Cultura vs sometimiento: verano 2016 en Sancti Spíritus

Cultura vs sometimiento: verano 2016 en Sancti Spíritus

  • Trazado diseño del plan de recreación para el verano espirituano 2016.
    Trazado diseño del plan de recreación para el verano espirituano 2016.

He estado invitado a los análisis y diseño del plan de recreación para el verano espirituano, honor inmerecido que agradezco y que asumo como el reconocimiento a los ciento cincuenta y siete escritores y artistas del Comité Provincial de la UNEAC. En esos claustros he optado por el non plus ultra de la sabiduría: escuchar en silencio a quienes me superan en saberes y luego, en soledad, metabolizar lo escuchado. Desde esa perspectiva he evaluado, con la lentitud propia de los hombres nimios, la monumental propuesta de acciones para atender la innumerable diversidad de preferencias, la minuciosa búsqueda en pro de ampliar las dimensiones éticas de nuestra población. Medité en la prolijidad de la visión sostenida para elevar al universo colectivo, la pluralidad como eje que unifica el pensamiento. Fue en medio de ese mar de ideas que trabajaron las seis Comisiones que para el efecto se constituyeron. Acogí con beneplácito como se relegaba la nefasta excusa de colmar “gustos y preferencias”, cuando hoy los jóvenes, adolescentes e infantes cubanos tienen necesidades y carencias, todas emparentadas con la pérdida de la memoria cultural y los intentos recolonizadores de sustituirla por modelos extranjerizantes, pero no precisamente latinoamericanos, si no del poder imperial. No es baldío recordar el proverbio oriental que sentencia: Mal acabará quien pretenda adentrarse en el futuro, ignorando lo que sucedió en el pasado. Esta quizá fue la amenaza latente por la cual el proyecto se estableció con un objetivo estratégico fundamental: desacelerar el galopante proceso de inversión de valores en los grupos, fundamentalmente jóvenes y adolescentes, que han sido sometidos al vacío conceptual a partir de la saturación en nuestros espacios públicos de esquemas seudoculturales donde los paradigmas naturalizan mal gusto, violencia, pornocultura, sexismo, chabacanería, etc.

Por fortuna la propuesta espirituana se lanza en pos de reevaluar epidérmicos abordajes a la hora de encarar la complejidad del sistema social. Alienta y esperanza ver como se tomaron en consideración experiencias comunitarias, autóctonas, participativas, y desjerarquizadas, desde donde pretenden promover formas alternativas de desarrollo que privilegian lo social a lo económico, lo cultural a lo tecnológico, lo local a lo nacional. Quedó sobre el tapiz que la dimensión cultural, como perspectiva de desarrollo, implica la intervención en los procesos de construcción de las identidades colectivas.

Llegado este punto sería la hora del vítor, pues sentimos la impresión que se avecina el verano que hemos soñado, pero…  y siempre aparece la dichosa conjunción, he visto tantos empeños nobles en años anteriores, tanto esfuerzo baldío luego de meses de conceptualización, que no me puedo sacudir la duda. ¿Cómo nos desharemos del lastre que representan aquellos que imponen sus gustos en el entorno sonoro o visual y nos hacen víctimas de su estulticia? Podemos normar, concebir, soñar, pero ¿podemos hacer cumplir? That is the question. En el mismo inicio de la arrancada aparece el alcohol que se vende inmisericorde, en busca del dinero que salve al país, dinero que realmente ultima al ciudadano, a la familia, al país.

Aparece quién en los espacios públicos impone su gusto a golpe de decibeles y vulgaridad, olvidando que el concepto de ruido es sonido no deseado. Aflora el restaurant al que no puedes asistir porque hemos olvidado cómo vestir, y se permite el acceso en shorts, chancletas o camisetas. Desaparece el buenos días, tardes o noches, o el por favor, desea algo, que se le ofrece, gracias. Emerge el vecino que olvida que vive en comunidad. Asoma el chofer que te aporrea con la música que te quiebra el espíritu, o que, fumando o permitiendo que se fume te pone en la cola del especialista en vías respiratorias, aparece el padre o la madre que consienten a sus hijos menores deambular a altas horas de la noche ante la mirada indiferente de tirios y troyanos y no aparece quien ponga coto. Así llegamos a una verdad de Perogrullo: toda norma, si no está acompañada de sanción, es estupidez.

El sueño del verano es hermoso, es alentador, los compañeros que han trabajado en su diseño son dignos del respeto y la gratitud de los espirituanos. Ellos lo merecen pero… (otra vez la conjunción): ¿qué garantiza que no vuelvan los infractores de siempre a hacer tabla rasa del desvelo de los que crean? Dudo en la misma proporción que confío en los que hoy edifican el universo simbólico de nuestra provincia, pues tenemos una herencia de trasgresión, de impunidad, de tener una práctica en los espacios públicos divergente del pensamiento edificador de los insomnes.

Confío, sinceramente confío cuando sé que en los centros gastronómicos y de comercio se ha dispuesto que en los televisores que en ellos se han instalado solo se trasmita el canal Clave, lo que aseguraría una propuesta sonora de calidad. Confieso que me ilusiona el sistema de giras provinciales para la familia, con destinos de alto valor histórico cultural y un verdadero disfrute a partir de la asunción del concepto de recreación sana. Me complace conocer que se han distribuido paquetes de música cubana bailable para que los operadores de audio regalen a los concurrentes… en fin que tengo la convicción que en pocos años esta ciudad va a lograr lo que se ha propuesto, que el trabajo conjunto, la construcción colectiva de saberes en la toma de decisiones y en la proyección de estrategias institucionales rendirá su fruto, que la sabia decisión de no trabajar en la emergencia, o la improvisación nos salvará de malas prácticas, porque, como se apuntara en la relatoría del ejercicio de debate y reflexión desarrollado en la UNEAC a finales de mayo, “La vulgaridad en la música, ¿una elección del pueblo cubano?”, la cultura es un arma con la que contamos para salvaguardar lo más autóctono de nuestros valores, nuestra cubanía, marca pautas y consolida nuestra ideología, Cuba es un Paradigma latinoamericano de libertad. Pensamiento político es cultura, ideología es cultura, defender nuestra cultura es también tomar un posicionamiento ideológico en la defensa de la Revolución Cubana. Es defender ese paradigma, la libertad de que nadie nos imponga. Pensemos que cuando se entrega a ignorantes vocacionales la conducción y diseño de los espacios públicos, mana su nefasta influencia icónica sedimentando antivalores, que sabemos son una construcción de los centros de dominación global, y que se proyecta como un modo de desestabilizar la cultura cubana, influenciar a nuestros jóvenes, sembrar la inquietud por el querer tener, más que por el deber ser. Contribuir con la revolución no es darle a los jóvenes sus gustos deformados y preferencias desvirtuadas en las plazas y discotecas sino educar el gusto, formar preferencias, desde la visión y el pensamiento proyectivo, eso también es defender nuestros símbolos y respetar nuestra identidad.