El misterio del genio popular

El misterio del genio popular

  • El musicólogo Jesús Gómez Cairo.
    El musicólogo Jesús Gómez Cairo.

Jesús Gómez Cairo, director del Museo de la Música, musicólogo y autor de fundamentales textos para entender los fenómenos de este arte, revela en esta exclusiva interesantes y esenciales aspectos de la vida y obra de Benny Moré.

¿Cree usted que en el Bárbaro del Ritmo estuvo presente el hecho de haber nacido en Santa Isabel de las Lajas?

La lejanía y lo limitado del entorno en que transcurrieron su niñez y primera juventud, más la pobreza y humildad familiar, débilmente adornadas con una corta y escasa formación escolar, impiden descifrar todo lo que después aconteció en la vida de aquel ser, devenido artista excepcional para las grandes multitudes y también para las élites intelectuales, que nunca —dicho sea a propósito— han ocultado su gran admiración por él.

El reconocimiento unánime y puede afirmarse sin exageración que universal, a este extraordinario músico cubano, se expresa por lo general en términos emocionales y subjetivos. Varios libros y artículos biográficos, amén de testimonios e impresiones de sus contemporáneos, se han publicado en Cuba y fuera de ella. Es abundante también la documentación periodística sobre el gran artista. Un examen de todo ese material (imposible de citar por razones de espacio), así como una observación del arte de Benny Moré, nos permiten precisar los perfiles de su genialidad y los modos en que ésta se expresó.

De Benny es reconocida su condición de artista espontáneo y músico natural, no académico, iletrado, de brillante inspiración y talento innato. Su trayectoria musical, primero como aficionado y más tarde como profesional, permiten hablar de un proceso formativo autodidacta.

Su primer acercamiento a la música, desde la niñez, se relaciona con los cantos y bailes de carácter rural y campesino. Décimas y coplas, tonadas tradicionales o creadas, fueron su punto de partida. También el conocimiento del tres (instrumento melódico por excelencia, perteneciente a la familia de las cuerdas pulsadas), del bongó, las claves y otros percutientes rústicos que acompañaban a los sones montunos primigenios, propios de las zonas rurales.

Paralelamente, un vínculo familiar lo llevó a relacionarse con las actividades del Casino de los Congos, asociación fraternal que constituía un verdadero emporio de expresiones folclóricas afrocubanas, desde las festividades de carácter profano hasta las propias de ritos litúrgicos populares en las que música y baile son el principal medio de comunicación.

Entre ellos, Benny Moré llegó a desarrollar notorias habilidades como ejecutante de muy diversos instrumentos y como bailador. Allí también adquirió el dominio de ciertas inflexiones y timbres vocales, ese manejo del canto y aquella colocación de la voz que habrían de servirle como elementos de gran originalidad aplicados a los géneros de la música popular.

También fueron decisivos en la formación artística del Benny sus posteriores contactos en La Habana con el experimentado compositor, director y guitarrista Miguel Matamoros, quien dirigía el famoso trío que llevó su nombre y que además conducía un sexteto y un conjunto también llamados Matamoros. Como integrante del conjunto, Moré demostraría a plenitud toda la gama de sus posibilidades vocales, recibió enseñanzas y experiencias que moldearon y diversificaron su estilo interpretativo. Así, profundizar en el conocimiento de la guitarra como instrumento de amplio espectro armónico y melódico, resultó ser un factor decisivo en la gestación de sus propias composiciones.

No debe perderse de vista que los conocimientos y habilidades musicales y coreográficas adquiridas por Benny hasta aquí, y los que habría de obtener después, se desenvolvieron primero por vía de la tradición oral, y más adelante por medio del aprendizaje empírico. Ello no resta valor a la efectividad de su experiencia, mientras que realza la significación de sus extraordinarias dotes como músico y artista de la escena.

—Con Miguel Matamoros casi comienza en grande la carrera de Benny. Hábleme de esa relación…

Con Matamoros graba sus primeros discos y viajó a México, donde culminaría el proceso de su formación artística, precisamente en el medio sonoro que aún le faltaba por conocer a profundidad: la orquesta.

Además de la extraordinaria experiencia que significó trabajar a dúo con el cantante versado y director, Lalo Montané, el Bárbaro del Ritmo realizó un periplo como intérprete de grandes orquestas, entre ellas las del mexicano Rafael de Paz y las de sus compatriotas Arturo Núñez, Mariano Mercerón y Dámaso Pérez Prado. Especialmente con este último desarrolló el manejo de las complejas polirritmias del mambo, unidas a las entonces novedosas sonoridades tímbricas y armónicas que potenciaban el formato de jazz band aplicado a los géneros bailables latinos, así como a usar la voz en sentido dramático e instrumental dentro de la orquesta, a diferencia de los estilos más líricos y cantables ya por él dominados en la interpretación de boleros, sones y guarachas.

De manera que cuando en 1953 Benny Moré funda en La Habana su Banda Gigante, con la cual potenció definitiva y multilateralmente todas sus dotes, era ya un músico formado y poseedor de una vasta experiencia técnica musical escénica, aun cuando esta tuviera un fundamento nada académico.