Revelaciones de Eva. Una carta ¿abstracta? bajo la manga

[…] ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres,
​pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Jorge L. Borges

La obra de arte es duelo subliminal, provocación, desafío camuflado en el que espectador y obra se atrincheran en el vértice de sus espacios consabidos para emprender el derrotero de las develaciones del signo. Es la contraseña elaborada por los contendientes para remitir a un cosmos, tal vez menos real, aparente, donde objeto y sujeto se benefician, consumen, en la aproximación libidinosa de ese encuentro “accidental”. En este intercambio cómplice, media un espacio, algo así como dos pendientes que satisfacen y decepcionan: entablado el duelo, cada adversario se lanza a la deconstrucción del otro, estableciendo toda suerte de controversia que, si bien alcanza la comunicación inmediata, después se obstaculiza por la proliferación de significantes. La obra, en fin, asume un papel dramático y destruye cualquier acercamiento exegético.

Sería imposible desligarse de esta complicidad dramática que, precedida de vocación y libertad artística, se vislumbra en esta muestra de Jesús Vega Faura (Chucho), quien durante cuatro décadas ha dedicado energías, voluntad, vida, para reflejar a través de la pintura, disímiles circunstancias y realidades; una poética personal que complementa su enjundiosa producción pictórica.

Si algo trasmiten estas obras es la multiplicación de perspectivas conceptuales; no para esgrimir proverbiales arquetipos de convencimiento. En ese sentido, Chucho está por encima de cualquier voluntad profética y apenas se asoma, con deleite, al transcurrir de la realidad que, desde el estudio  ─¿Aleph predilecto?─, converge sobre nuestra cotidianidad repleta de aversiones, expectativas, triunfos; indaga en lo humano con la meticulosidad del investigador, se apresta a revelarnos un paisaje de símbolos que invitan a la mirada desprejuiciada hacia la mujer, y a la seducción como pérdida de la identidad que lleva al juego de las apariencias. Sobre todo allí, donde ella es acariciada a través de veladuras y matices, voluptuosa e indescifrable que, si bien conduce a sutiles parajes de armonía, también como Orfeo, puede lanzarnos de un golpe a enigmáticos abismos, a ese lado oscuro, tal vez sórdido, que hace pensar en la indudable carta bajo la manga. Es un discurrir de mundos interiores, paralelos, explicitando el deseo por unificar los principios del bien y el mal bajo el mismo signo.

Mientras tanto, Vega Faura, motivado por la intención de adentrarse en convenientes alianzas figurativas, que lo aguardan o visitan, fusiona los cuerpos-símbolos hasta una estilización en la cual el color se trastoca en atmósfera enrevesada de líneas en fuga y sombras oblicuas diluidas en el maremágnum abstracto del espacio-destino, los elementos se consolidan, y la relación figura fondo adquiere una existencia otra en la complicidad pictórica.

Sin embargo, el punto de partida radica en lo palpable, en la verosimilitud del dato. Sus cuadros abstractos denotan ese cariz. Cada uno proviene de supuestos figurativos, ─“con un sentido”─, para llegar a traducirse en síntesis orgánica de elementos formales, imbuidos de cierto aliento narrativo. De esa forma, Chucho descorre las entretelas del contenido y propicia el encuentro, la cercanía del otro al relato, que resulta no tanto de la perspicacia del espectador como de su sensibilidad estética, también de su voluntad por captar al mismo tiempo lo real y su signo.

Las inquietudes pictóricas de Jesús Vega Faura se manifiestan y ofrecen en esta exposición como oportunidad ineludible por aprehender el drama del sujeto y sus interioridades. Porque en esas mujeres de ojos verdes y bocas entreabiertas, enmascaradas o no, proféticas, y sobre todo, en la metamorfosis que convierte a cada cuadro en un universo personal, envuelto en esa atmósfera de colores cálidos y fríos, se nos revela cabalmente el artista consecuente, abocado a la praxis pictórica, impostergable, que ha construido. 

Por MSc. Alexei de Jesús Rodríguez Mora
Crítico de arte