Muestra fotográfica en homenaje al Aniversario 115 de Dulce María Loynaz

Muestra fotográfica en homenaje al Aniversario 115 de Dulce María Loynaz

Una vez más el habanero Centro Cultural Dulce María Loynaz fue lugar de acogida cultural de altos quilates al celebrar el Aniversario 115 del Natalicio de la inolvidable escritora, fecha para la cual reunió a figuras de nuestra Cultura nacional como fueron el poeta, ensayista, traductor, investigador y crítico literario Virgilio López Lemus, la prestigiosa actriz cubana Verónica Lynn, y el joven arquitecto Enrique Alonso Orozco, quien tuvo a su cargo la inauguración de una muestra fotográfica de su autoría titulada El silencio me cubre lentamente, e inclusiva de diez imágenes de la antigua residencia de la familia Loynaz Muñoz, ubicada en las calles de Línea y Calzada en la zona de El Vedado.

En dicha casa crecieron los hermanos Loynaz: Dulce María, Enrique, Flor y Carlos, todos poetas y personalidades vinculadas a la Cultura de este país; una casa que aún no ha podido ser rescatada de sus ruinas actuales —residen allí varias familias—, no obstante haberla visitado en otras épocas intelectuales de la valía de Alejo Carpentier, José María Chacón y Calvo —este último, amigo muy íntimo de la familia, en especial del General Loynaz—, y donde también la futura laureada escritora se inspiró para la creación de su novela Jardín, la que al decir de López Lemus “tan sólo por la escritura de Jardín, era merecedora del Premio Cervantes desde hacía tiempo. La Premio Nobel de Literatura, la chilena Gabriela Mistral decía, incluso, que cuando ella quería repasar un buen español, fluido y hermoso, siempre volvía a las páginas de Jardín. Asimismo, la prosa de Un Verano en Tenerife, es comparable con la martiana“.

López Lemus, intelectual cubano quien confiesa dedicarse en especial a la poesía —mas mi opinión como periodista, la más humilde y sincera, rebasaría esto para calificarlo como un verdadero artífice del idioma cervantino—, al rememorar su primer encuentro con la que llegase a ser distinguida con los Premios Nacional de Literatura 1987 y Cervantes 1992, expresó que “la conocí en 1982 en la actual residencia que hoy lleva su nombre como centro cultural —calle 19 entre D y E, El Vedado—, y gracias a una amiga quien me habló sobre su amistad con la poetisa. De inmediato le expresé mi interés por conocer a la que resultaba un mito por aquella época. Una mujer mítica, cerrada en esta residencia donde, eventualmente, reunía en su portal a un grupo de personas.

“Al conocerla, tenías deseos de continuar tratándola. Enamoraba. Quizás esto se remitía también a su procedencia de clase, a su formación, a ser abogada, o el misterio de la vejez. Uno sentía el deseo de protegerla. Sin embargo, ella a todos protegía en su familia. Al igual que Luisa Pérez de Zambrana tuvo la poca suerte de ver morir a todos sus familiares desde muy temprano. Diría que en Cuba existieron tres familias de alto rango social: los Loynaz, los Borrego y los Zambrana, cuyas historias –las de estas dos últimas--, han ido desapareciendo (…) En el caso de Los Loynaz eran una suerte de familia parecida a la de los personajes de Cien Años de Soledad, pues luego del general, existían dos Enriques: el hijo y un medio hermano de Dulce María. A Flor la ví entre cortinas;  Dulce María, incluso, me dijo en el momento en que la ví que no la llamase pues se hallaba muy enferma. En efecto, falleció dos meses después. Así, la poetisa vio fallecer a sus padres, a sus maridos, a sus hermanos, y a su medio hermano, también llamado Enrique y padrastro de María del Carmen Herrera, su actual heredera.

Al caracterizar a la escritora, López Lemus destacó que:

 “Dulce María hablaba con cierta lentitud, pero cuando tenía que responder, lo hacia con una gracia increíble; con mucha vivacidad, era una típica Sagitariana, de respuestas rápidas, de gran agilidad mental.  Dulce María adoraba a los perros y a los gatos, al igual que su madre; incluso, muchos de ellos recogidos de las calles.

En relación con la casa de las calles Línea y Calzada, “donde transcurrió buena parte de la infancia y juventud de los hermanos Loynaz, una vivienda con mucha historia que debiera ser salvada y reconstruida para la posteridad, para que las nuevas generaciones conozcan y recuerden a una familia peculiar que merece ser concebida como salida de una novela. Realmente la merecen, al igual que ilustres familias literarias como los Borrego y los Zambrana (…) Historias noveladas como la que merece ser contada sobre Dulce María, con infinidad de episodios —algunos simpáticos, otros, llenos de azares—; Flor, su hermana, quien escribió tan sólo un poema, el que puede calificarse como excelente y quizás único en Cuba al estar relacionado con los animales afectivos, además de Enrique y Carlos, sus hermanos varones poetas también (…) Habría que indagar cuántas personalidades y figuras de la Historia y la Literatura visitaron aquella casa, entre ellos, el joven Alejo Carpentier y su madre, quien fue profesora de idioma francés de los hermanos, y el inmortal poeta español Federico García Lorca, con vista a conocer al joven Enrique, cuyos poemas eran propagandizados por el profesor e investigador Chacón y Calvo.

Al hacer referencia a la muestra expositiva del arquitecto Alonso Orozco sobre dicha casa resaltó que “en ella se podrán apreciar todavía los frontis, muros, grietas, balaustradas, algo de las rejas; estas últimas es posible tengan que ver con su novela JardínOjalá esta exposición contribuya a obtener un granito de arena más para la reconstrucción de esa primera residencia en El Vedado donde transcurrió buena parte de la vida de la familia Loynaz. En la obra de Dulce María hay que continuar aún profundizando en su estudio e investigaciones. Fue y es una escritora para todos los tiempos.

Finalmente, un momento inolvidable para todos los asistentes lo constituyó la bellísima declamación de algunos poemas de la autoría de Dulce María Loynaz realizada por la actriz Verónica Lynn.

Con el fotógrafo y licenciado en Aquitectura (1996) Enrique Alonso Orozco…

…conversa este Sitio Web para expresarnos que “esta exposición la considero un homenaje a la obra de Dulce María Loynaz, y que siempre le planteé a su heredera, María del Carmen Herrera, realizarla partiendo de sus lugares de residencia. Es el rescate de la arquitectura de la casa donde transcurrió su juventud y que ella tuvo en cuenta en obras como Jardín, Últimos días de una casa y en su obra póstuma Fe de Vida. Surge durante mi época de estudiante. Su poesía me transmitió una gran paz espiritual e inspiración para apreciar la vida. Me enriqueció muchísimo. De cómo una mujer tan grande, pudo vivir lo cotidiano al igual que cualquiera de nosotros, y a la vez dejarnos una obra eterna. Hay algo fundamental y es que Dulce María nos ha ayudado a amar a la Patria, a amar a Cuba, a amar la Cultura de esta Isla, además de habernos dejado una obra testimonial de muchas figuras de la literatura.

“Por otra parte, he sido premiado en algunas ocasiones por la Cátedra de Arquitectura vernácula, gracias a la cual he tenido la oportunidad de practicar la fotografía en contextos específicos como el relacionado con nuestro patrimonio arquitectónico en distintas provincias de la Isla”.

¿Algún proyecto inmediato?

“Aspiro llevar a cabo la investigación sobre la vida y la obra de otra gran mujer del siglo XX, la diseñadora Clara Porcet, pionera del diseño latinoamericano, trabajo que mucho me inspira al considerarlo de gran fuerza y amor por el patrimonio nacional y que aspiro a dejar como legado a este país.”