Celebra Danza Contemporánea de Cuba cumpleaños 57

Celebra Danza Contemporánea de Cuba cumpleaños 57

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Escénicos, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, Danza Contemporánea de Cuba
  • Imagen de Matria etnocentra, obra de George Céspedes. Foto: Nancy Reyes
    Imagen de Matria etnocentra, obra de George Céspedes. Foto: Nancy Reyes

La compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC) celebra el aniversario 57 de su fundación con dos programas de lujo, integrados por obras antológicas del vigente repertorio activo de la emblemática agrupación. Dicha actividad festiva tiene como sede la sala García Lorca del Gran Teatro de Habana Alicia Alonso.

El primer espectáculo tuvo lugar este fin de semana e incluyó obras de tres coreógrafos insulares: El Cristal de Julio César Iglesias; Cenit de Laura Domingo; y Matria etnocentra de George Céspedes, Premio del Certamen Iberoamericano de Coreografía (CIC) Alicia Alonso.

Los días 7, 8 y 9 del mes en curso, subirá a la escena del Coliseo de La Habana Vieja las obras Reversible, de la creadora belga-colombiana Annabelle López Ochoa, Premio UNEAC de Coreografía 2014; Tangos cubanos del artista escocés Billie Cowie; y Mambo tres veintiuno, otro éxito indiscutible del laureado coreógrafo.

DCC ha sido valorada por la crítica especializada como una de las mejores de su tipo en Iberoamérica. A lo largo de sus 57 años ha recibido los aplausos del público y los elogios de la prensa internacional por sus magistrales presentaciones en los principales escenarios del orbe.

El repertorio activo de la compañía incluye las más disímiles obras que muestran la universalidad que la identifica, su estilo único e irrepetible, caracterizado por amplias posibilidades coreográficas y técnico-interpretativas, así como la integración armónica y funcional de las demás artes al lenguaje de la danza contemporánea, fundida con nuestros ancestros africanos.

Ancestros africanos, que no sólo condimentan el ajiaco multi-étnico-cultural y espiritual que, según el sabio don Fernando Ortiz, alimenta la personalidad básica del cubano, sino también fusionan estilos y formas sui generis de hacer en el contexto de esa manifestación danzaria.

La agrupación deviene madre nutricia de la danza en la mayor isla de las Antillas. En el seno de esa compañía, se formaron las figuras más relevantes del panorama danzario caribeño, y se gestaron proyectos cada vez más novedosos desde los puntos de vista coreográfico, técnico e interpretativo.

DCC, con sus presupuestos estético-artísticos originales, continúa abierta a las últimas tendencias de la danza en el mundo, en una búsqueda que no tiene fin, porque experimenta con disímiles estilos, lo cual le ha facilitado el acercamiento a creadores y escuelas de otras naciones, sin descuidar —en lo más mínimo— su esencia técnica, matizada por la más raigal cubanía

Esencia enraizada en raudales de africanía que proyectan ese crisol criollo expuesto al fuego tropical desde los tiempos inmemoriales de la zarabanda, el cumbé y otros bailes plebeyos.

Por su eclecticismo, excelencia artístico-profesional e integralidad de los bailarines que la componen, la convierten —sin duda alguna— en la compañía más universal del panorama danzario mundial y lo demuestra su capacidad de adaptarse e interpretar diferentes estilos: desde un lenguaje eminentemente neoclásico que da riendas a un espectáculo explosivo.

La indudable maestría de DCC radica en su unidad estética, sedimentada en la técnica de la danza moderna cubana, que desde nuestras raíces multi-étnico-culturales y espirituales, es capaz de apropiarse y re-elaborar todas las propuestas a las que se ha enfrentado en sus 57 años de desarrollo ascendente.

Sus puestas representan la idea mística que donde confluyen movimiento y quietud está lo momentáneo y lo eterno.