Siempre estoy en estado de alarma creativa (Segunda parte)

Siempre estoy en estado de alarma creativa (Segunda parte)

  • El artista de la plástica Rubén Tomás Hechavarría Salvia. Foto tomada del sitio del artista salviarte.ch
    El artista de la plástica Rubén Tomás Hechavarría Salvia. Foto tomada del sitio del artista salviarte.ch

Artista las veinticuatro horas del día, el pintor, performer, profesor, interventor público y curador Rubén Tomás Hechavarría Salvia, nació en la ciudad cubana de Holguín el 7 de marzo de 1967. Ha participado en 155 exposiciones colectivas, ha realizado 25 exposiciones personales en Cuba y en otros países y ha ejecutado más de 170 acciones plásticas en público. Ha obtenido más de veinte premios, dos menciones y dos menciones especiales. Obras suyas integran colecciones particulares en México, Argentina, los Estados Unidos, Canadá, Suiza, Alemania, España y Cuba y es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

 

En el individuo R.H.S. resulta imposible y, además, un sinsentido, intentar el deslinde entre la noción artista y la noción espectador. ¿En qué medida fueron responsables sus estudios artísticos y su vinculación con lo más representativo del pensamiento y la creación, en su adopción de una postura o filosofía de ser un artista-todo-el tiempo?

Como bien dices, pretender separar el binomio artista-público es algo que carece de sentido. Para que la obra se convierta en obra de arte tiene que, necesariamente, mostrarse, tiene que estar frente a ella, al menos, un ser pensante: tiene que ser recepcionada. De ese modo es cuando se manifiestan sus funciones y se establece un proceso complejo que tiene como objeto la obra, como objetivo la comunicación intersubjetiva y, como finalidad, la apropiación del mensaje estético; este es el proceso de percepción, que al decir de Kagan, es análogo al acto creativo. Otro de los que se remitió a este fenómeno fue el artista francés Marcel Ducchamp (1887-1968), él se refería al espectador como co-creador, que en el momento de decodificación es quién verdaderamente culmina la obra, entendiendo, por supuesto, que tiene en sí misma y conforme a sus funciones, un carácter polisémico. También José Martí en su vasto pensamiento aludió al tema afirmando que “tan autores son de la obra de arte los que la comprenden como los que la hacen”.

El estudio y comprensión, tanto de este complejo sistema, como del proceso creativo y el entendimiento de otras muchas posturas y filosofías asumidas por distintos artistas a lo largo de la historia han hecho que asuma el arte como un modo de vida. En mi caso, según creo, este binomio se muestra en un solo ente, mi persona es hospedero del creador y del receptor a la vez. Cada vez que realizo una obra, la planifico inicialmente y la hago de cierto modo para mí porque soy el primicial consumidor y me declaro, desde la óptica de artista, mi propio paradigma de espectador, el mejor público para mi obra. Incluso antes de concluirla, de concretarla físicamente, ya el observador que hay en mí permanece expectante. Esto presupone un constante debate interior, una tenaz e infatigable evaluación del segundo huésped sobre el primero, por lo que siempre estoy en un estado de alarma creativa. Por otra parte, al fusionar de modo consciente y con toda intensión la vida y el arte en la entidad arte-vida, me arrogo el derecho de producir arte todo el tiempo, de algún modo de eternizar en mí el acto creador. El conocer la obra de Joseph Beuys y entender sus gestualidades y presupuestos sobre la práctica social fue, en gran medida, el detonante para asumir definitivamente mi relación constante con la realidad.

En una alucinante entrevista concedida a la revista New Knowledge, el grande Robert Raushemberg afirmó: “No puedo concebir a un hombre de las artes, que haya perpetrado el horror de descolocarse ante el proyecto de la obra como un ser de inconsciencia fáctica y, a la vez, como alguien que no se proponga de antemano el exterminio de todos los lenguajes posibles y su definitiva emisión en cualquier soporte. Un artista tiene que ser un eyaculador ingobernable.” ¿Le interesan esos presupuestos, que a algunos pueden resultar demasiado chocantes?

Me gusta la frase. Soy de los que piensan que para llegar a ser un gran artista no hay que descollar en la técnica. Actualmente hay autores que tienen equipos de realización especializados, de altísimo nivel técnico, que ejecutan toda la parte manual de las piezas, a partir de apuntes, bocetos y proyectos que hace el creador y no me parece mal tampoco. Estoy plenamente consciente de que una rigurosa preparación académica y un buen dominio del oficio hacen del artista un ser mejor capacitado y con mayor versatilidad para enfrentar su propia creación y hacerla más efectiva, porque estoy totalmente convencido de que “El Arte es un Problema de Energía”, y la cantidad de energía que el artista es capaz de emplear en la ejecución de la obra es directamente proporcional a la cantidad de energía que el espectador recibirá de ella en  el momento de la recepción. También creo que “el Artista es Quién Quita los Velos” y pienso, por supuesto, que el creador debe de estar siempre en una constante búsqueda, debe romper esquemas, tabúes, convertir el taller en un laboratorio experimental de ideas y soluciones estéticas.

Aunque para algunos parezca contradictoria, comparto la afirmación de Raushemberg en tanto asumo que la única regla que sostiene el arte, como todos sabemos, es que no tiene reglas.

¿Hay puntos de contacto en la trilogía Andy Warhol-Raúl Martínez-Rubén Hechavarría?

La palabra tríada resulta a mi juicio un término demasiado aglutinante, como si fueran tres cosas inseparables o que las sostiene una misma o única esencia (Padre-Hijo-Espíritu Santo). Sé que haces la asociación a partir de algunos de los referentes visuales del Pop-Art que en alguna medida pueden relacionar una parte de nuestra producción artística, no obstante, estimo que la conexión más profunda que se puede establecer entre nosotros como cultivadores del arte es mediante el interés común por las cosas ordinarias e insignificantes que suceden a nuestro alrededor. Andy Warhol, un hombre comiendo una hamburguesa (video); Raúl Martínez, un hombre cortando cañas (óleo/lienzo); Rubén Hechavarría, un hombre vendiendo pasteles (técnica mixta). En estos ejemplos hay puntos de contactos metafóricos a nivel conceptual, desde una atracción personal por lo cotidianamente exotérico o banal y, sin embargo, las técnicas y soluciones formales distan mucho entre sí.

 Andy Warhol y Raúl Martínez son dos grandes artistas que merecen todo mi respeto y admiración por la magnífica obra que dejaron y es un orgullo para mí que me colocaras en ese pedestal, aunque sea solo un instante.

¿Le parece lógico, en la polémica instancia conocida como posmodernidad, seguir perorando acerca de influencias, ecos, resonancias, precedentes, en el cuerpo expresivo que es la obra, y todo el proceso implícito?

Aunque creo que el artista debe ser un eterno indagador y estar en constante proceso de instrucción, este aspecto me parece fundamental en el periodo de formación en que el alumno tiene, como parte de su preparación formal y conceptual, conocer cuáles son sus antecedentes culturales, qué movimientos, tendencias y obras influyen en la articulación de su propuesta y cuales artistas, estetas, filósofos y pensadores en general, contribuyen a solidificar su discurso plástico.

El estudiante, mediante un intenso examen de historia del arte, mayormente contemporáneo, debe estar consciente de qué se ha hecho en materia de el, o los temas que esté tratando y de cuáles recursos analizados se advienen mejor a su producción creativa. Todo es de vital importancia puesto que desde esa temprana etapa de la existencia del creador se fomentan las bases y directrices de su obra futura, las concepciones artísticas, filosóficas y posturas que asumirá durante la carrera.

Desde su irrupción en el contexto intelectual cubano usted se ha destacado por una constante resemantización de códigos y la puesta en obra de un dispositivo que tensiona (y aniquila) símbolos, se apropia de un discurso, establecido o no, para sacudir sus partículas, convertir en objetos culturales hasta lo aparentemente nimio o inexpresivo a tenor del sinsentido que conduce, inobjetablemente, a la explosión y, de algún modo, a la incomunicación. ¿No le parece demasiado peligrosa su actitud?

Me parece lo suficientemente peligrosa. Todo lo realmente importante en su concreción presupone un peligro y el arte no es la excepción. Veo la creación como una aventura que en sí misma implica un riesgo. El artista comprometido está constantemente expuesto en carne de la obra y esto impone cierto grado de vulnerabilidad. El creador está perpetuamente siendo juzgado por el público y también por la crítica.

Desde el momento mismo de la creación, el artista avanza sobre la cuerda floja en un conflicto perenne, esa incesante búsqueda lo conduce por un laberinto donde es constante la amenaza del minotauro, un tanteo a veces a oscuras que nunca está exento de contratiempos. Yo, en lo personal, disfruto el hecho de estar en esa aventura y ese sobresalto permanentes.

¿Qué opinión le merece una época donde la gestualidad periférica ha sustituido, y digamos que desplazado, la hegemonía de los centros de poder culturales para instaurar sus hipertextos y sentidos dialógicos de suspensión o de supresión de la mirada vertical hacia el discurso? ¿Es usted parte de esa misión resignificante de los bordes respecto a la supuesta centralidad?

Este tipo de acciones se vienen dando ya desde hace algunos años de forma más o menos aislada, un ejemplo de ello es la propia Bienal de La Habana fundada en el año 1984 que con su inicialmente intencionada vocación tercermundista ha pretendido desde entonces descolocar el poder hegemónico de los grandes centros, procurando una mirada horizontal desde y hacia el arte creado en los continentes y zonas menos privilegiadas por los grandes eventos, críticos, curadores y especialistas del primer mundo. Otro interesante intento fue la también periférica Bienal de Johannesburgo que, aunque corrió con menos suerte, en su segunda edición en 1997 contó entre otras con la magnífica propuesta curatorial del especialista y crítico cubano Gerardo Mosquera, cuya concepción y basamentos conceptuales se movían entre metáforas de la dualidad costa-mar. Estas posturas que considero de resistencia, esparcen los confines de la cultura más allá de los límites establecidos por dichos centros de dominio, oxigenando los discursos sobre el arte y abriendo su horizonte hacia un mayor y variado número de receptores.

Ya desde el concepto mismo de isleño, por ser un individuo nacido y residente en Cuba, me reconozco como un artista periférico, a lo que se le puede añadir que además nací y he decidido vivir en Holguín, ciudad a casi 800 km de la capital. Pienso que soy parte de eso que de algún dejas entrever como misión porque me interesa todo lo que vaya a contracorriente, que cuestione lo ortodoxo, tradicional u oficialista.

Estoy involucrado en este fenómeno como creador y como curador o promotor, desde mi propia obra como resistencia hasta, por ejemplo, el proyecto La Colonia, espacio que funciona como taller que comparto ocasionalmente con otros artistas y a la vez como sala de exposicionesen la que han participado artistas cubanos y extranjeros en distintas muestras personales y colectivas. Este estudio-galería está en las márgenes de la ciudad, en el reparto La Quinta, a más de un kilómetro del casco histórico, y es un centro cultural que funciona como equilibrio y contrapunto de los espacios dedicados oficialmente a estos fines.

En diálogo de (re) conocimiento constante, infatigable, con los espectadores, usted ha tenido la posibilidad de dar a conocer su obra más allá de las fronteras de la Isla. ¿Qué ha significado para su tránsito vital y su visión artística su contacto con otros espacios geográficos, otras filosofías, otras culturas?

Estos encuentros que desde el año 2001 he tenido la suerte de efectuar con exposiciones, fundamentalmente en Suiza, han contribuido a mi crecimiento como artista y como ser humano. El hecho de mostrar mi obra a un público diferente al cubano presupone un reto, son espectadores muy comedidos y perspicaces, personas que si visitan una exposición es porque en verdad les interesa el arte. Podríamos pensar que una obra como la mía marcada por otros derroteros es imposible de asimilar o difícil de entender en esos contextos, pero para mi propia sorpresa, desde el inicio ha tenido muy buena recepción y aceptación entre coleccionistas, conocedores y público en general.

Por otra parte he tenido la oportunidad de enfrentarme cara a cara con originales de los artistas más grandes de la historia y he podido experimentar, en carne propia, la verdadera magnitud de la energía que son capaces de transmitir sus obras, he compartido con artistas contemporáneos europeos en sus propios talleres y percibido sus obras y filosofías personales de primera mano (por ejemplo Jans Tomas), he visitado diez países y he advertido el contacto con sus pobladores, costumbres, tradiciones, arquitecturas y culturas plurales. He conocido innumerables galerías como la Casa 21 de Austria y museos como el Pompidou de Paris; en fin, he tenido una cantidad increíble de vivencias y experiencias únicas que me han sacudido y golpeado fuertemente y que por supuesto han marcado mi vida e influido en mi trabajo.

¿Considera el mercado del arte cubano, si es que verdaderamente existe, con todas sus leyes y espejismos, como un muro inquisitivo respecto a la calidad y a las perspectivas creacionales de los artistas más recientes?

El mercado es un aspecto inseparable del arte y, como todo tipo de transacción, puede tener también sus partes oscuras, es un complicado y cuestionable fenómeno que marca y controla en buena medida los rumbos del arte en la actualidad. La comercialización del arte cubano, claro está, forma parte de ese proceso. No creo que el comercio influya de manera negativa en la calidad del auténtico arte hecho en Cuba pues conozco un gran grupo de artistas que venden sus creaciones, sobre todo en el emporio que es la capital, de forma digna, y que continúan siendo sinceros con sus principios estético-conceptuales. Creo que la creación plástica se ve más afectada en nuestro país en la medida en que muchos artistas con talento, que mayormente viven en provincia, no tienen acceso al mercado, por razones que no creo necesarias mencionar y no pueden efectuar una venta de sus obras que les permita mejorar su nivel de vida y condiciones de trabajo, pues en ocasiones no tienen ni la posibilidad de hacer una mínima compra de materiales de arte, que como sabemos son especializados, escasos y muy caros.

Creo que el muro inquisitivo que se interpone entre el creador y el mercado afecta en gran medida la calidad y las perspectivas creacionales de los artistas más o menos recientes en el arte cubano contemporáneo y quiero añadir que los artistas consecuentes no canjeamos nuestra ética, mentalidad, concepciones y fundamentos artísticos cardinales, ni, bajo azote.

En los últimos años usted se ha desvinculado un tanto del contexto socio-histórico que ha sido el contenido proteico- esencial de su obra. ¿Se debe a una actitud deliberada, a circunstancias personales o a una decisión que en el fondo aspira a una mayor apertura e interconexión de sentidos?

Los cimientos que han sostenido mi producción artística desde su solidificación como discurso no han cambiado hasta hoy, solo se han ido enriqueciendo a lo largo de todos estos intensos años de prácticas y fogueos dentro y fuera de la isla. Jamás he pensado en dejar mi patria para irme a vivir al extranjero, entre otras razones porque aquí es donde necesito cargar las pilas, porque este es el contexto que me provoca y que constantemente me está retando, aquí es donde obtengo las esenciales proteínas para la vida y la creación. Contrario a lo que dices, creo que en ningún momento me he desvinculado de mi entorno y mucho menos de mi historia, nunca he estado fuera de Cuba por más de tres meses y en ese tiempo, que a veces se me hace inmenso, no he dejado de pensarla. Mi propuesta se sigue caracterizando por el inclusivismo y la hibridez, entretejidos e intercalados que descubren un universo personal en el que confluyen, de forma vivificante, lo convencional y “lo nuevo”, lo nacional y lo foráneo.

Rubén Hechavarría Salvia es un artista que, de modo continúo e implacable, está creando. Llámense obras visuales heterodoxas, textos multívocos o artefactos en los que apela a la interdiscursividad sonora del video, los archivos de audio, la gestualidad teatral, las coreografías, etc. Performances que incluyen la experiencia del ready-made y, en general, la objetuaria más común metamorfoseada en objeto expresivo. ¿Es que no puede ser o comportarse de otro modo? ¿No le parece que actuar de esa forma puede conducir al agotamiento suyo y de los demás, a lo que se llama vulgarmente un callejón sin salida?

En mi la creación se da de manera orgánica, ontogénica; es un proceso pleno que comienza desde muy adentro e involucra muchos aspectos importantes. En el transcurso, “la cosa” va de la oscuridad a la luz, de lo intuitivo y dudoso, a lo razonado y veraz; es aquí cuando decido qué tipo de soluciones merecen tales ideas o cuál de los géneros o manifestaciones se avienen mejor a mascuales intenciones. Según mi experiencia como artista y además como pedagogo sé que no puede ser de otro modo, siempre existe una manera más efectiva de comunicar una idea según sus características; solo hay que saber elegir correctamente entre la vasta gama de recursos que brinda la historia: dibujo, grabado, pintura, fotografía, audiovisual, escultura, instalación, arte-objeto, performance, intervención, site specific, códigos, símbolos, signos, métodos, soportes, dimensiones, colores, texturas, filosofías posturas, etc. etc. etc. A este nivel, donde confluyen de manera eficaz la selección y ejecución, le llamo oficio y no creo, en absoluto, que el aprovechamiento de estas herramientas conduzcan, en cualquier caso, a un agotamiento o inactividad creativa; más bien abren paso a una veta inagotable de posibilidades dentro del universo de la creación artística y de la percepción estética.

A la altura de tantas preguntas, una más: ¿Se atrevería a autodefinirse?

Soy un Hombre de las Artes, un eyaculador ingobernable.

Consciente de la fugacidad de la creación y, por supuesto, de la existencia misma ¿Espera algo de esa construcción semántica, un tanto virtual y muy egocéntrica, denominada posteridad?

¡Nooooooooo!

Bombay, 22 de febrero de 2017- Belgrado, 27 de marzo de 2017, 12:58 am