Federico Luppi, a propósito del próximo Festival de Cine de La Habana

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Federico Luppi, a propósito del próximo Festival de Cine de La Habana

  • Federico Luppi siempre fue profundamente argentino y latinoamericano. Foto tomada de Internet
    Federico Luppi siempre fue profundamente argentino y latinoamericano. Foto tomada de Internet

A Imar Miguel, inmemoriam

Se anuncia en estos días, con amplio despliegue en los medios, la celebración el próximo diciembre en su edición 39 del Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y como es habitual habrán homenajes y remembranzas, y una significativa participación de la cinematografía argentina. Esto me recuerda la reciente desaparición física de quien fuera uno de los principales protagonistas de ese cine, alguien muy visto y querido por el público cubano, Federico Luppi. No obstante, hasta donde sé, en la amplia y rica agenda del festival no está registrada ninguna evocación al gran actor rioplatense, al que tanto le debemos por su entrega total al séptimo arte en los códigos de nuestra lengua, vinculado siempre con lo mejor de las ideas progresistas y transgresoras que nos son tan caras.

La identificación con Luppi me llegó por varios caminos. Guardo un escrito de mi recordado amigo argentino Imar Miguel Lamonega, cuartilla que aparece y desaparece entre mis papeles. Sobrevive, amarilla y con algunas manchas,  la mecacopia que me regaló, pues era un poema de los suyos que prefería, y siempre recuerdo este verso: “el alma se me apianta Alfonsina hacia el mar”.

Él me contaba que la historia de este poema era porque tres de sus amigos más cercanos aparecieron en los listados de los escuadrones de la muerte durante el largo y oscuro período de las dictaduras militares del cono sur. De ellos Federico Luppi quien fue, y es, un actor muy popular en Isla, y sobre todo en mi casa. ! Quién diría que tiempo después, esa obsesión con el peligro que corrían gente a la que quería, y le eran próximas, se cebaría en Imar a su regreso a la patria, y sería uno de los miles de desaparecidos! Como testimonio queda el texto que me regaló, del cual cito solo su primera parte, justo dedicada a su amigo actor:

 

Delta de la pena 

                                                                                     A Federico Lupi

                                                                                     Walter Elenco

                                                                                     Juan Mazzadi

Federico,

entro al ron,

taberna donde duran en curda los piratas,

a sufrirte despacio, acodado en el párpado.

Telones de tristeza, de océano por medio,

garúan cuando surges

a proscenio de algunas ternuras de Chejov,

 desbordando talento.

En una de las primeras escenas de la película Plata dulce, dirigida por Fernando Ayala y Juan José Jusid en 1982, el actor Julio de Grazia entra al taller donde trabaja coreando eufórico: “¡Argentina…Argentina…!”, para celebrar el campeonato mundial ganado la víspera. Su compañero de labor y coprotagonista, interpretado por el ya por entonces consagrado Luppi, lo interrumpe diciéndole que para qué tanta celebración si hay que trabajar temprano como todos los días. A lo que responde Grazia: “Peor están los holandeses…”, en alusión al rival derrotado. La anécdota, aparentemente trivial, es un reflejo del entramado manipulador y contradictorio en que vivió la sociedad rioplatense bajo la junta militar durante la festividad del evento deportivo. Así lo resumió Julio Cortázar con su ponderada lucidez: “…el aparato del poder ha puesto en marcha el llamado “modelo argentino” que simbólica e irónicamente comienza con el triunfo, el de la Copa Mundial de Fútbol, y se continúa, ahora en el campo de la industria pesada y el dominio de la energía nuclear”.[1] Este es uno de los muchos pasajes de esa cinematografía ten representativa de nuestra memoria y realidad, y de la que él fue sobresaliente protagonista, en lo profesional y ciudadano.

Como nos recuerdan los periodistas Carlos E. Cué y Federico Rivas Molina, en la edición del periódico español El País del viernes 20 de octubre, cuando se publicitó la noticia de su fallecimiento: “Luppi era profundamente argentino, siempre pendiente de la actualidad de su país y dispuesto a tomar partido político. Participó en 1974 en La Patagonia Rebelde, de Héctor Olivera, una película que trajo problemas en la dictadura a todos los que la hicieron, como Héctor Alterio, el otro gran actor argentino de su generación. Incluso en los últimos meses, ya enfermo y muy debilitado en su casa, se indignaba al ver las noticias. En 2001, cuando la economía argentina estalló por los aires y cinco presidentes se sucedieron en menos de dos semanas, Luppi decidió instalarse en España. Pero no tardó mucho en volver a su Buenos Aires, donde el mundo teatral, su mundo, tiene tanta fuerza que puede competir con cualquier capital del planeta”.

Como es sabido apoyó al kirchnerismo, pero fue de los primeros en augurar que venía un cambio social y ganaría Mauricio Macri, algo que le preocupaba y espantaba. “Tengo la amarga sensación de que en las legislativas van a ganar”, dijo unos meses antes de que se celebraran las elecciones parlamentarias últimas, y su vaticinio se cumplió como una triste certidumbre. Luppi, que vivía con sencillez en una casa de clase media con un pequeño jardín, reprochaba a Macri el aumento del coste de la vida en Argentina, con una inflación disparada. "Por primera vez en mi vida me angustio cuando llega fin de mes. Nunca me pasaba eso. Llego con lo justo a fin de mes… si llego” [2].

Alguien quien fuera como su hijo, tanto en lo artístico y en lo sentimental, como su coterráneo y destacado actor Juan Diego Botto, nos dejó este testimonio: “Luppi estaba presente cuando mis padres se conocieron, estaba presente cuando empezaron a ser pareja y estuvo presente cuando nací. Fede fue de los que no cerraron los ojos cuando la dictadura argentina borraba gente de la faz de tierra arrojándolos al río de La Plata o torturándolos en infames campos de concentración. Luppi nunca olvidó a mi padre, uno de esos torturados y desaparecidos, nunca olvidó a mi madre que se tuvo que exiliar a España con tres hijos huyendo de esa dictadura. Fue siempre fiel amigo de sus compañeros. Y Luppi estuvo ahí cuando después de tantos años, en uno de esos giros del destino, yo volví a la Argentina como actor para rodar una película de Adolfo Aristarain en la que él hacía de mi padre. La película era Martín (Hache). Y no exagero si digo que de alguna manera cambió mi vida. (…) Luppi era una mente lúcida como su personaje en Lugares comunes, una mente lúcida que quería, desde las entrañas, habitar un mundo más justo, más digno, más solidario. Un mundo que no estuviera gobernado por el principio de la ganancia sino por el principio de la solidaridad y la fraternidad. Y con la misma vehemencia con la que amaba la vida y cada pequeña manifestación de placer, con la misma vehemencia con la que amaba actuar, y comer y reír… amó a su compañera Susana Hornos y amó el sueño de otro mundo más justo”. [3]

Mariano Barroso, quien muy joven lo dirigió Éxtasis, una vez le comentó: “Federico, para nosotros, era una referencia. Y se lo dije: ‘Si tu lengua materna fuera el inglés, tendrías el reconocimiento de Gregory Peck. Pero tienes la mala suerte de hablar español’. Él alzó una ceja y me miró, como diciendo ‘No digas tonterías, Mariano, que ya sos mayorcito’”.

Mi hija recuerda como hace años lo abordó en un festival de cine de La Habana, justo a la salida de la proyección de una de sus películas, y él le firmó con la naturalidad que lo definía la cartelera del evento. La impresión que provocó la noticia de su muerte, como sus películas, la compartimos padres e hijos, más allá de barreras generacionales, por eso ella me hizo recordar un diálogo de la celebrada Martín (Hache).

En una escena Luppi está frente a Juan Diego Botto, quien interpreta a su hijo en el filme, sentados en la mesa de un restaurante, ambos especulan sobre la razón de patria y Botto le pregunta si no extraña Argentina,: "Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras (…)", y con este y otros argumentos defiende su tesis escéptica el personaje del padre. A lo que contesta Juan Diego, enmendándole la plana al progenitor: “Que la patria es un verso estoy de acuerdo". No creo del todo en lo que dice el personaje paterno, aunque se razone desde la sobrevida del emigrante, pues el propio Federico Luppi en su consecuencia con la patria grande y la pequeña, en su vivir ciudadano y en su larga y rica carrera profesional que tanto ennobleció nuestro cine, siempre fue profundamente argentino y latinoamericano.

Notas:

[1] Julio Cortázar. Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara, México, 2015, p. 288).

[2] Carlos E. Cué y Federico Rivas Molina. “Ha muerto Federico Luppi” (El País, versión digital, 20 de octubre de 2017)

[3] Juan Diego Botto. “La vehemencia del amor al arte y a la vida” (El País, versión digital, 20 de octubre de 2017).