Reinaldo Cedeño: Ni mejor ni peor, un periodista diferente

Reinaldo Cedeño: Ni mejor ni peor, un periodista diferente

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Asociación de Escritores, UNEAC Santiago de Cuba, Reinaldo Cedeño Pineda
  • El periodista y escritor aprendió que hay que detenerse donde los demás pasan. Foto: cortesía del entrevistado
    El periodista y escritor aprendió que hay que detenerse donde los demás pasan. Foto: cortesía del entrevistado
  • Distinción Soler Puig, reconocimiento a su labor como promotor. Foto: cortesía del entrevistado
    Distinción Soler Puig, reconocimiento a su labor como promotor. Foto: cortesía del entrevistado

Me esperaba sentado en un parque ubicado al lado de Radio Siboney, porque una vez más tembló la tierra en Santiago de Cuba, literalmente hablando, y no es un efecto para sumarle valor a este diálogo con un periodista que, además, es literato.

Con ese carácter tan afable que siempre tiene para con los otros, incluso con quienes no somos sus más allegados, Reinaldo Cedeño dibujó una sonrisa al verme, y me dijo que se protegía a cielo abierto de los terremotos.

Y así fue como empecé a conversar, con el temor del principiante, al dos veces Premio Nacional de Periodismo Cultural, entre otros lauros que distinguen su fructífera obra como el Premio José Soler Puig, que otorga el Centro Provincial del Libro en esta oriental provincia.

Eres uno de los periodistas que comparte esta profesión con la de escritor ¿Cómo llegas a la distinción José Soler Puig?

En primer lugar, me sorprendió porque por una razón u otra nadie me lo había dicho, me enteré un día antes de la entrega, fue la primera vez que me sucedió eso, entonces la sorpresa fue doble.

¿Qué pasa? A Soler Puig yo lo conocí cuando tenía 20 años. Le fui a hacer una entrevista como parte de mis prácticas de segundo año de periodismo. Y recuerdo que me recibió como si me conociera de toda la vida, eso fue lo primero que me impresionó, porque era un señor que ya era famoso, además yo lo había estudiado, estaba frente a un clásico vivo de la literatura.

Le hice la entrevista, todo funcionó perfectamente, pero le pedí que cuando yo terminara de redactarla me hiciera el favor de revisármela, y efectivamente, así fue. Pero qué sucede, que cuando yo le llevo la entrevista, aquel hombre se lee aquello como tres veces, y yo dije, ay dios mío ¿qué sucederá? Y Soler Puig me miró y me dijo: “Esta entrevista no es mejor ni peor, es diferente”.

Me lo dijo con una cosa que me llamó la atención, eso nunca se me ha olvidado, que una persona de esa fama reparara en que fue diferente, era un elogio muy grande para mí, que apenas empezaba. Luego lo conocí a él y a Chila, y vi que no solamente estaba frente a una institución, sino además una gran persona. Que mi nombre aparezca ligado al de Soler Puig de alguna manera, es un regocijo, la verdad, un regocijo extraordinario.

Pero, sin dudas ya tienes un amplio trabajo literario que sustenta un premio como este…

Tengo como 10 u 11 libros publicados. Estoy contento porque pronto va a salir uno de poesía que se llama “La abeja libando sal”, estoy muy feliz con eso, porque lo más importante para mí es lo que estoy haciendo, no lo que ya hice.

Naturalmente estas distinciones las dan por lo que ya uno ha hecho. ¿Qué he hecho?, uno hace tantas cosas que la verdad luego no se acuerda, fíjate. Pero he creído mucho en el otro periodismo, es decir, no en el periodismo de las cifras ni de las loas, sino en el periodismo de la gente, en el periodismo de la pasión, en el periodismo de labrar y pensar las palabras que se usan para que toquen a la gente, ese es el que yo he tratado de hacer. Por él he recibido algunos premios lo cual me alegra mucho.

A veces la gente me dice, “!Ay! un premio más”, nunca un premio es un premio más, es un premio que hay que agradecer porque la gente que compuso el jurado o la gente que seleccionó y te hizo candidato a un premio pensó en ti, y es muy importante agradecer cuando piensan en ti, porque uno anda por esta vida con mucho esfuerzo, y que alguien un día te de un abrazo y te diga qué bueno lo que hiciste, te mereces esto, es muy satisfactorio, la verdad, no vamos a ser hipócritas.

He escrito tanto sobre Santiago de Cuba, sobre música, sobre los fenómenos naturales como La noche más larga, un texto que me dio mucho trabajo y mucha satisfacción. Tengo tres libros de poemas publicados, es lo que menos hago, publicar poesía me da mucha pena. La poesía es algo sublime para mí y entonces es algo difícil, y he visto volúmenes que a mí no me gustan nada, y no quisiera andar en esa categoría, me reservo mucho para publicar poesía. Pero, la hago siempre, a cada rato.

He colaborado en tantas cosas ya, y actualmente, incluso a veces me preguntan cómo puedo hacer tantas cosas, y yo también me lo pregunto, pero bueno se hace. Soy muy curioso, reparo mucho en los detalles de las cosas, a mí me dijo una vez Orlando González, el gran documentalista, algo que nunca he olvidado, que hay que detenerse donde los demás pasan, porque ahí es donde están las cosas.

Yo vivo en Santiago de Cuba, aunque últimamente he viajado mucho a otros lugares del país por el trabajo en la UNEAC, pero yo vivo en Santiago de Cuba y desde aquí he tratado de tocar al país completo, más allá si es posible. De esa manera, yendo a las raíces de las cosas, no deteniéndome tanto en los eventos que pasan si no en las cosas que quedan, así he logrado lo poco que he podido.

También eres el artífice fundamental del Premio Caridad Pineda in Memoriam, que auspicia la UNEAC en Santiago. ¿Cuánto representa para tí?

Ese concurso es una cosa muy grande para mí, yo otras veces lo he dicho, es un sueño que nació de un dolor, inspirándome en mi madre, Caridad Pineda, que fue una tenaz defensora de la lectura, una maestra, una soñadora.

Increíblemente cuando yo quise que la gente contara el libro que lo ha marcado, nunca me imaginé las maravillas que he visto. Cuánto un libro puede significar para una persona que está creciendo espiritualmente, físicamente, una persona que está dolida por una discriminación o por una persona que perdió o por algo que le han hecho, cuánto significa para una persona que está enferma, baldada en un asiento, o que está privada de la libertad por algo que sucedió en su vida, o para un niño o para un anciano que ansía encontrar cosas que lo animen, y ahí entonces han aparecido esas historias, que a mí y al jurado nos han dejado así, maravillados.

Entonces, yo me alegro mucho, porque la promoción de la lectura es esencial, pero la promoción de la lectura es algo que se hace de manera muy mecánica, no toca a la gente directamente, siempre hay que tratar de, emocionalmente, darle participación a las personas, que no sean receptáculos pasivos, que formen parte, que se integren, eso es lo que ha tratado de hacer este concurso.

Yo creo que es un aporte a la manera otra, una manera original, y sobre todo una manera directa, emocional de que las personas puedan participar y compartir qué sentimientos sintieron por un libro. Incluso sé que hay integrantes del jurado, personalidades muy sobresalientes que nunca se habían leído un libro, lo han hecho porque se lo han contado de una manera tan entusiasta y tan emocional que los ha motivado. Esas son cosas que deslumbran, que me han tenido bien y me han dicho que la idea es buena.