Gritos en tonos oscuros

Gritos en tonos oscuros

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: Plásticos, Centro Cultural Fresa y Chocolate
  • El espectador que no conoce a Martinez Ávila puede creer, cuando está frente a sus obras, que es un hombre pesimista. Fotos: Cortesía del artista
    El espectador que no conoce a Martinez Ávila puede creer, cuando está frente a sus obras, que es un hombre pesimista. Fotos: Cortesía del artista
  • El espectador que no conoce a Martinez Ávila puede creer, cuando está frente a sus obras, que es un hombre pesimista. Fotos: Cortesía del artista
    El espectador que no conoce a Martinez Ávila puede creer, cuando está frente a sus obras, que es un hombre pesimista. Fotos: Cortesía del artista

Las maneras rebeldes y protestantes con las que Vladimir Martinez Avila plasma la realidad y le pide cuentas regresan a su más reciente exposición, Gritos en silencio, en la sala habanera Fresa y chocolate.

Sigue fiel a su marca gráfica más curiosa: tornillos, letras y cuños, unas veces reales y otras, pintados, que coloca en casi todos sus cuadros, en general en formatos grandes y con técnica mixta. Un collage que hace interesante la expresión de su pintura.

Llama la atención que los gritos de rebeldía de Martinez Avila, 38 años, quedan plasmados en tonos sobrios, a veces oscuros. “No me gustan los colores chillones, me molestan a la vista y además creo que es muy fácil utilizar los colores hechos. En cambio, lo difícil es crearlos, obtener la combinación que uno desea”, explica con avidez de hacerse entender.

El espectador que no conoce a Martinez Ávila puede creer, cuando está frente a sus obras, que es un hombre pesimista. Hay mucho en su obra de preocupación por el entorno, tanto cercano como lejano, por el presente y el futuro. Sin embargo, su pensamiento natural tiende al optimismo, a lo positivo, a confiar en que las cosas se logran trabajando. Es quizás uno de los enigmas del arte: nunca se sabe con exactitud cuánto de la esencia del artista está en los cuadros.

De acuerdo con el crítico Frank Padrón, autor de las palabras del catálogo de la exposición, posible de ver hasta el 30 de noviembre próximo, “números y letras (in) forman el mundo pictórico de Vladimir Martínez Ávila, junto con otros objetos  domésticos y/o extraídos del imaginario social: con ellos el artista discursa en torno a todo aquello que co(a)rta o limita la libertad individual y general: porque esos candados, instrumentos pérforo-cortantes, medallas o cuños siempre aparecen en función —aunque sea para mal— del ser humano, de la naturaleza”.

Pero Vladimir también hace notar que, pese a desventuras, retrocesos, mezquindades del ser humano, éste avanza y sigue su camino, tesis que de por sí despierta en el espectador deseos de debatir y preguntarse.

La de Vladimir Martínez Ávila es una muestra que exhibe la evolución creativa de un pintor que no ha estudiado en academias y que, sin embargo, no deja al azar su desarrollo: es un estudioso, un trabajador constante, con una obsesión por no repetirse. “Trato siempre de revolucionar mi pintura. Odio encontrar lo mismo en las exposiciones de determinado artista. Huyo de eso como espectador, así que imagínate como artista”.

Lo que más llama la atención de su obra es que dos años sin verla permiten comprobar el espíritu de renovación de Vladimir Martinez Avila y, sobre todo, su capacidad para lograrlo desde su negativa a no caer en la tentación del éxito fácil. “Yo puedo hacer ese arte comercial que uno ve en las ferias, con esos colores chillones, alegres, lindos, pero no es lo que busco. Prefiero pasar trabajo, romperme las neuronas, pero crear, al menos intentarlo”.

Por: Mario Vizcaíno Serrat