Noticia fallida

Noticia fallida

  • El Noticiero Estelar se trasmite cada día en el horario de las 8.00 pm. Foto tomada del Portal de la Televisión Cubana
    El Noticiero Estelar se trasmite cada día en el horario de las 8.00 pm. Foto tomada del Portal de la Televisión Cubana

Entre tantas tesis que continuamente se debaten en nuestras universidades (por limitarnos a esta fuente de investigaciones), valdría la pena estimular algún estudio sobre los diversos tipos de programas televisuales que devienen objeto de la crítica, al margen de compartir o no los criterios, y que estos estén más o menos fundamentados; una hipótesis plausible señalaría las telenovelas entre los más repetidos (si bien pienso que en los últimos años se palpa una saludable diversificación a otros géneros), mientras que los noticieros están entre los que apenas se mencionan; como si no fueran parte también de nuestros medios. Sin duda alguna, su misión fundamental es informar sobre la actualidad nacional e internacional, en lo que debe radicar su mayor rigor, pero este no puede ser el comodín que obvie que aumentan su alcance cuando se hacen con arte, y claro que no quiere decir “amenizar” con cantantes ni nada similar, sino las artes mediáticas, desde su ritmo y justa combinación de los distintos materiales a tratar, hasta los valores visuales, sonoros y comunicativos en sus textos, locutores e imágenes, entre otros.

La naturaleza de un programa (en este caso la información) no debiera desmotivar a los críticos, en quienes también puede haber el prejuicio de verlos como la voz más oficial de la televisión (lo más “poderoso” en este poder que son los medios), más en el caso cubano, que sabemos es estatal, y teman emitir opiniones que puedan “buscarles problemas” cuando, en realidad, toda crítica bien intencionada debiera ser del interés no solo de todo medio y poder, sino de todo lo que hagamos en la vida pública y privada, para asumir nunca acrítica, pero sí también, críticamente. Lo contrario no ayuda a mejorar nada, y en esto, los noticieros son de los grandes marginados en nuestros medios.

Como pequeño aporte y que sí apunta incluso a la misión referida y su rigor en beneficio social, se puede señalar el ejemplo de la noticia que se estuvo trasmitiendo el miércoles 10 de enero desde una escuela del Cotorro; tres veces pude escucharla al repetirse, y ya este es uno de los males que lastran nuestros noticieros: la excesiva repetición tal cual (ni siquiera versiones actualizadas o rectificadas), incluso en el que se supone sea el resumen de medianoche y que no poco de lo que repiten, carece de la trascendencia para ello, y quizás fuera mejor un verdadero resumen. Tanto de toda Cuba como del resto del mundo, un periodismo más activo y osado lograría restar esta imagen de pobreza que en la traducción popular queda como “lo mismo con lo mismo”. No por común deja de ser un problema que conduce a disminuir su aceptación popular, pero más allá: las tres veces que la oí (ya por este interés profesional) solo me ratificaron la ambigüedad de la noticia, entre otros males.

Ninguna de las tres veces pude comprender exactamente qué había pasado, y eso alimenta a “Radio Bemba”: alguien me dijo que había visto (supuestamente en el Noticiero) un adolescente que huía (al parecer de una multitud) y lograba escapar en una guagua de la que luego lo sacaban por la ventanilla; otro, que había sido un grupo de jóvenes que le habían caído a pedradas a la guagua, lo que había sido filmado en celulares y por ello, el Noticiero se vio precisado a incluirlo para acallar “el rumor” cuyos derroteros nunca se pueden predecir; sabio, pero la noticia fue ahogada por frases manidas y consignas abusadas que alejan también al espectador, y contrariamente a los medios que requiere nuestro proyecto social, distan mucho de parecerse al pueblo cubano hoy, y sobre todo, a nuestros jóvenes. Al no referir claramente el suceso original que propició la noticia, la imaginación popular continúa con pasto fértil y peligroso.

Y aun peor, con el mecanicismo que identifica a todo dogma, quedaron expresiones tan delicadas como “la agresividad no es la única forma de resolver los problemas” o defender los valores “que nos han inculcado”. Como suele pasar con muchos ante las cámaras y el temor de “hablar bien en Tv” (lo “políticamente correcto”), acuden a frases hechas y lugares comunes, pero muy dañinas, porque la agresividad no es ninguna forma de resolver ningún problema; decir que “no es la única forma” es admitirla como forma de solución. Y los valores no se inculcan, aunque muchos aún insistan en ello por creerlo más fácil (y como todo facilismo es seudo-cultura) que educar valores, lo que incluye ser crítico, pues toda educación siempre tiene que ser crítica.

Chocan así los valores educados y los inculcados en nuestra sociedad, que obviamente mostraron tales entrevistados (y otros muchos en otros programas) con quienes no se logró una mejor edición, que hubiera evitado enviar mensajes que frustran el loable propósito que seguramente buscaban los colegas en la urgente lucha contra las tantas formas de violencia, pero que al no darse con el tratamiento y rigor necesarios, traicionaron su tan noble y profesional empeño, disminuido a una noticia fallida.