Martí el artista

Martí el artista

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Músicos, José Martí, homenajes
  • Pintura Para un amigo, 1998, del artista Ángel Mayet, óleo sobre tela 70 x 50 cm.
    Pintura Para un amigo, 1998, del artista Ángel Mayet, óleo sobre tela 70 x 50 cm.

“Mientras haya un bien que hacer, un derecho que defender, un libro sano y fuerte que leer , un rincón de monte, una mujer buena, un verdadero amigo, tendrá vigor el corazón sensible para amar y loar lo bello y ordenado de la vida”.

José Martí

José Julián Martí además de su cualidad de guerrero y Apóstol, fue un pensador intelectual, un verdadero artista. Vivió desde muy joven inquieto por el arte y la cultura, expresó su pensamiento instruyendo el arte.

De joven siente atracción por el teatro, asiste tras bambalinas a algunas representaciones. Para marzo de 1867 vive en Peñalver 53, hace algunas visitas a la casa de sus suegros en las afueras de Guanabacoa, sorprendentemente, en el afán y las inquietudes, el 15 de septiembre ingresa en la Escuela Profesional de Pintura de San Alejandro en Dragones 62, entre San Nicolás y Rayo, allí se mantiene estudiando hasta el 31 de octubre de 1862.

Además de sus inquietudes por la pintura Martí estudió por su cuenta un libro titulado Tratado teórico de música, del autor Narciso Téllez y Arcos, publicado en 1868. Este libro lo encontró Alejo Carpentier en los archivos de la Biblioteca Nacional en La Habana. El novelista descubrió la firma inconfundible del maestro. El volumen, aunque bien conservado, ostentaba las nobles huellas del estudio. Ciertos trazos a lápiz, frases subrayadas, correcciones manuscritas de erratas de imprenta revelaban por parte de Martí, una ávida y atenta lectura.

Solo un verdadero artista pudo escribir palabras como esta:

“Pero puesto que la poesía ungió tus labios con las mieles del verso, canta amigo mío, el mar tormentoso, semejante al alma; el relámpago, semejante a la justicia de los hombres; el rayo que quebranta nuestras palmas; los bravos pechos que llenan con su sangre nuestros arroyos. Cuando te hieran, ¡canta! Canta cuando te llamen errante y vagabundo, que ese vagar no es pereza, sino desdén. Canta siempre, y cuando mueras, para seguir probablemente lejos de aquí cantando, deja tu lira a tu hijo, y di como Sócrates a sus discípulos en la tragedia de Giacomettii: ¡Suona el ánima canta!”.

Relacionado con la música, las palabras de Martí abarcan la filosofía y el alma de esta manifestación, leerlas pueden llevarnos a comprender y amar la música en todos sus aspectos: científico, médico, sicológico, educativo, político y hasta reglamentarios.

Valdría la pena volver a leer al maestro, interiorizar sus pensamientos y comentarios musicales. La música va más allá del arte de combinar los sonidos con el tiempo. La música es la vida toda. “La música es el hombre escapado de sí mismo”, expresiado por él.

Según palabras de uno de los mejores biógrafos del maestro Blance Zacharie de Baralt: “El Martí como patriota, eclipsó por mucho tiempo su reputación de gran pensador y escritor. Por el consenso de la opinión más autorizada, Martí es considerado como el escritor más grande que ha producido Hispanoamérica. Sus cartas constituyen su mejor biografía; allí está de cuerpo entero en cada palabra, cada pensamiento, cada concepto”.

Son muy valiosos sus magníficos ensayos sobre los destacados estadounidenses de su época: Emerson, Whitman, el filósofo Alcott y Grant. Están retratados por él con mano maestra, son ejemplos de observación precisa y de profunda penetración critica. Los discursos del orador cubano deben estudiarse como modelo de oratoria inimitable.

José Martí es el mejor ejemplo que tenemos en nuestra América, un verdadero guía como artista, como intelectual y como hombre.