Angel Norniella, un hombre de identidades

Angel Norniella, un hombre de identidades

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Plásticos, cerámica, arte cubano
  • Angel Norniella fundó junto a Amelia Carballo y otros ceramistas el grupo Terracota 4.
    Angel Norniella fundó junto a Amelia Carballo y otros ceramistas el grupo Terracota 4.

Se le ve siempre en su taller de Mercaderes y Obrapía, frente a la Plaza Simón Bolívar, con los hornos y las cerámicas acuestas, entre el calor de las pasiones que desprenden la arcilla y el metal cuando están a altas temperaturas. Habla siempre de un nosotros, pues comparte con su esposa Amelia Carballo la misma pasión por la cerámica. Cada pieza realizada por él tiene el sello de un artífice que prefiere la sobriedad y el análisis antes que la banalidad de los colores vacíos. Sus manos tienen el don de la creación, su fuerza y voluntad han sido puestas a pruebas a lo largo de varias décadas, más cuando un hombre nace para el arte, no valen vicisitudes ni abrojos.

Nacido en Las Tunas, el 7 de octubre de 1947, Angel Norniella Santos cursó estudios de Artes Plásticas en Nueva Gerona, Isla de la Juventud en 1973. Durante 14 años trabajó como docente en escuelas de arte. Fundador del Centro Experimental de Artes Aplicadas, la Asociación Hermanos Saíz y de la filial pinera de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

En 1981, junto a Amelia Carballo y otros ceramistas funda el grupo Terracota 4, toda una institución en la cerámica artística cubana de los últimos treinta años, que logró imponer esta manifestación como un arte mayor dentro del panorama plástico cubano. Miembro del Comité Cubano de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNESCO y en 1996 el Ministerio de Cultura de la República de Cuba le otorgó la Distinción por la Cultura Nacional, el más alto reconocimiento que entrega esa entidad a instituciones y personalidades.

Sus obras han sido expuestas en múltiples galerías foráneas como el Museo de Arte de Puerto Rico, el Centro de Arte Contemporáneo en México, el Museo de Arte Moderno en Rio de Janeiro,  Brasil, la I Bienal del Barro de América y en el  Museo de Arte Contemporáneo en Caracas, Venezuela, entre otros centros.

Los comienzos, la vida y la cerámica

Norniella ¿Qué significó para ti haber fundado el Centro Experimental de Artes Plásticas en la Isla de la Juventud?

El Centro de Experimentación de Artes Plásticas fue una idea añorada durante años que nunca se hizo realidad porque la realidad social no estaba acorde a lo que pretendía este Centro. Había terminado de estudiar en la escuela de arte y trabajábamos ya de profesores, pero no teníamos un lugar donde laborar, dígase un estudio, acceso a los materiales, etc. e hicimos una gran cantidad de proyectos que todos se vieron frustrados. Hacíamos muestras de trabajos y después se quedaban con ella, se las repartían. Tú sabes. Era una época que uno estaba con un potencial creativo grande y mientras tanto estábamos consolándonos. ¿Por qué se hizo el Centro de Artes Aplicadas? Trabajábamos voluntariamente, siendo alumnos, incluso de la escuela de arte, donde se realizaban jornadas de trabajo voluntarios, organizadas por el profesor y director de la escuela de San Alejandro Daniel García e íbamos a la fábrica de cerámica, fundada por Horacio de La Cruz, un individuo excepcional, un tipo de preceptos que trabajaba y resolvía, con un alto grado de consagración por su labor. Lo que quedaba era un horno viejo de cerámica, entonces Horacio fundó este taller el 1ro de enero de 1970, de ahí su nombre. Aquí se resolvían problemas materiales de la población: se fabricaban vasos y con la colaboración de la Empresa de Cerámica de Santiago de las Vegas se comenzó a producir piezas en blanco, sin decoraciones, hasta que un amigo nuestro empezó en este oficio.

¿Así que fuiste prácticamente un artista empírico?

Sí. En la escuela de arte no se daba cerámica. El primer libro de cerámica que leí fue el tomo de una enciclopedia rusa. Empezamos como los indios, empíricamente. De hecho, años después es que fundo el primer programa de estudios de la cerámica, aprobado por la ceramista Julia González. Fuimos recopilando información y la compartíamos entre todos. Quemamos etapas, es decir, estudiar o hacer parte de los recursos que se necesitaban demoraba cuatro años, nosotros lo hicimos en uno y en poco tiempo nos pusimos en un alto nivel.

¿Por qué este nombre, Terracota 4?

Yo empecé haciendo terracota que quiere decir tierra cocida o el equivalente en cerámica, tierra quemada por el fuego, y se refiere a una arcilla roja que se introduce en el horno y pasa a ser cerámica. Terracota es el material con que están hechos los ladrillos y los tinajones, es la técnica más humilde de la cerámica.

He tenido la posibilidad de utilizar todas las técnicas y no porque yo sea técnico sino en función de lo que quiero hacer y a la hora de expresarme —sabes cómo es la historia— si cuentas con un vocabulario de 400 palabras te expresas, pero si lo tienes de mil te comunicas mejor.

Sé que utilizas la técnica raku ¿En qué consiste y por qué esta técnica en especial?

En realidad quien mejor la ha sabido aprovechar, por su línea y estilo, es Amelia, quien ha hecho cosas maravillosas, pues el raku brinda posibilidades impresionantes y además permite hacer una pieza rápidamente en 48 o 72 horas; mientras que en otras técnicas tienes que esperar semanas.

Lo primero que hizo el hombre, de acuerdo con el tipo de civilización que tenían, fue la recolección, la caza y la pesca, y algunas de las canastas que fabricaban se quedó cerca del fuego, por lo que se quemó y se hizo cerámica, más bien terracota, hasta que finalmente se fabricó la porcelana.

El raku es una técnica milenaria de origen chino. Algunos autores dicen que es coreana, pero en China se difundió y está asociada a la ceremonia del te. Ahora en Japón hay un museo solo de raku donde hay piezas antiquísimas, históricas que valen millones porque son de dinastías. Esta técnica se hace con una arcilla especial que te permite casi instantáneamente quemar la pieza, donde hay mucho de fortuito porque en el raku no puedes hacer dos piezas iguales.

Llega el momento, cuando uno tiene dominio técnico, en que tú sabes lo que va a salir del horno, pero no aquí, es imposible porque depende del proceso de reducción de una viruta de madera, de un segundo de tiempo. Siempre me recuerda al día de los reyes porque era lo inesperado, asimismo pasa en el raku, al ver la obra uno dice: ¡mira que bueno salió esto, yo no pensaba que pudiera existir en la naturaleza! La gente siempre se entusiasma. Una técnica apasionante.

¿Alguna pieza suya en particular que le haya costado empeño y dedicación?

A todas me he tenido que dedicar, pero el primer proyecto grande, entre todos, diseñado por mí, fue el mural que se hizo en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), un diseño a gran escala y fue la posibilidad también de hacer cosas a un mayor nivel porque se hacían en el horno de la industria. Trabajábamos ocho horas por la iluminación, pero cuando llegaba a la casa, me ponía a formular los esmaltes, una línea de esmaltes mate para las frutas, y quedaron con un nivel de realismo extraordinario, era un gancho para atraer a la gente. No es una obra muy grande, desde el punto de vista conceptual o intelectual, pero a mí me gustó.

Y la primera vez que participé en un evento, en Italia, el más importante y antiguo de cerámica compitiendo parejamente con el de Francia, fue un mérito extraordinado porque de cuarenta artistas seleccionan cuatro o cinco, y las dos veces que envié a ambos países me aceptaron, no me dieron la medalla de oro, pero es como estar en las olimpiadas.

¿Cómo es el trabajo en un taller tan movido como Terracota 4?

Todos los ceramistas que vienen de provincia pasan por aquí y los que viven en La Habana; prácticamente todos los artistas cubanos. He tenido piezas de Fabelo, Zaida del Rio, Pedro Pablo Oliva, López Oliva, Kcho, Bonachea, Reynerio Tamayo, entre otros.

Cambiando un poco el tema. Nosotros organizamos simposios internacionales, por ejemplo uno de los últimos fue en el año 1994 que hicimos el simposio de raku porque antes habíamos hecho varias ediciones, sobre todo en el taller de cerámica de Varadero, un proyecto que presenté a través de la UNEAC como una especie de donación, y nosotros cada Bienal de La Habana colaborábamos con el taller allá, donde asistieron figuras destacadas como Vilma Villaverde, la mejor ceramista que tiene Argentina hoy en día, alumna de Leo Tabela, uno de los grandes.

¿Algún hobby que tenga? ¿Su relación con Amelia?

Crear. Me he tenido que reconvertir laboralmente porque tuve una operación en el ojo reciente, entonces estoy escribiendo tres libros a la misma vez, en realidad una trilogía, una biografía de ficción novelada. Soy el autor inédito más leído.

Amelia tiene más méritos que yo. No le gusta que se lo diga, pero tiene el privilegio de ser la mejor ceramista cubana y por supuesto, aguantarme a mí.

Si pudiera definir su vida en una frase, ¿Cuál sería?

He vivido. Ya eso es bastante, en cada momento he sido consecuente y he hecho lo que tenía que hacer.