muy breve y bien podría extenderse para profundizar en los temas candentes de nuestra realidad y esa es justo una carencia de nuestros medios masivos que la radio podría convertir en una de sus características fundamentales, porque desde las emisoras municipales hasta la nacionales podría ser una vía de ventilar los asuntos que nos preocupan, angustian o desafían en la vida cotidiana. Los análisis críticos y la polémica son particularmente necesarios para el mejor entendimiento de las complejas circunstancias en que vivimos y todos los reclaman aún cuando existen algunos espacios a ese menester.

Radio Progreso, por su parte, ha desarrollado una muy valiosa programación dramática con altos niveles de audiencia y espíritu renovador como el del muy destacado escritor Joaquín Cuartas y la muy profesional Orieta Cordeiro, ambos multipremiados y ha mantenido el humorístico costumbrista Alegrías de sobremesa, sostenido por el inolvidable Alberto Luberta, mientras el musical Juventud 2000 acapara la atención de sus destinatarios y ofrece una medida de los gustos con su lista de éxitos.

Radio Reloj cumple una función especial con sus objetivos noticiosos y la hora cada minuto y tiene gran arraigo en la población, mientras en CMBF los amantes de la música clásica o la música más elaborada técnicamente encuentran satisfacción a sus intereses y en Radio Enciclopedia está la posibilidad de disfrutar de instrumentales. Cierto es que esas plantas trasmisoras están requeridas de análisis más integral, como la radio en general, pero forman parte del variado diseño radial del sistema nacional que sigue posibilitando la vigencia de ese medio con tantas virtudes y posibilidades aún en la era de Internet, donde se han insertado.

Ha sido un acierto que la historia y los trabajadores de la radio estén siendo visibilizados en el espacio Televisando la radio, del Canal Educativo, como justo reconocimiento a la labor realizada por años por las emisoras del país. Sería conveniente que periodistas especializados, críticos, estudiosos se ocuparán más de este modesto medio de gran alcance sin embargo, que resiste con eficacia la nueva era comunicacional.