Camarada, ¿cómo fica na coisa?

NATURAL DE CAIBARIÉN

Camarada, ¿cómo fica na coisa?

  • ¿Cómo anda la cosa? es un subterfugio que los cubanos hemos inventado para ganar tiempo y recortar palabras.
    ¿Cómo anda la cosa? es un subterfugio que los cubanos hemos inventado para ganar tiempo y recortar palabras.

El caso es que los cubanos tenemos muchos dichos y decires que se han hecho muy populares, algunos son de reciente aparición, y otros nos han seguido a través de los años.

Por ejemplo, de reciente aparición pueden ser mi ambia curiñán, asere qué volá, este ecobio es de acocán; de más atrás pueden ser ¡dime mi socio!, mi herma, el primo, y todavía más atrás nagüe, ni ariente ni pariente, esa jeva está buenísima, este es mi consorte, etc.; pero una de las más usadas es la frase o la pregunta ¿cómo anda la cosa?

La cosa, según el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española en su vigésima primera edición, es “Todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, material o artificial, real o abstracto”. “Es objeto inanimado por oposición a ser viviente”, “en ocasiones negativas significa NADA”, “asunto tema o negocio, en contraposición a persona o sujeto”, “el objeto de las relaciones jurídicas”, “el objeto material en oposición a los derechos creados sobre él y a las prestaciones personales”, “de entidad cosa de sustancia, de consideración, de valor”, y como no quiero cansarlos les digo que tiene además cincuenta y cuatro acepciones colaterales, lo que hace que su concepto ocupe una columna y media del texto.

Evidentemente para la lengua española la palabra “cosa” es tan universal y tan generalizada que lo dice todo y no dice nada, según la visión de quien la aborde.

Entonces cuando los cubanos emitimos la frase o la pregunta ¿cómo anda la cosa?, en primer lugar estamos compulsando al interrogado a que nos hable del tema que tiene prioridad uno en su vida de ese día, y partir de ahí pueden salir a colación variados temas como la vida personal del interrogado, su vida familiar, matrimonial, social, laboral, material, espiritual, y hasta sexual, pero también puede referirse a la política, tanto nacional como internacional, a los estudios si es que se estudia, a las lecturas que uno hace, a las interpretaciones personales de la situación imperante, si se siente bien de ánimo o está deprimido, si estamos en una fiesta puede propiciar a catalogar cómo marcha el brindis, si es en un baile si se baila o no, si estamos comiendo indaga si la comida está sabrosa y bien cocinada, y le sigue un gran etcétera que no tiene fin. O sea incitamos al interlocutor a confesar sus penas o sus aciertos más cercanos en el tiempo.

En fin, ¿cómo anda la cosa? es un subterfugio que los cubanos hemos inventado para ganar tiempo y recortar palabras, y también para lograr preguntar de una sola vez por todo y por nada, y propiciar que el interrogado nos hable de su situación, privada o no, lo que más actualidad tiene, y que más preocupación o más entusiasmo le genera.

Es una manera genial para empezar una conversación aunque sea con un desconocido, y sirve hasta para dar pie a la acción de enamorar a otra persona.

Y ustedes me dirán ahora, muy bien, pero ¿por qué el título? Y es que esa es otra parte de esta historia.

Cuando los cubanos llegamos a Angola en los primeros tiempos, yo fui a comienzos de 1976, tuvimos obligadamente que intimar con los angolanos. En mi caso estaba radicado en la ciudad de Cabinda, y tuve que recibir clases de portugués porque mi trabajo me exigía compartir con los propios ciudadanos. La maestra de portugués era una mulata preciosa llamada Ana María, que alguna vez fue objeto de mis fantasías sexuales más exquisitas.

Y el problema era que siempre que nos veíamos salía la consabida pregunta de ¿cómo anda la cosa?, y los angolanos, que no usaban ese artilugio, no entendían bien cómo traducir nuestra expresión, hasta que alguien, desconocido como siempre que aparecen las frases geniales sucede, lo montó en su repertorio, y al tiempo se hizo muy popular, y por ello, cuando nos encontrábamos angolanos y cubanos, ellos nos decían: Camarada, ¿como fica na coisa? Y entonces eran las risas.