Waldo Leyva y su poesía de gran necesidad de subsistencia espiritual

Waldo Leyva y su poesía de gran necesidad de subsistencia espiritual

  • Según Waldo Leyva, "la poesía es para él "una necesidad de subsistencia espiritual”.
    Según Waldo Leyva, "la poesía es para él "una necesidad de subsistencia espiritual”.

La poesía es para él “una necesidad de subsistencia espiritual”, y quien escribe estas líneas diría que mucho más al incentivar en todos los que le leen —y buscan sus libros—, una necesidad imperiosa y sincera de amor, mas no sólo de naturaleza íntima o de convivencia consigo mismo, individual, que le nutre desde muy joven, sino de un sentimiento mucho más profundo que quizás (sin quererlo) comunica en cada uno de sus versos y que parte de su gran fuerza en ideas, principios y de infinitos valores de amor a la humanidad. Es Waldo Leyva, uno de los más connotados poetas cubanos de la contemporaneidad.

 

La poesía para Waldo Leyva, ¿desborde de ilimitadas aspiraciones/sentimientos? ¿Complicidad con su vida íntima y personal? ¿Compromiso político y social? Al respecto me viene a la mente su precioso título Y el mar saltaba inquieto sobre el muro (Para Margarita, desde el Sur del mundo), dedicado a su esposa Margarita.

“La poesía ha sido para mí todo eso y de muchas maneras. La poesía es para mí una necesidad no sólo de expresión íntima de aspiraciones y sentimientos, de mi diálogo con el entorno o de la forma de apreciar la vida, sino también una necesidad de subsistencia espiritual. La poesía me resulta indispensable. No desdeño ninguno de los temas como tampoco las posibilidades que brinda la poesía.

Soy también un poeta social, al igual que le brindo un espacio a la intimidad, a un monólogo conmigo mismo —de hecho tengo un libro Diálogo de uno (Ed. Letras Cubanas, 1988)—, de esa especie de reflexión sobre el tiempo, sobre el ser, sobre el qué somos y qué aspiramos. Cuando hablo acerca del tiempo, estoy constantemente juntando tiempos: la infancia, el presente, el futuro; son memorias del pasado, del presente, del futuro”.

Poesía, narrativa, periodismo, ensayística…¿A cuál coloca como gusto personal?

“Considero que la poesía es lo que más he ejercido, al ser el espacio donde más cómodo me he sentido, al que me remito con más frecuencia, y a la vez ha sido una especie de guía para acercarme a la literatura que he abordado durante muchos años. Al respecto he publicado poco como narrador —un relato testimonial, algunos cuentos—, al igual que tengo mucha narrativa sin publicarse la que, en algún momento volveré a remitirme.

“La prosa ensayística también fue un tema que no asumí con la misma intensidad que la poesía, aunque he escrito bastante. De hecho es probable que este mes (diciembre) o el próximo sea publicado en México un libro de mi autoría de cerca de trescientas páginas en el que se incluyen algunos ensayos, prosa diversa…De los primeros, existe uno referido al poeta José María Heredia y el romanticismo; estará presente un ensayo sobre Nicolás Guillén; otro, sobre la poesía cubana en la Generación del 98…El título aportará materiales literarios en general como artículos y reflexiones sobre pintura, música, fotografía y, en especial, poesía. Igualmente, tengo otro título sobre ensayística aún sin terminar.

“En el caso del Periodismo, esta profesión la he ejercido durante muchos años, casi salió junto con la poesía. Rememoro en este momento a la Universidad de Oriente donde estudié y fundé la revista Mambí, al igual que fui colaborador de otra, Taller de la Universidad, la revista Santiago. Más tarde fundé y dirigí la revista Columna, la que no obstante su corta vida supo recoger todo el movimiento artístico-literario de los jóvenes de Santiago de Cuba de la década de los sesenta del pasado siglo. Luego fundé y dirigí también un suplemento literario, Del Caribe, perteneciente al periódico Sierra Maestra, germen de la publicación actual con similar nombre.

“Tiempo después tuve la satisfacción de fundar y dirigir también la revista Letras Cubanas (ya desaparecida), que en cada uno de sus números nos ofrecía una antología de la literatura cubana contemporánea. Al mismo tiempo he estado vinculado como periodista a la publicación El Caimán Barbudo, a La Gaceta de Cuba… Por otra parte, quizás salga otro libro mío El otro lado del catalejo, el que recoge parte de mi labor periodística, a partir de un conjunto de entrevistas realizadas años atrás a personalidades como Sergio Corrieri, Luis Ortega, Luis García Montero, Álvaro Salvador, Juan Manuel Roca…Lo considero un estupendo libro pues cada una de las entrevistas constituye una especie de ensayo dialogado acerca de la tradición poética, el teatro, la vida cultural de varios países como Colombia, México…”.

Los tiempos actuales y la necesidad de profundizar en nuestra Memoria histórica…

“Este ha sido uno de mis temas recurrentes. Hace un tiempo el diario Granma me publicó un artículo donde abordé dicho tema donde expuse una frase de Luis García Montero: Olvidar el pasado, es comprometer el futuro. Los pueblos necesitan tener visión del porvenir, trabajar para las nuevas generaciones, consolidar las posibilidades futuras de cada ciudadano y del país pero, ante todo, sin olvidar quiénes somos, de dónde venimos y quiénes realmente sedimentaron lo que realmente somos y la posibilidad de ser quiénes somos  Todo ello se incluye en mi poesía, en mi trabajo personal, en mi labor como promotor y director de Cultura comunitaria durante casi cuarenta años con vista a mantener viva la tradición no sólo por sí misma, sino también como fundamento del desarrollo. Es por ello que fundé el Centro de la Décima, para salvar nuestra tradición identitaria, nuestra lengua…Este ha sido mi trabajo durante muchos años a partir de no sólo conservar, sino también cuidar, como forma de proyectar nuestra cultura y el desarrollo del país”.

¿Qué autores cubanos han dejado huellas prominentes en su obra?

“Son varios. En definitiva, un escritor siempre se está alimentando de lo que lee, de lo que conoce. Existen varios autores cubanos que son lectura obligada, como son los casos de Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Fayad Jamís…Sin embargo, la influencia no es la que tú descubres en un giro, en un verso; es algo que va más allá: es lo sustancial que, de alguna manera, alimenta tu obra. En actitud, Heredia, por ejemplo, ha sido para mí algo muy importante, al igual que otros autores del siglo XIX como Julián del Casal y, por supuesto, José Martí. La lectura martiana es para la formación del escritor, sin lugar a dudas. Internacionalmente he estado muy cerca de poetas como Vallejo, Neruda, Borges, Machado… al igual que con poetas mucho más jóvenes que yo, y con quienes he sostenido profundos diálogos como es el caso de Luis García Montero. Con éste último he tenido puntos de contacto acerca del modo de ver y expresar la poesía”.

Entre sus títulos publicados, ¿a cuál le otorga mayor mérito? ¿Por qué?

“Esa es una pregunta difícil, pues uno siempre se enamora de todos sus hijos. Sí hay algunos libros que quiero mucho y que han significado para mí puntos de giro y consolidación de determinados principios. Hay un pequeño libro o cuaderno y del cual se habla poco, escrito a finales de la década de los setenta o principios de los ochenta: Diálogo de uno. En él se incluyen algunos de mis poemas, y una muestra de la que sería más tarde la poesía que quería y la que estoy haciendo actualmente: una poesía reflexiva que ahonda sobre el ser, la realidad, acerca de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos; sobre el tiempo que nos circunda… Esta poesía se consolida en dos obras, publicadas en los años noventa, que marcaron un momento importante en mi vida: El rasguño en la piedra y Memorias del porvenir. Realmente, en la práctica, ambas constituyen un mismo libro y que definen no sólo mi manera de ver y hacer la poesía, sino también una época. Son los momentos de la caída del muro de Berlín, de cambios en la Europa oriental, de cambios en la historia de este mundo, además de su impacto en cada uno de nosotros desde el punto de vista individual. Mas, no es un libro que habla sobre esos hechos históricos, sino de algo que se refleja en el ser individual; acerca de cómo lo observó, lo sintió, lo expresó”.

El tema de nuestra América en su obra: ¿Compromiso/necesidad intelectual? ¿Prominencia cultural de este otro lado del mundo? ¿Influencia de la docencia?

“Martí es nuestro guía esencial para pensar, observar, para entendernos y para comprender y profundizar en la historia de este continente. Siempre he sentido el tema de nuestra América; me siento muy cubano, esencialmente cubano, a la vez  que me considero un hombre de América. No sólo en relación con muchos de sus puntos de contacto —como es el caso de la presencia de un idioma similar, el español; aunque existen regiones de nuestro continente donde se hablan dialectos diversos como medios de comunicación que no deben ni pueden ser desdeñados—. Me siento como un hombre que palpita por su país y por nuestra América, como bien la identificaba Martí. Y no sólo para separarla de la otra América, la del Norte. Con esa otra América sostenemos un diálogo con lo mejor de su gente, de su cultura, el que ha formado parte también -queramos o no--, de nuestra propia visión del mundo.

“Por otra parte, fui profesor universitario de Literatura cubana, de Literatura Hispanoamericana y de Estética durante varios años, ocupación que considero surgió como algo circunstancial en mi vida. Al respecto rememoro al amigo panameño profesor Nils Castro, director de la Escuela de Letras de la Universidad de Oriente, a quien debo mi formación como alumno-ayudante, y a quien tiempo después, tras su partida, sustituyo en su cátedra. Sin embargo, aquel fue un desempeño circunstancial pues, realmente, la rigidez burocrática universitaria –entre otras exigencias--, me desestimuló a continuar llevando a cabo dicha tarea. Por aquella época desempeñaba también el cargo de presidente de la UNEAC en Santiago de Cuba, a la par que realizaba otras ocupaciones que me interesaban más que el magisterio”.

¿Qué recomendar a nuestros jóvenes escritores como forma de enfrentar actuales concepciones/influencias  dirigidas a minimizar/subvertir mediante la imposición de elementos externos/foráneos la legitimidad de la Cultura cubana?

“En el caso de nuestros escritores lo más importante siempre es y será profundizar en lo mejor de la literatura cubana y universal. Cuando se profundiza en ellas se estará preparado para afrontar y no dejar influenciarse por lo externo en lo que respecta al arte. Este a veces te brinda contemporaneidad, la ilusión de hallar reconocimientos, mas todo ello resulta efímero. En el arte hay que buscar lo esencial, lo auténtico. Hay que ser auténtico. No puedes pensar expresarte como lo hizo el otro, o como lo hizo alguien a partir de su propia identidad —que ya no es la tuya—; es por ello que todos esos cantos de sirena pueden ser nefastos para el arte y para la literatura en particular. Te extrae de tus raíces, de tu identidad, te hace vulnerable”.

Fidel y Raúl: en su poesía, en su vida como intelectual revolucionario...

“Hace años atrás cuando alguien me preguntó acerca de Fidel, de la Revolución cubana, siempre respondía que tanto para mí como para mucha gente de mi generación, ni Fidel, ni Raúl, ni la Revolución constituían tan sólo —y sin dejar de serlo por supuesto—, un hecho político, sino dos dirigentes, dos hombres vinculados a mi biografía. Hoy, soy quien soy, porque ambos existen. De lo contrario, yo podría haber sido o ser cualquier otra cosa. Soy alguien que procedo de las capas más humildes de la realidad cubana. Soy hijo de obrero agrícola —tan siquiera de campesino—, pues no tenía tierra donde vivir o cultivar; se veía forzado a partir hacia el camino real en busca de trabajo. Yo no conocía ciudad alguna, tan sólo el pueblo de Florida…Triunfa la Revolución cubana, en Enero de 1959, no sabía apenas leer ni escribir y, de la noche a la mañana, estoy becado en La Habana. Recibo un proceso de nivelación hasta obtener el sexto grado. Continuo entonces mis estudios y me presento tiempo después a un pre-curso universitario en Santiago de Cuba —en este momento recuerdo nuevamente a mi amigo panameño quien me conminó a cursarlo—, lo apruebo y paso a la Facultad de Humanidades donde en un momento determinado llego a ser profesor-ayudante.

“Es por todo esto que siempre he dicho que Fidel y Raúl no son sólo para mí los grandes políticos. Por supuesto, Fidel es extraordinario, es el gran genio de la política desde mediados del pasado siglo pero, para mí reitero, ambos son mucho más que eso, al estar vinculados a mi propia existencia”.

¿Escribiría algún poemario referido a Martí y a Fidel?

“No creo. Existen cosas muy fuertes que me dejan sin palabras. En algún momento de mi vida escribí un poema sobre Camilo. ¿Por qué lo hice? Porque tenía que hablar de Camilo en un acto. Me lo pidieron y tuve que hacerlo. Cuando él se perdió fue un hecho terrible para todos los cubanos. En mi caso, era muy joven y  me conmovió brutalmente. Asimismo, cuando Fidel anunció la muerte del Che, yo estaba en aquel momento en Santiago de Cuba. Nunca olvido que mi primer impulso fue caminar. Caminar por toda la ciudad, e incluso, caminar bordeando la costa, ir del mar hasta las faldas de las montañas…Caminar y caminar. No se me ocurrió nada más.

“¡!¿Quién sabe si haga esto que me preguntas en algún momento?!! Lo que sí es seguro que nunca lo haré a partir del oficio. Ahora podría sentarme y comenzar a escribir muchas frases sentidas, profundas…Pero no quiero hacerlo por oficio. El día que salga, saldrá…¡Y será porque lo necesito!”.