Festeja el Ballet Nacional de Cuba cumpleaños 90 de Fidel

Festeja el Ballet Nacional de Cuba cumpleaños 90 de Fidel

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Escénicos, Ballet Nacional de Cuba, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, Fidel Castro
  • La obra de Dionaea en homenaje al Comadante. Foto: Nancy Reyes
    La obra de Dionaea en homenaje al Comadante. Foto: Nancy Reyes

Para darles continuidad a las funciones dedicadas al aniversario noventa del natalicio del Comandante Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución, el Ballet Nacional de Cuba (BNC), que dirige la Prima Ballerina Assoluta y miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, llevó a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, un programa de lujo, que incluye obras clásicas y contemporáneas que configuran el repertorio de la emblemática compañía.

El programa fue estructurado sobre la base de tres obras Dionaea, Percusión para 6 hombres y Gran pas de Paquita. Ahora bien, en cada una de las funciones planificadas, se incorporó un pas de deux diferente: El talismán, Grand pas de deux classique y Chaikovski pas de deux.

Los papeles protagónicos fueron interpretados por los primeros bailarines Viengsay Valdés, Anette Delgado, Sadaise Arencibia y Dani Hernández. Completaron el elenco, los danzarines Grettel Morejón, Ginett Moncho, Adrián Masvidal, Rafael Quenedit, Patricio Revé y Raúl Abreu, muy bien secundados por solistas y miembros del cuerpo de baile, quienes supieron adaptarse —con la ductilidad que los singulariza— a las exigencias técnico-académicas y estilísticas de las obras llevadas al proscenio.

En esta crónica, no voy a destacar la excelencia artístico-profesional que identifica a las figuras insignia del BNC, sino que voy a focalizar mi análisis crítico en la forma sui generis en que Morejón, Moncho, Masvidal, Quenedit, Revé y Abreu dominan la técnica académica y el estilo de las obras clásicas y contemporáneas que integran el programa.

Por otra parte, esos talentosos bailarines demuestran —en cada salida a escena— su amor incondicional al arte de las puntas, porque están conscientes de que el virtuosismo técnico no es suficiente (aunque sí necesario), para alcanzar la cima de la montaña, si el bailarín no interioriza e incorpora a su estilo único e irrepetible de danzar, que lo que él hace en la barra, en los ensayos, en las clases, o en el escenario (nacional o foráneo) debe intelectualizarlo y espiritualizarlo, al decir del maestro Fernando Alonso (1914-2013).

Ese es, en esencia, el secreto que uno de los padres fundadores de la Escuela Cubana de Ballet, no se cansara de revelarles a sus discípulos en el contexto docente-educativo y fuera de él.

Según mi apreciación, esos jóvenes valores, formados al calor pedagógico y al rigor profesional, en que se sustenta el complejo proceso de enseñanza-aprendizaje de esa férrea disciplina artística, asimilaron, interiorizaron e integraron a su personalidad, en plena consolidación, los valores éticos, ideo-estéticos, humanos y espirituales que descubrieran en sus maestros y ensayadores, y en que descansa —precisamente— el cotidiano quehacer de un bailarín caracterizado por la integralidad.

No creo que a nadie que disfrutara de esas funciones especiales en honor al nonagésimo cumpleaños de Fidel le asista la menor duda al respecto.