La sexualidad desde lo que somos, o de lo que creemos que somos

La sexualidad desde lo que somos, o de lo que creemos que somos

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Santiago de Cuba
  • Dirigido por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos, A dos manos es el resultado de una incansable labor por el rescate del teatro de relaciones y la formación de nuevos profesionales. Fotos: De la autora
    Dirigido por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos, A dos manos es el resultado de una incansable labor por el rescate del teatro de relaciones y la formación de nuevos profesionales. Fotos: De la autora
  • Dirigido por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos, A dos manos es el resultado de una incansable labor por el rescate del teatro de relaciones y la formación de nuevos profesionales. Fotos: De la autora
    Dirigido por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos, A dos manos es el resultado de una incansable labor por el rescate del teatro de relaciones y la formación de nuevos profesionales. Fotos: De la autora

Una pervertida profesora de filosofía marxista leninista, que estuvo presa por espiar a sus alumnos mientras se bañaban; una niñita sobreprotegida por su mamá, debido a problemas cardiacos que termina siendo puta y dos hermanos, el mayor demasiado decente y mojigato, el otro un callejero que cree ser guapo y sabérselas todas. Un tema que los une como al resto de los seres humanos: la sexualidad.

Pareciera que una vez se recae en temas comunes, y es así ciertamente. Sin embargo, los integrantes del grupo teatral A dos manos, de Santiago de Cuba, con la puesta en escena de Ni este sexo es mío, escrito por Carmen Corella Mustelier, lograron una propuesta diáfana, sin rebuscamientos extremos, que no trata de mostrar una realidad inexistente ni más mordaz de la que habitualmente se conoce.

Dirigida por Alexander Legró Carter, la propuesta, estrenada en el Teatro Martí, de esta oriental ciudad, convocó a un público diverso conocedor del arte de las tablas que agradeció los toques de humor y la originalidad de la puesta en cuanto a la musicalización y el desempeño de los actores, quienes se mostraron confiados y seguros de sus personajes.

No es la primera vez que se invita a un cantante a subir a escena en una obra teatral, pero en este caso la presencia de un rapero, no solo fue un recurso para apelar a la cotidianidad santiaguera, sino además sirvió para conectar la puesta con la contemporaneidad de los tiempos que se viven actualmente y llamar a la reflexión ante lo que sí pueden ser verdaderos problemas y aquello que convertimos en problemas.

Una escenografía simple y sencilla, permitió a los actores desenvolverse cómodamente en el escenario, donde el texto tomó el rol protagónico a la hora de presentar las diferentes realidades desde las cuales las personas viven el sexo: metódica, desenfrenada, pervertida, obscena… y al final por mucho que nos esforcemos la vida continúa igual, porque así son las personas, tropiezan una y otra vez con la misma piedra.

Dirigido por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos, A dos manos es el resultado de una incansable labor por el rescate del teatro de relaciones y la formación de nuevos profesionales del arte de las tablas, por quienes llegan ya a medio siglo de trabajo en la actuación.