Alice Walker busca su piedra verde en Cuba

Alice Walker busca su piedra verde en Cuba

Etiquetas: 
Literatura
  • Cubierta de En busca de la piedra verde de Alice Walker. Cortesía de Ediciones La Luz
    Cubierta de En busca de la piedra verde de Alice Walker. Cortesía de Ediciones La Luz

A la escritora norteamericana Alice Walker —autora del clásico El color púrpura, novela por la que obtuvo en 1983 el cotizado Premio Pulitzer y el National Book Award— la unen sólidos vínculos de amistad con Cuba. Muchos de sus textos han visto la luz por diferentes sellos nacionales, varios de ellos traducidos por el escritor holguinero Manuel García Verdecia.

Esta vez Alice Walker —nacida en Eatonton, Georgia, en 1944 y destacada activista por los derechos sociales de los afroamericanos— cedió los derechos de su libro para niños, En busca de la piedra verde, para que fuera publicado por Ediciones La Luz, sello holguinero de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en su colección infantil Jigüe, pues, como ella misma afirma en las palabras Al joven lector cubano: “Cada uno nace con su propia luz especial, la cual está representada en esta historia por la piedra verde. Ella es nuestra más íntima franqueza, amabilidad y consideración. Es nuestro amor por uno mismo y por el otro. A veces, si no protegemos ese «suave» sitio en nuestros corazones, podemos hacer cosas perjudiciales que nos hieren y también hieren a otras personas y al mundo que nos rodea. Cuando eso sucede, perdemos nuestra «piedra verde», la luz que nos muestra el camino a la paz, la cordialidad y la alegría. Somos dichosos realmente si vivimos en una comunidad que nos ayude a encontrar o a redescubrir lo que hemos perdido”.

A esa luz especial —la misma que irradia el sello editorial holguinero que tuvo a su cuidado la edición— se refiere Alice Walker en el hermoso libro–álbum ilustrado por el artista pinareño Yunier Serrano (Valerio) y con traducción de Manuel García Verdecía, quien, como su padre, se adentra con éxito en los complejos caminos de la traducción literaria.

En busca de la piedra verde cuenta la historia, ubicada en “un pequeño poblado de la Tierra”, nos dice Alice, de dos hermanos (Johnny y Katie) que poseen unas hermosas piedras verdes iridiscentes, símbolo de los valores y virtudes que tienen como seres humanos. “Las piedras resplandecen de modo brillante y son lo suficientemente pequeñas para caber en sus manos. Los niños aprecian mucho sus piedras y con frecuencia juegan con ellas, cogiéndolas de sus bolsillos y alzándolas hacia el sol, metiéndolas en el agua clara de la orilla del mar, entre las rocas, y sacándolas de nuevo y así en lo sucesivo”, escribe Alice.

Sucede que un día Johnny pierde su piedra verde: primero acusa a su hermana de habérsela robado y después comprende que cada cual posee una piedra única, ejemplo de su personalidad y dones, y que solo él podrá encontrarla después de haberla perdido. Entonces comprende que de nada sirve su actitud negativa y malhumorada y pide disculpas a aquellos que antes ofendió: su propia hermana, el viejo señor Rosehard, su padre y su madre… al mismo tiempo que estos lo acompañan, aunque sin éxito, en la búsqueda de su piedra verde por todo el pueblo. Aquí Alice nos recuerda que cada cual conserva, como la piedra de su historia, esa esencia intangible de humanidad que nos hace ser de alguna manera especiales y, al mismo tiempo, diferentes…

Finalmente Johnny —después de desistir en la búsqueda y haber comprendido el cariño que todos tenían por él mientras le ayudaban a buscarla— tomó “una pequeña piedra y la acarició” entre sus manos. “En efecto —nos cuenta Alice Walker—, cuando Johnny siguió la mirada de Katie y bajó la vista hacia su mano, ¿qué vio? No la piedra opaca y sin brillo que creía sostener, ¡sino su propia piedra verde radiante!”.

La autora de El color púrpura —llevado al cine por Steven Spielberg en 1985 y luego a Broadway en 2005 en versión de la propia Alice— retoma “uno de los temas ya conocidos en su literatura para adultos: la lucha entre el bien y el mal, y la línea finísima que separa uno de otro. El arrepentimiento, pero no desde la imposición o las reglas de la sociedad en que se vive, sino desde la concientización del individuo y de los códigos morales que sustenta. Una piedra verde brillante, símbolo del amor que puede sentir un ser humano por otro, sirve como excusa para que todos los personajes reflexionen sobre la importancia de ese sentimiento y lo que representa en la vida de los humanos”, asegura el escritor Eldys Baratute en su texto “El rumbo de la piedra verde: Alice Walker y Maga Villalón”.

Con edición de Irela Casañas, diseño y composición de Frank Alejandro Cuesta y corrección del poeta Luis Yuseff, editor jefe de La Luz, En busca de la piedra verde se aleja de los “conceptos tradicionales del álbum ilustrado, sobre todo el de factura nacional, con textos muy bien ilustrados pero que apelan más a lo lúdico de una historia que muchas veces se queda en la epidermis y no llega a emocionar o los lectores, negando la tradición que de este formato existe en Latinoamérica con libros, incluso, dedicados a los adultos”, añade Baratute.

En esta historia, las ilustraciones de Valerio resultan parte inseparable del libro, incluso realza sus valores escriturales mientras recrea, para el lector, un mundo onírico y en ocasiones surrealista, mediante trazos sencillos y casi minimalistas. Además, el joven artista explota los recursos expresivos de la gráfica y el dibujo propios de la ilustración infantil norteamericana.

Alice Walker ofrece al lector cubano, especialmente a los más pequeños, una historia sencilla que nos hará, sobre todo, reflexionar mientras buscamos dónde guardamos nuestra piedra verde, aquella que resplandece con nuestra mirada y nos hace ser más felices y cada día mejores.