Quiero escribir pero me sale espuma

NATURAL DE CAIBARIÉN

Quiero escribir pero me sale espuma

  • Resulta evidente que el título de esta crónica es un verso de César Vallejo, y lo traigo a colación porque tiene que ver con mi manera de hacer literatura. Foto tomada de internet
    Resulta evidente que el título de esta crónica es un verso de César Vallejo, y lo traigo a colación porque tiene que ver con mi manera de hacer literatura. Foto tomada de internet

Resulta evidente que el título de esta crónica es un verso de César Vallejo, y lo traigo a colación porque tiene que ver con mi manera de hacer literatura.

Tengo un amigo que es periodista, se ocupa de temas internacionales y nacionales, y hace un trabajo diario de cuartilla y media o dos cuartillas. Padura me ha contado que escribe todos los días. Y se dice que Hemingway escribía una cuartilla diaria, y luego descansaba y por la tarde iba de tragos.

Me declaro insuficiente para tener esa vida creativa.

A veces paso dos o tres días pensando en un tema para después escribirlo. En otras ocasiones, como ahora, mientras libaba un poco de ambrosía, se me ocurrió escribirles estas confesiones.

Mis amigos saben que vivo solo.

Nunca olvido a un poeta angolano que sobre la soledad decía:

“La soledad puede que te encuentre y te palpe, puede que te acaricie varias veces y no logres alejarla por un buen tiempo, esa soledad que desearas ahuyentar te pertenece, deja que se convierta en el amor que puede faltar, búscala, al fin, en la razón.”

Y a veces en la soledad de mi estancia, (confieso que a veces me gusta que me citen a reuniones, por supuesto, siempre y cuando estas sean interesantes y productivas, para salir de mi casa); pero bueno, como ahora, día tres de enero, a las cinco de la tarde, muy temprano para bañarse y muy tarde para trabajar, con un frío a veces intenso y otras que te obliga a quitarte el abrigo, aparecen cosas como estas, que me ocurren muy a menudo.

Estas tardes solitarias, donde siempre espero que suene el teléfono, no importa quién sea y qué me diga, debo cocinar, porque si no perezco de inanición. Yo generalmente como poco. Hace unos años hice una dieta de un año y me quedó la costumbre de comer poca cantidad de alimentos. Alguna vez me sucede al revés, y al otro día son las consecuencias adversas. Pero bien, debo cocinar.

Y extrañamente es en la cocina donde se me ocurren muchas de las ideas que luego escribo, y debo secarme las manos urgentemente, ir a mi “oficina” y apuntar las ideas, porque si no se me pierden. Entonces siempre recuerdo a Samuel Feijóo, a quien conocí personalmente, que decía que el poeta que no llevara en su bolsillo un “mocho” de lápiz y una hojita de papel, era un comemierda, porque perdería las mejores ideas que pueden venir dadas en un verso, que luego será un poema. Una vez, en casa de Félix Pita, mientras conversábamos abrió una gaveta y sacó un papelito que decía algo así: “Esa vieja manera de aprender a morir”. Y le pregunté: ¿Qué es eso? Y me dijo, va ser un cuento, y luego lo fue.

No sé si a eso se le llaman inspiración. Dicen que Hemingway decía que “si la inspiración existe que me agarre trabajando”. Padura también es un excelente periodista con mucho oficio, y Barata mi amigo, aunque tiene una novela inédita, no es muy interesado en la literatura.

Pero yo confieso que no puedo. Tiene que agarrarme esa suerte de fantasía que lo inspira a uno, y entonces escribo. Hay famosos escritores como Pablo Armando Fernández que dice que él no escribe, que le dictan y él copia; y hace unos días me encontré con un libro titulado “Pompa Solo”, del santiaguero amigo Juan Leyva Guerra, y cuando lo empecé a hojear vi que el prólogo era mío, y por mi madre que no  recuerdo haberlo escrito, (verdad que lo hice en 1988 y mi “disco duro” tiene demasiada información), pero lo más interesante es que no me “suena” a mi estilo. Está muy bien escrito pero no soy yo. Entonces ¿qué es esto?, ¿qué pasa más allá o más acá con la creación literaria?

Como dice Taladrid: “saquen ustedes sus propias conclusiones”.