Alejo Carpentier, cronista de todos los tiempos (Parte I)

Alejo Carpentier, cronista de todos los tiempos (Parte I)

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Alejo Carpentier
  • Carpentier mantuvo una incansable labor como periodista en distintos diarios habaneros y sostuvo colaboraciones con otros. Foto tomada de Prensa Latina
    Carpentier mantuvo una incansable labor como periodista en distintos diarios habaneros y sostuvo colaboraciones con otros. Foto tomada de Prensa Latina

El periodismo ejercido por Alejo Carpentier (1904–1980) lo convierte en un cronista ingenioso y perspicaz de los momentos históricos en que vivió como espectador y, además, como partícipe. Desde las crónicas escritas en sus días juveniles en París para diversos medios habaneros –asombrado por el teatro, las artes plásticas, la música y la literatura de corte vanguardista, con una prosa ágil, dinámica y atenta, además, a la tradición cultural occidental– hasta las publicadas en periódicos como El Nacional de Caracas, donde explora con interés sin igual la génesis de lo americano como esencia identitaria, observable también en muchas de sus novelas, se puede establecer un arco objetivo para comprender los intereses y obsesiones creativas del Premio Cervantes 1977.   

“El niño Alexis, procedente de Cuba, recorre las calles de Moscú a los nueve años de edad, en plena etapa prerrevolucionaria rusa. Él no lo sabe pero es capaz de interpretar las voces que oye porque su madre a quien luego conoceremos como Toutouche, es rusa. Diez años después él establecerá amistad en Cuba con Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Juan Marinello, a quienes considerará «maestros valederos»”. [1]  

En la cercanía de estos “maestros valederos” que menciona la periodista y narradora cubana Marta Rojas y sin haber alcanzado aún la mayoría de edad, Alejo Carpentier y Valmont (Lausana, 26 de diciembre de 1904–París, 24 de abril de 1980) inicia su andar en el mundo periodístico. Muchos de sus primeros trabajos aparecen bajo la firma de su madre, Lina Valmont, pues esa fue, ante todo, una manera de ganarse honestamente la vida. Luego Carpentier se haría cargo de modestas publicaciones donde realizaba diferentes labores y conocía los secretos de la redacción y la tipografía.

Fascinado por el universo de la letra impresa olorosa a tinta y plomo, Alejo nunca abandonó la práctica periodística que establece, por cierto, estrechos vínculos con su narrativa y su pensamiento americanista: “Desde La Habana o desde París, en México o en Caracas, Carpentier levanta el interés y la vigencia de lo americano, de Nuestra América, y se empeña en que tal valoración se realice a ambas orillas del Atlántico: allá como descubrimiento y acá como reconocimiento”, asegura José Antonio Portuondo en el prólogo a una de sus recopilaciones de crónicas. [2]

La visión objetiva del mundo que le rodea, la expresó en sus crónicas como “una forma peculiar del periodismo, apresamiento del instante o figura representativa, del suceso trascendente, que esclarece el sentido de la historia política o cultural”, añade Portuondo [3]. El valor intrínseco del periodismo de Carpentier se revela en un lenguaje comunicativo, en su apreciación crítica de la vanguardia del siglo XX y sus contextos, y en el testimonio palpitante de una época de singular importancia en lo artístico y en lo histórico. Sin embargo, su capacidad para la labor de divulgación —incluso didáctica— que subyace en su periodismo, nos corrobora que también era capaz de dedicarse por completo a un oficio que muchos consideran menor, y que un sinnúmero de grandes de las letras universales han llevado a reconocidas cúspides.

Según Portuondo, en el prólogo que realizó para el libro Crónicas, del autor de El reino de este mundo:

“La producción periodística de Carpentier puede ser dividida en cinco etapas: 1) sus primeros trabajos, 1922-1928, realizados en Cuba; en 1924 comienza su colaboración en Social y ese mismo año es designado jefe de redacción de Carteles; 2) sus crónicas parisienses, 1928–1939; 3) los trabajos producidos en una nueva estancia en Cuba, 1939–1945; 4) los escritos en Venezuela, publicados, en gran parte, en El Nacional de Caracas, 1945–1959; y 5) los trabajos posteriores a su reintegración a Cuba después del triunfo de la Revolución en 1959, que incluyen los redactados en París, durante su nueva estancia europea como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en Francia”[4].

El propio Carpentier, añade José Antonio Portuondo seguidamente, ha caracterizado estas etapas de la forma siguiente:

“La etapa de 1922 a 1928, puede considerarse como la del aprendizaje –aprendizaje que empieza a dar frutos en algunos artículos de Social de 1927–1928, y en otros, publicados en el suplemento del Diario de la Marina, que dirigía José Antonio Fernández de Castro.

Los artículos de 1928 a 1939, se dividen en dos categorías muy distintas, en lo que se refiere a Cuba: 1) los artículos de Social, muy bien ajustados a la actualidad artística y literaria que los motivaba; 2) los de Carteles, que son de muy distinto género, y no deben confundirse con los anteriores –porque no debe olvidarse que Carteles no era una revista literaria y que, por ello, «mis crónica de París» habían de ser mucho más sencillas, fáciles, periodísticas, que las de Social. (…) Los artículos de la etapa 1939–1945 son pocos. Y algunos, que enfocan la situación de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, están teñidos de un pesimismo que era general en aquellos momentos –no hay que olvidarlo– en lo que se refería al porvenir del Viejo Continente [5].

Añade además:

Creo que los artículos de la época 1945–1959 son bastante buenos –aunque habría que hacerse una selección entre los incontables que, durante más de diez años, publiqué en El Nacional de Caracas, pues, en muchos casos, se trataba de simples comentarios en torno a la actualidad artística o literaria del momento. Quiero exceptuar, sin embargo, los artículos acerca de mi viaje a la Gran Sabana, en los cuales pueden hallarse los gérmenes primeros de la novela Los pasos perdidos [6].

Carpentier vivió autoexiliado en Caracas, Venezuela, entre 1945 y 1959. Algunos críticos consideran esta etapa como la “más fecunda de su vida”, pues concreta en sus textos lo aprendido durante sus experiencias previas como narrador, investigador, periodista, crítico musical, profesor y editor. Estos años es reflejo de lo que podríamos llamar “la visión carpenteriana de Venezuela (América)” a través de los artículos publicados en el periódico El Nacional

El escritor cubano permaneció durante catorce años en Caracas, aun cuando su intención inicial no era vivir en esa capital durante mucho tiempo. Su estancia allí fue decisiva tanto para su labor de cronista como para la concepción de sus novelas: El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El acoso y hasta El siglo de las luces, cuyo manuscrito trajo consigo a La Habana al regresar en 1959. Además, fue contratado para trabajar en una Agencia Publicitaria y tendría una sección diaria en la columna “Letra y Solfa” de El Nacional, que requería de aproximadamente dos cuartillas y media.

En “Letra y Solfa”, Carpentier dio a conocer sus extraordinarias cualidades como crítico literario, de teatro, de pintura, de escultura y de cine; además sus profundos conocimientos de historia, arquitectura clásica y moderna, etnología, geografía, filosofía y política. Una muestra muy exigua de su virtuosismo, pues su obra total en El Nacional comprende disímiles textos publicados, todo lo cual nos confirma su variada y profunda cultura y su depurado estilo periodístico.

Según Graziella Pogolotti: “El autor tenía clara conciencia de su destinatario, persona informada y curiosa, aunque no necesariamente dedicada a un quehacer intelectual”. [7]

En el desempeño de sus labores como crítico de una publicación masiva y periódica como El Nacional, muchísimos fueron los comentarios que escribió Alejo sobre literatura. Entre otras razones porque la vocación le inspiraba, lo mismo que le merecía el respeto del hombre prudente, según dijo el propio Carpentier en 1974:

“Nunca he usado la pluma para zaherir, molestar, criticar duramente a un escritor o artista contemporáneo mío (...) Cuando una obra me parece mediocre o mala, guardo silencio ante ella (...) Creo además que pasaron los tiempos en que una suerte de ferocidad crítica (algo provinciana, por cierto) se practicaba, entre nosotros, como un deporte”. [8]

Fiel a esta norma, el intelectual escribió artículos de notable sabiduría, por lo general de excelente factura y que coincidieron en el tiempo con una de las fértiles jornadas de su quehacer en la narrativa. Fue en Venezuela, específicamente en un artículo publicado en El Nacional, en 1948, donde Carpentier introduce su teoría de “lo real maravilloso”, con la cual se le identifica y se establece la diferencia con otros escritores del llamado “boom” latinoamericano, que, de alguna manera, antecedió. Al año siguiente ese texto apareció en la introducción de su novela El reino de este mundo.  

Carpentier describió “lo real maravilloso” en la introducción de su conocida novela:

“Pisaba yo una tierra donde millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes licantrópicos de Mackandal, a punto de que esa fe colectiva produjera un milagro el día de su ejecución. (…) A cada paso hallaba lo real maravilloso. (…) ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?”. [9]

Así expandió su concepto a lo exclusivamente latinoamericano. En El reino de este mundo, “lo real maravilloso” forma una perspectiva más de la historia; no es necesariamente una ficción.

Carpentier mismo afirmó, según Portuondo que “hacer periodismo —yo lo he hecho durante muchos años— significa, para el novelista, establecer un contacto directo con el mundo. Yo creo que el periodismo puede significar el acercamiento y conocimiento de ambientes que pueden ser utilizados en la narrativa” [10].

 

Notas:

[1] Marta Rojas: “Carpentier de cerca”, Granma, 2004, p. 6.

[2] José Antonio Portuondo. En Alejo Carpentier (2007): Crónicas I. Técnica periodística. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente Brau, p. 12.

[3] Ídem, p. 5.

[4] Ídem, p. 7.

[5] Ídem, p. 7–8.

[6] Ibídem.

[7] Editorial (2015): “Carpentier periodista”. Consultado en: www.fundacioncarpentier.cult.cu

[8] Ídem.

[9] Alejo Carpentier (2005): El reino de este mundo. Caracas: Fundación CELARG: Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, p. 13–16).

[10] José Antonio Portuondo, ídem, p.11.