La Cuba del ‘58

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

La Cuba del ‘58

  • Desde aquel año, el Cristo medio mulato de Jilma bendice a la capital. Foto tomada de Internet
    Desde aquel año, el Cristo medio mulato de Jilma bendice a la capital. Foto tomada de Internet

Comadres y compadres: hoy tripularemos, “welsianamente”, la máquina que nos trasladará en el tiempo hacia una época remota. No tan lejana como para llevarnos hasta los días en que aquí mandaba la mal llamada Madre Patria, pero sí a una era, en la cual aún no habían visto la luz primera una aplastante mayoría de nuestros compatriotas.

Partamos pues, en alas de esa loca de la casa, la Señora Imaginación, hasta el año 1958.

Si de cultura se trata…

Durante aquel año aciago, inmerso en una atmósfera nauseabunda, asfixiado por un smok sangriento, el cubano no renuncia al fino cultivo del espíritu.

Alejo Carpentier publica Guerra del tiempo y El reino de este mundo; Onelio Jorge Cardoso, El cuentero; Nicolás Guillén, La paloma de vuelo popular ; Carilda Oliver, Memoria del fuego; Cintio Vitier, Lo cubano en la poesía; Lydia Cabrera, La sociedad secreta abakuá; Eladio Secades, Estampas; Roberto Branly, Las claves del alba; Ambrosio Fornet, A un paso del diluvio; Salvador Bueno, Trayectoria de Labrador Ruiz; Raúl Cepero Bonilla, Política azucarera; Esteban Rodríguez Herrera, Léxico Mayor de Cuba (primer tomo). Y un largo etcétera.

Sarita Montiel hace furor en La Habana y Nat King Cole está grabando en español para la Panart. Pero los cubanos no nos quedamos relegados a la vera del camino. Así, Xiomara Alfaro graba para la Víctor Serenata mulata, de Bobby Collazo, y Las D’Aida  No sé qué hacer con este corazón, acompañadas por  la Orquesta de Chico O’Farrill. La Sonora Matancera estrena El balcón aquel, de Leopoldo Ulloa. Ñico Membiela graba su primer disco: Besos salvajes. Un resurgir del chachachá: la Aragón muestra piezas como El pañuelito blanco. Debuta, en el show de El Parisién, el cuarteto Los Bucaneros, mientras Pacho Alonso crea el conjunto Los Bocucos. En el otro extremo del diapasón, Leo Brower da a conocer Tres danzas concertantes.

Carmelo crea su Prisionero político conocido; Raúl Martínez, La tierra. Se instala el monumento vedadense a Calixto García, obra de los de los norteamericanos Felix Weldon y Elbert Peets. Sosabravo realiza su primera exposición personal, en la capitalina Sala Atelier. Jilma Madera ha parido el Cristo de La Habana, tan inconmensurable como ella misma.

Y, para que nada falte, nuestra cultura gastronómica se enriquece con un recién llegado; la longaniza de cerdo a la pinareña.

No hay lugar a dudas: el marzato fue incapaz de derrotar al inmarcesible empuje del  cubano.

Un desastre-país

Prefiero que me escupan en el rostro, antes que escuchar un cántico laudatorio a la Cuba pre-1959.

Hay detalles que, por sí mismos, pudieran ser suficientes para reflejar por completo el estado calamitoso de una nación. Así, quizás sería suficiente saber que en 1958 la Academia de Ciencias es una oficina del Ministerio de Justicia, sólo destinada a emitir dictámenes medicolegales. Le asignan un generoso presupuesto: 600 pesos anuales.

Hay 600 mil niños sin escuela, y 10 mil maestros sin aula.

Vegetan  549 mil desempleados, en una población laboral de 2 millones 204 mil.

La tuberculosis figura entre las primeras causas de muerte

El 8% de los propietarios posee más del 70 % de las tierras.  Un central azucarero, el Delicias, tiene 6 mil caballerías (o sea, por encima de 80 mil hectáreas, más que el área de La Habana Metropolitana).

El guajiro se encorva sobre el surco, para asegurar la pitanza de la prole. Pero él es un aparcero, quien, víctima de dictamen estrictamente feudal, ha de entregar una porción de la cosecha. O todavía peor, un precarista, al cual los geófagos y la Guardia Rural pueden sacar de su sembrado a patadas o a tiros.

Las inversiones norteamericanas en Cuba sobrepasan  los mil millones de dólares.

Unas 10 mil familias cubanas dependen del juego, sin incluir su rama hotelera.

Las mujeres sólo constituyen el 14,8 % de la fuerza laboral. Pero se estima que unas 11 mil 500 se ganan la vida con la prostitución.

Para buena parte de los 6 824 542 habitantes del país, la existencia no era precisamente un lecho de rosas. Quizás suspiraban, desplegando un rictus desesperanzado, y metían entre pecho y espalda algunas de las 38 millones de cervezas producidas ese año.

Pero no. No se quedaban en eso… Se comportaban con arrojo pasmosamente homérico.

Un año con grato final

Año fructuoso.

Desde la salida al aire de Radio Rebelde hasta la habanera Noche de las Cien Bombas. Desde el secuestro de Fangio —un palo propagandístico—  hasta la derrota de los batallones que pretendían una ofensiva batistiana. Desde la apertura en las comarcas orientales de tres nuevos frentes hasta el avance capitaneado por Camilo y El Che hacia la cintura de Cuba.

Cuando cae Santa Clara —a cientos de kilómetros de la capital— el sátrapa, despavorido, trepa a un avión en Columbia. (En él, siempre, compitieron la amoralidad y la cobardía, aunque algunos —quienes lo comparaban con un pelo púbico—, juraban que ganaba la segunda). Va llorando, de miedo. Y también por dejar atrás nueve centrales azucareros, dos refinerías, dos destilerías, un banco, tres aerolíneas, una papelera, una compañía transportista por carretera, una productora de gas, dos moteles, varias emisoras de radio, una televisora…

Y, así…  así el ‘58 fue un año que nos deparó un “happy ending”.