La Parranda de Caibarién

NATURAL DE CAIBARIÉN

La Parranda de Caibarién

  • Celebración de esta tradición en Caibarién. Foto tomada de Radio Caibarién
    Celebración de esta tradición en Caibarién. Foto tomada de Radio Caibarién

Nací en Caibarién, un puerto pesquero de la costa centro norte de Cuba, del  que se comentaba, era la región más cercana entre Cuba y Estados Unidos.

Y el ciclón Irma pasó por Caibarién.

En esos días escribí un pequeño poema que no lo he mostrado a nadie y que dice así:

 

“Ha pasado un ciclón por Caibarién

no anduvo bien.

y arrasó con el pobre Caibarién.

Ahora no sé

si llorar por todo lo perdido

o blasfemar por lo evidentemente acontecido.

Quiera el destino

si es que existe el destino en esta historia

que  lo que es miserable se haga gloria

y por su bien

Caibarién vuelva a ser muy pronto Caibarién.”

 

Pero hoy no quiero hablarles de Caibarién y su terrible ciclón, y si de una tradición de muchos años, en ocasiones, poco mencionada por los medios y que son las parrandas.

La parranda, según cuenta la historia, nació en Remedios gracias a la habilidad de un cura voluntarioso, que para lograr que los fieles asistieran a la misa del gallo, que se celebra al alborear del día 25 de diciembre, salía en la madrugada acompañado de un grupo de muchachos, que sonando matracas, golpeando latas y cajas, y soplando fotutos, despertaban a los vecinos a fin de que llegaran puntuales a la iglesia.

Con el tiempo ello se convirtió en tradición, se formaron dos barrios contendientes, San Salvador y El Carmen, y el propio 25 de diciembre en la noche organizaban una fiesta pública con música, fuegos artificiales, y los habitantes de los dos barrios bailando unas viejas polkas con cada uno de sus equipos.

Con el tiempo la tradición llegó a Caibarién, y como que el pueblo comienza en una loma y termina en la orilla del mar, se crearon dos barrios, La Loma y La Marina, La Loma armada de una bandera azul donde se dibuja una montaña, y La Marina con una bandera roja con un ancla blanca en unos de sus costados.

Y yo soy marinero, nacido en Puerto Arturo, el lugar donde vivían casi todos los pescadores.

“La bandera roja

con  el ancla blanca

el barrio del sueño

y de la esperanza”.

Pero en mi infancia se organizaba la parranda en la esquina de la casa, y la música que tocaba aquel conjunto era distinta a la de Remedios, no eran polkas, ni una conga, ni la rumba. Y se hacía de una manera muy curiosa, y para contársela tengo que hacer una breve digresión.

Caibarién es un lugar donde siempre se ha pescado mucha langosta. Y antes la pesca de  la langosta se hacía con tres elementos: el cristal, el jamo y el chapingorro.

El cristal era un cubo de madera, hecho a la manera de una pequeña batea, al cual se le incrustaba un cristal en uno de sus extremos y servía para mirar el fondo del mar. El jamo era una larga vara de patabán con un cesto tejido en la punta, y el chapingorro era otra larga vara con una cabilla de hierro en el extremo, algo jorobada. Y el sistema de pesca funcionaba cuando el pescador detectaba, a través del cristal, la cueva de la langosta, le acercaba el jamo a la entrada, y con el chapingorro la asustaba para que al salir presurosa se enredara en la red, y así se pescaba. Hoy se usan otros métodos menos sofisticados y más productivos, pero el caso era que cuando el cristal se rompía, cosa que pasaba a menudo, se “reciclaba” el cubo de madera, y en lugar del cristal se le ponía un cuero de chivo y se convertía en un tambor para la parranda, que se tocaba con dos palos cortos. Todo ello acompañado de veinte o treinta cencerros que intentaban tocar cada uno de manera diferente, pero acorde con el ritmo que marcaban los tambores. Detrás de aquella “bunga” iba casi todo el barrio cantando coplas ofensivas contra el otro barrio, y un grupo de “artilleros” tirando voladores y cohetes. Las coplitas decían:

“Ya la Loma se murió

y la llevan a enterrar

dice Paco Echemendía

yo no entierro a ese animal”

Paco Echemendía era entonces el presidente del barrio La Marina.

“Que salga el toro

que ya salió

que en los lomeros

me cago yo”

“La Marinia se murió

en un cuarto muy oscuro

y de velas le pusieron

cuatro plátanos maduros”.

“Angoa, angoa, angoa

la picúa come gente

angoa, angoa, angoa

ella pica y no se siente”.

“La Marina come sardina

Y la Loma mierda e paloma”

“Donde vas enterrador

con la noche tan oscura

voy a abrir la sepultura

que la Loma se murió”.

En las parrandas había “entradas” de faroles y muñecones, uno de ellos se hizo muy famoso entre nosotros los niños del barrio, era Frijolillo, y a él le cantábamos una coplita que decía:

“Frijolillo caracolillo

lleva candela en el fondillo”.

Luego, con el tiempo, los tambores cambiaron a tumbadoras, se le incorporaron trompetas y trombones, aunque siguieron la multitud de cencerros, se agregaron carrozas y trabajos de plaza, y el barrio siguió arrollando, ahora con una buena conga, detrás de su bandera que siempre abrirá el desfile.

Y pasó el tiempo y la famosa águila y nunca más he disfrutado de una parranda en el barrio, pero les juro que no quisiera irme de este mundo sin volver a arrollar detrás de la bandera roja con el ancla blanca, vestido con un “mocho”, que es el pantalón cortado sobre las rodillas que usan los pescadores en sus faenas, arrollando, bebiendo ron, y cantando las nuevas creaciones de estos tiempos.