John Sayles, santo patrono del cine independiente norteamericano

John Sayles, santo patrono del cine independiente norteamericano

  • John Sayles. Foto tomada de Internet
    John Sayles. Foto tomada de Internet
  • Fotograma del filme Casa de los Babys, estrenado por Sayles en 2003. Foto tomada de Internet
    Fotograma del filme Casa de los Babys, estrenado por Sayles en 2003. Foto tomada de Internet

No obstante ser el padre tutelar de ese fenómeno cultural dado en llamar “cine independiente norteamericano”, el realizador John Sayles no resulta tan conocido cuanto debiera por los receptores de dicha pantalla hoy día.

Este director, literato y guionista estadounidense nació hace 67 años en Schenectady, estado de Nueva York.

Publicó su primer libro a los 25 años. Luego de dejar inconclusos sus estudios de Psicología, recorrió el país ejerciendo mil oficios sin resultados y escribiendo de lo que le pareciera. Sin hacer esto último nada mal parece, pues ya su segunda novela, Union Dues, era nominada por el National Book Award y el National Books Critic Circle Award.

En 1978 compuso su primer guion cinematográfico: Piraña, destinado al director Joe Dante, en una producción perteneciente al rey de la Serie B, Roger Corman, a cuyo lado estampó sus primeros pasos en la pantalla, a la manera de Martin Scorsese y James Cameron. Piraña fue una película espantosa, no precisamente por ser de terror. No comenzó bien el hombre en términos fílmicos; pero no siempre los comienzos son auspiciosos en esta industria.

Sin embargo, el éxito taquillero de los peces asesinos le propiciaría el encargo del libreto de La dama de rojo, de Lewis Teague, y de Los siete magníficos del espacio, singular remake del filme de Akira Kurosawa, Los siete samuráis. Luego escribiría los guiones de Aullidos y La bestia bajo el sol, de nuevo para Dante y Teague, en orden respectivo. Las cosas precisaban cambiar; pues la anterior definitivamente no iba a ser la cuerda en la que pensaba moverse la primera gran estrella del cine independiente.

Las malas lenguas dicen que Melissa Mathison le robó la idea original de ET, para Steven Spielberg. En todo caso, él nunca dijo nada.

Durante solo 22 días rodó su opera prima en el campo de la realización: Return of the Seacucus Seven (1980), filme coral premiado por el Círculo de Críticos de Los Ángeles, sobre amigos reunidos, de la guisa de la posterior y mucho más conocida Reencuentro, de Lawrence Kasdan, quien no se sonrojó al admitir que se había inspirado en el filme de Sayles. Entre ambas inaugurarían una suerte de subgénero de la pantalla.

Durante las dos décadas finales del siglo XX comenzaría a cimentar su carrera como director, la cual incluye Matewan, Ocho hombres, Ciudad de esperanza, The Brother from Another Planet, Estrella solitaria, Pez pasión y Hombres armados, entre otras producciones.

Su estilo autoral, comenzado a remarcar en estas piezas, resulta fácil de identificar, porque suele combinar en una amalgama de convergencias los puntos de vista de un extenso grupo de personajes. Él parte de la trama central general y desparrama historias secundarias interrelacionadas: núcleos y subtramas pertrechadas de fortísimo componente humano, teñidos del signo de lo cotidiano, visto ello en sus aspectos aparentemente menos significativos.

Sobre su poco ortodoxo modo de hacer películas ha escrito: “Es importante la cantidad de elementos que sumo a la trama. Le pido al público que acepte esa complejidad y esté alerta”.

En Pez Pasión (1993), una de las cintas más interesantes de este director independiente —quien además fabrica guiones para la industria, actúa, dirige obras teatrales y hace televisión con el propósito de costearse sus proyectos fílmicos “indies” —, la fuerza radica en el guion y en los diálogos; así como en la contundencia de las actrices.

La naturaleza, en dicho filme como El secreto de la isla de las focas (1997) y en cierta forma también en Estrella solitaria (1996), participaba como un personaje más. Por cierto, de este último largometraje mencionado, muy bien recibido en su día, un importante crítico estadounidense reflexionó: “Si la receta de la perfección existiese, la pieza de Sayles podía servir de modelo”.

Desde trece años atrás, al estrenar Lianna (1983) —la historia de una mujer que encuentra su realización al separarse de su frustrado esposo y hallar el amor en otra representante de su sexo— el cineasta no había recibido ovación crítica tan señalada.

En Limbo (1999) la naturaleza es también un ente interactuante, de subrayada fuerza en el desarrollo del relato. Y, como en los anteriores filmes del realizador, el espectador debe poner bastante de sí para adentrarse en una historia donde aparentemente no sucede nada, pero en la cual sus participantes tocan el costado más peligroso de la vida.

Varios críticos han sostenido, y entre ellos me incluyo, que ese inquietante y abrupto final de Limbo logra transmitir como pocas veces en la pantalla el verdadero sentido de la vida, generalmente sustentada en la incertidumbre. Un filme este tranquilo, sereno; aunque a la vez arremolinado, aprehensivo.

Sayles (autodenominado “el abuelo del cine independiente norteamericano”) estrenó en 2003 su obra Casa de los Babys, exponente de uno de los intereses tradicionales de su creador: las culturas hispánicas. En Cine ya trabajaría el tema en Hombres armados (1987), que filmara en México con el intérprete argentino Federico Luppi; así como en Estrella solitaria. También lo ha hecho a través de algunos textos literarios.

Casa de los Babys examina el tema de las norteamericanas que cruzan la frontera rumbo al sur, en busca de niños en adopción. No es extraño que Sayles aborde semejante problemática, cuando de siempre su cine abundaron tantos estas u otras preocupaciones sociales como la crítica al sistema clasista norteamericano y los estándares morales burgueses.

Precisamente lo ácido de su crítica social, Baby it´s You (1983), una de sus primeras y contadas películas producidas por el sistema de estudios, le costó abandonar las grandes casas fílmicas y moverse al planeta independiente. Para siempre. La Paramount no estuvo de acuerdo con el resultado final de esta producción, pretendiendo reducir a esquirlas su intención primaria durante el montaje.

“No encajo en los estudios. El precio que tengo que pagar es trabajar fuera y no llegar a tanta gente”, manifestaría a la sazón el santo patrono de los independientes, un artista de esta parcela de la creación cinematográfica estadounidense tan iconoclasta como Robert Altman; si bien bastante menos conocido por el gran público que el viejo maestro de Kansas.

Es el guionista y director de Sunshine State (2002); Silver City (2004); Honeydripper (2007), Amigo (2010) y Go for Sisters (2013) —su última película hasta el momento, lleva cuatro años inactivo—, una figura en quien los jóvenes cineastas “indies” hallan asidero moral y visibilizan el paradigma del artista comprometido que pone ética y obra por arriba de todo, y es capaz de renunciar a los beneficios económicos de la industria para seguir realizar un cine afincado a sus más firmes convicciones y valores. Alguien en quien confiar, sin reservas.