Cosme Proenza y sus aproximaciones pictóricas a Henri Matisse

Cosme Proenza y sus aproximaciones pictóricas a Henri Matisse

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: Plásticos, Holguín, exposición
  • El artista holguinero Cosme Proenza se aproxima a la obra de Henri Matisse en su más reciente exposición. Fotos del autor
    El artista holguinero Cosme Proenza se aproxima a la obra de Henri Matisse en su más reciente exposición. Fotos del autor
  • Obras abstractas de la serie Tetris y Pintura de Cosme Proenza. Fotos del autor
    Obras abstractas de la serie Tetris y Pintura de Cosme Proenza. Fotos del autor

Cuando a finales de 2015 visité la casa del pintor Cosme Proenza Almaguer, con el objetivo de realizarle una entrevista al creador de las conocidas series Los dioses escuchan, Boscomanías y Manipulaciones, en compañía de mi amigo, el periodista y crítico Rubén Ricardo Infante, el artista holguinero nos mostró algunos de los cuadros en los que trabajaba entonces.

Recién había concluido una serie donde incursionaba en la obra del francés Henri Matisse (1869–1954) y varios de aquellos cuadros colgaban, aun frescos, elegantes y coloridos, en las paredes de su casa, contrastando con el resto de las piezas, también formando parte de la decoración del hogar, en donde Cosme evoca la pintura del Renacimiento y la obra, entre otros, de Jheronimus Bosch, El Bosco, y Pieter Brueghel, el Viejo. En su taller, aun sobre el caballete y sin terminar, descansaba “Otoño”, un cuadro trabajado desde la óptica de Pieter Brueghel, que mostró recientemente en la sede provincial de la UNEAC.

Estos cuadros aún no han sido expuestos, nos dijo Cosme. Notamos que teníamos entonces el exquisito privilegio de estar entre los pocos que observábamos aquellas nuevas figuraciones casi recién nacidas de la mano y la mente del reconocido artista holguinero. Además, nos comentó que había finalizado unos cuadros abstractos titulados Tetris, precisamente como el videojuego de puzzle creado en la Unión Soviética por el ingeniero informático Alekséi Pázhitnov. A simple vista aquellos cuadros que recordaban la obra de Matisse —los de Tetris no formaban parte de decoración del lugar— parecían estar ajenos e integrarse al mismo tiempo a la cosmovisión amplia, profunda, investigativa, que ha caracterizado la obra de Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948).

Actualmente estas piezas —las relacionadas al famoso pintor francés, los cuadros abstractos que desarrollan las posibilidades geométricas del juego Tetris y varias obras análogas a esta última, tituladas Pintura— se exponen bajo el título Variaciones sobre temas de Matisse en el Centro Provincial de Arte de Holguín, con curaduría de Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona.

La Sala principal de la institución holguinera expone las piezas relacionadas con Matisse, 31 obras en total, en óleo sobre tela, además de “Ventana azul” y “Estudio rojo”, copias que Cosme realizara en 1976 y 1978, respectivamente, a los conocidos cuadros del artista francés. Entonces el pintor (aunque también ha trabajado el grabado, los murales y la cerámica) trababa de democratizar sus conocimientos del arte occidental y según nos contó en aquella entrevista: “Cuando regresé de Ucrania hice una exposición en la biblioteca provincial de Holguín, Alex Urquiola. Se hicieron unos paneles y ahí hice mi exposición del regreso. Esa fue una etapa importante porque hice dos exposiciones de copias de grandes pintores. A ese tamaño, como podía hacerlas, ese fue el primer paso hacia una estructura de análisis de lo que iba a trabajar en el futuro. Ya estaba trabajando, democratizando esas cosas, las estaba exhibiendo y dando conferencias de qué se trataba, quién era este pintor, quién era el otro; esa es una manera muy pública de aportarle a la gente”.

Los coloridos paisajes de Matisse, caracterizados por el uso original y fluido del dibujo —cercano en los inicios al fauvismo hasta que desarrolló un lenguaje propio a comienzos de la década del 20 del pasado siglo, poética de una impronta innegable por demás dentro del arte moderno— se mezclan con otras apropiaciones del arte occidental, entre ellas los desnudos de “La gran odalisca” y “La bañista de Valpinçon”, conocida también como “La gran bañista”, ambas de Dominique Ingres, y “El nacimiento de Venus”, de Sandro Botticelli. Aquí esas obras, clásicas dentro de la Historia del Arte occidental, como otras de las que se apropia Cosme, se “corporizan” dentro de las figuraciones planas y distorsionadas respecto a la perspectiva, de Henri Matisse, y se integran, por tanto, a un paisaje alucinante, hermoso, colorido y por extensión, posible.

“Yo tenía una cuenta pendiente con la obra de Henri Matisse. Había hecho unas copias de su obra, lo dejé y luego lo retomé. En 2014 pinté uno detrás del otro, porque me divertí como si estuviera en la mejor fiesta del mundo, fui feliz, sin presión, sin momentos tortuosos, cada cuadro era una fiesta. Estudié lo que me faltaba de Matisse, luego empecé a aplicarlo de una manera más abstracta y después, retorné al concepto de mi trabajo, es decir, la representación de los grandes íconos de la Historia del Arte, como el Renacimiento y el Barroco”, explicó Cosme a los medios a propósito de Variaciones sobre temas de Matisse.

“Lo más interesante fue la batalla entre contrarios. Por un lado, la representación con luces y sombras, y volúmenes, y por otro, llevar eso a la obra plana de Matisse, donde él rompía con la perspectiva y las posibilidades de representación que no fuera la superficie del cuadro. Entonces, me vi en la disyuntiva de cómo hacerlo sin que perdiera su belleza primigenia, y el resultado en conjunto es muy feliz”, expresó al artista holguinero.

Otra de las salas del Centro de Arte acoge las piezas de la serie Tetris, óleo y acrílico sobre tela, basada, como refería anteriormente, en el juego de igual nombre que, al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro. Y además, las firmadas con el nombre Pintura, entre ellas “Natividad”, “Pietá” y “Resurrección”, donde el artista explora los mitos cristianos, temas recurrentes en la trayectoria artística del autor. “Hay cuatro piezas relacionadas con la historia de la religión cristiana, que tiene una raíz tradicional, pero en estas obras no hay nada de ello, pues es un espacio donde se adivina el personaje y puedes ver, poco a poco, lo que abordan. Son obras de alto cálculo, que requieren de mucha exactitud, pero la observación humana necesita de tiempo y cierto conocimiento. La pintura si la ves y te hace feliz el color, ya cumplió su objetivo”, subrayó al respecto el reconocido artista que ostenta, entre otros, la Medalla Alejo Carpentier, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Maestro de Juventudes, entregado por la Asociación Hermanos Saíz.

Estas obras, sobre todo para quien “encasille” el trabajo de Cosme dentro del “preciosismo visual” y el “detallismo” de sus anteriores series, por las que es conocido, y donde el artista holguinero ha forjado reconocibles “mitologías individuales”, y donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo, pueden parecer alejadas de su poética, aunque no del amplio proceso investigativo que corona su quehacer creativo. Él lo ha dicho en más de una ocasión: “Yo más que un pintor soy un investigador, y eso es lo que quiero que el público interprete”. Aquella tarde de inicios de diciembre en que conversamos en su casa y ante la última pregunta del cuestionario: “Cosme, puedo decir entonces que su pintura es investigación”, no vaciló en responder: “Es eso, es pura investigación”. Y así me parece después de recorrer más de una vez Variaciones sobre temas de Matisse.