El niño limpiabotas que fue cantor del pueblo

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

El niño limpiabotas que fue cantor del pueblo

  • Muchas son las voces que reconocen la importancia de su creación. Foto tomada de Internet
    Muchas son las voces que reconocen la importancia de su creación. Foto tomada de Internet

Armando Tejada Gómez (1929- 1992) nació en el seno de una paupérrima familia mendocina, descendiente de indios huarpes, como antepenúltimo entre 24 hermanos.

Quedó huérfano de padre a los 4 años. Comenzó a trabajar a los 6, como canillita (vendedor callejero de diarios) y luego lustrando zapatos. Asistió a la escuela durante medio semestre.

Empezó a escribir poesía a los 13 años. A los 15 termina su primer poemario. “Era un adefesio fenomenal”, después comentaría.

En 1954 gana un certamen literario que le permite publicar Pachamama, poemas dedicados a la tierra y a la cosmología americana.

Aquel obrero albañil ingresa en el mundo de la radio. Pero lo expulsan por no vestir de luto a la muerte de Evita Perón, “a quien admiro, pero no me gustaba que fuera obligatorio”.

Forma parte de un grupo de jóvenes a quienes les gustaba el jazz, Beethoven, Mozart, Bach, la tonada, la cueca. Es cuando escribe "Hay un niño en la calle", recordando al canillita que había sido:

“Hay un niño en la calle…

¡Hay un niño en la calle!

Es honra de los hombres proteger lo que crece,

cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,

evitar que naufrague su corazón de barco,

su increíble aventura de pan y chocolate

poniéndole una estrella en el sitio del hambre.

De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo

ensayar en la tierra la alegría y el canto,

porque de nada vale si hay un niño en la calle.

A esta hora exactamente,

hay un niño en la calle.…

¡Hay un niño en la calle!

No debe andar el mundo con el amor descalzo

enarbolando un diario como un ala en la mano.

Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,

golpeándonos el pecho con un ala cansada.

No debe andar la vida, recién nacida, a precio,

la niñez arriesgada a una estrecha ganancia.

Porque entonces las manos son inútiles fardos

y el corazón, apenas, una mala palabra.

A esta hora exactamente,

Hay un niño en la calle.

¡Hay un niño en la calle!” […]

Se suma al movimiento sindical y, por encabezar protestas de los trabajadores, lo envían al fondo de una celda en diez ocasiones.

Sus luchas lo llevan hasta ocupar una curul de diputado en la Cámara. “Mi madre, doña Florencia, diosa del país de Cuyo, me lo enseñó todo. El primer día, cuando iba para la Cámara, me dijo: “No mienta nunca a su pueblo”, y me besó. Con esa orden hice toda mi tarea legislativa”.  Intentan sobornarlo, con un lujosísimo auto. Pero él responde que a pie había ido hasta la Cámara y que a pie se iba a retirar.

En su obra, siempre tuvo la vista clavada en los preteridos, en los magullados por la sociedad, Véase este precioso poema, “Vino triste”, que sería magistralmente musicalizado e interpretado por Amaury Pérez Vidal:

Ese hombre que entra al bar,
sin sombra que le ladre,
ése que pisa y pasa sin rostro
y sin señales.
Pide su trago solo,
de espaldas a la calle,
bebe su trago solo,
inmóvil, devorándose.
Paga, piensa otro trago
sin gastar ni una frase
y luego se va solo,
hacia la noche y nadie.
Ese tipo va herido,
ese tipo va herido,
y la muerte lo sabe.

Ni los muchísimos premios, ni la autoría de 15 libros y unas 200 canciones iban a marearlo. “Yo ya no necesito nada. Estoy despojado de todo. Tengo todo lo que podría tener un hombre, un negrito de la Medialuna: estoy en el Espasa Calpe; ¡qué sé yo!, todas las zonceras que huelen a almidón y a eternidad”.

Claro, el bardo argentino jamás imaginó que, más de una veintena de años tras su muerte, el presidente ecuatoriano Rafael Correa, propondría a su estremecedora Canción con todos como himno de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR):

Salgo a caminar
por la cintura cósmica del sur.
Piso en la región
más vegetal del tiempo y de la luz.
Siento al caminar
toda la piel de América en mi piel
y anda en mi sangre un río
que libera en mi voz su caudal.
Sol de Alto Perú,

rostro Bolivia, estaño y soledad,

un verde Brasil

 besa a mi chile cobre y mineral.

Subo desde el sur

hacia la entraña América y total,

pura raíz de un grito
destinado a crecer y a estallar.
Todas las voces, todas
todas las manos, todas
toda la sangre puede
ser canción en el viento.
¡Canta conmigo, canta
hermano americano
libera tu esperanza
con un grito en la voz!”.

La conmoción causada por la pieza se explica, porque “…el canto de nuestra gente se nos inoculó para siempre en la mente y en el espíritu. En la sangre ya lo traíamos”.  http://new.losandes.com.ar/article/v/articulo/cultura-53100