La otra esquina

La otra esquina

  • Sin duda alguna, el elenco es de lujo. Foto tomada de Cubadebate
    Sin duda alguna, el elenco es de lujo. Foto tomada de Cubadebate

La otra esquina, con guión de la escritora Yamila Suárez y dirección general del realizador Ernesto Fiallo, es el título de la telenovela cubana que, en calidad de reposición, está exhibiendo, de lunes a viernes, en horario estelar, el Canal CubaVisión Internacional.

Dicha telenovela, estructurada en 80 capítulos de 27 minutos de duración, registra —con meridiana claridad— conflictos de la vida diaria, enredos fami­liares, maltrato de palabra a las personas de la tercera edad, agresividad física y verbal, traición, egoísmo enfermizo, chantaje emocional, envida, intolerancia, infidelidades, secretos, pasiones, aban­donos e intrigas, que —por las más disímiles razones— mediatizan la realidad que nos circunda.

Sin duda alguna, el elenco es de lujo, y lo integran Blanca Rosa Blanco, Raúl Pomares (1934-2015), Julio César Ramírez, Miriam Socarrás, Enrique Molina, Paula Alí, Fernando Echevarría, Rogelio Blaín, Rubén Breñas, Alexis Díaz de Villegas, Diana Rosa Suárez, Amarilys Núñez, Tamara Castellanos, Juan Carlos Roque Moreno  y Denys Ramos, entre otros/as artistas consagrados/as y noveles.

En el caso específico del primerísimo actor Raúl Pomares, habría que destacar —con letras indelebles— la credibilidad que le aportara al personaje del abuelo Yayo. Por problemas de salud que padeciera durante la filmación de la telenovela, y que con posterioridad ocasionaran su lamentable deceso, hubo que eliminar los textos correspondientes.

Sin embargo, la grandeza y la humildad que lo identifican, en cualquier medio, enriquecieron — ¡y de qué manera!— la estructura psicológica en que se sustentara la personalidad de Yayo, quien se comunicaba con la hija y las nietas a través de miradas, el sonido de un silbato (iniciativa original del desaparecido actor), gestos y el silencio; recurso técnico-interpretativo mucho más elocuente que cualquier parlamento.

La trama gira en torno a un escritor que llega al barrio donde viven cinco familias (disfuncionales o fracturadas), las cuales —de una u otra forma— se integran a su existencia.

La protagonista (Blanca Rosa Blanco) es una letrada con una hija de cinco años, y al descubrir la infidelidad del esposo (Julio César Ramírez), se separa de él y regresa al seno de su núcleo familiar, integrado por la progenitora, la hermana y el abuelo materno. En el desarrollo de dicho audiovisual, se puede percibir amor, soledad, conflictos intergeneracionales, así como situaciones problemáticas que enfrenta la familia cubana actual.

Si bien esa telenovela no es un dechado de virtudes, no se le puede regatear su principal mérito: salva un agujero negro en la emisión de los dramatizados nacionales, ya que supera —con creces— las precedentes: La sal del paraíso, Playa Leonora, Tierras de fuego, Santa María del Porvenir, no obstante los ingentes esfuerzos realizados por los actores y actrices que formaran parte de sus respectivos elencos, para tratar de salvar… lo insalvable.   

En La otra esquina, la profusión de conflictos creíbles facilita que el televidente se traslade de una a otra historia, configurada por disímiles circunstancias: la infidelidad, el alcoholismo, el amor en la tercera edad, que enriquece la calidad de vida de los adultos mayores, el robo, el tráfico con seres humanos, diferentes estatus socio-económicos, tráfico ilegal de personas hacia el exterior, y hasta las secuelas materiales, psíquicas y espirituales dejadas por un fenómeno atmosférico.

El guión y la dirección de actores funcionan en la mayor parte de la trama, que se acompaña de una fotografía, caracterizada —sin discusión alguna— por su buena factura estético-artística.

En las escenas relacionadas con la violencia de género y la toxicomanía alcohólica, el espectador percibe que los realizadores han llevado a cabo una exhaustiva investigación psicosocial para identificar las causas que las generan, y en consecuencia, proponer la posible solución a esos acuciantes problemas que interfieren con el normal desarrollo de nuestra sociedad.

Por otra parte, los casos legales incluidos en la acción dramática fueron consultados con un abogado, quien trazara los indicadores técnico-jurídicos que signan el ejercicio profesional del Derecho en nuestro país.

La realidad cubana de los tiempos que corren mantiene —y mantendrá— palpitante actualidad, en cualquier telenovela de factura nacional. Por lo tanto, los temas se reiteran, independientemente de las coyunturas sociales. La familia, por ejemplo, enfrenta sus propios problemas, las contradicciones entre padres e hijos, la infidelidad, el amor y el desamor pertenecen a todas las épocas y todos los tiempos. Ahora bien, los niños y los ancianos, grupos etarios con mayor vulnerabilidad, son los más perjudicados por la influencia emocional negativa que dejan dichas situaciones conflictuales en la mente y en el alma de los pequeños príncipes y de las personas de la tercera edad.

La vivienda y los problemas económicos son temas que afectan, en mayor o menor medida, a cuantos vivimos, amamos, creamos y soñamos en la mayor isla de las Antillas, pero deviene una lucha permanente, en todos y cada uno de nosotros, tratar de ser mejores seres humanos, así como un poco más solidarios y unidos, no solo en los buenos, sino también en los malos momentos, que la vida nos depara.

Los problemas sociales no pueden convertir a los cubanos de hoy en seres mezquinos o emocionalmente encallecidos. ¡Todo lo contrario! Según mi percepción crítica, ese es el mensaje marcadamente ético-humanista que debe descubrir el televidente en La otra esquina. Que lo haya logrado o no, depende de la valoración efectuada por los telerreceptores.