Guillermo Rodríguez Rivera: una figura que se extraña

Feria Internacional del Libro 2018

Guillermo Rodríguez Rivera: una figura que se extraña

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Escritores, AHS, FILH 2018
  • Guillermo Rodríguez Rivera en uno de los intelectuales homenajeados en el marco de la XVII Feria Internacional del Libro de la Habana, una deuda saldada de La Habana a esa figura de la intelectualidad cubana. Foto del autor
    Guillermo Rodríguez Rivera en uno de los intelectuales homenajeados en el marco de la XVII Feria Internacional del Libro de la Habana, una deuda saldada de La Habana a esa figura de la intelectualidad cubana. Foto del autor

En el Salón de Mayo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), este 8 de febrero de 2018, en el marco de la XXVII Feria Internacional del Libro de La Habana, se desarrolló el panel de homenaje a Guillermo Rodríguez Rivera. Este panel fue presentado por el profesor, poeta y narrador Ramón Bermúdez y lo acompañaron la poetisa y Premio Nacional de Literatura Nancy Morejón, la escritora Denia García Ronda, el escritor Nelson Herrera Ysla y la Profesora Titular Águeda Mayra Pérez García.

Entre el público asistente se encontraban familiares de Guillermo Rodríguez Rivera, el presidente de la AHS Rubiel García y estudiantes de la Licenciatura en Educación Español-Literatura de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona y de la Universidad de La Habana.

La primera intervención la realizó Nancy Morejón, la que comenzó recordando aquel lejano 14 de febrero en que lo conoció, siendo ambos estudiantes de la Facultad de Artes y Letras. Hizo referencia al proyecto de revista Los jagüeyes, que no se pudo realizar; a las guardias estudiantiles, en plena crisis de octubre, que eran amenizadas con la voz y la guitarra.  Los recuerdos de Santiago, según la poetisa, eran tema recurrente en las conversaciones con Rodríguez Rivera pues “tenía en la cabeza la placita de Santiago de Cuba”.  También rememoró la escritura del ensayo “El negro en la literatura cubana”, concebida a “a cuatro manos”, manuscrita que les revisó la ensayista Mirta Aguirre.

Denia García Ronda, por su parte, declaró lo mucho que se extraña a Guillermo Rodríguez Rivera, un renacentista conocedor de la literatura europea.  Destacó rasgos de su personalidad como el de polemista, pues defendía su criterio fuertemente; como amigo, tenía un alto sentido de la amistad. Compartió, además, una anécdota sobre la publicación de Nosotros los cubanos, en la que contó la impresión que le causó el libro, el que llamó “muy machista”; y como, consecuencia, Guillermo, en la segunda edición habló más de la mujer. También recordó aquella inspección a la Facultad en la que fue evaluado con 2 puntos por la ausencia del plan de clases, motivo suficiente para ver nacer el “Soneto del metodólogo”.

Nelson Guerra recordó el camino de Rodríguez Rivera por El Caimán Barbudo y el centro cultural en el que se convirtió su casa, donde se reunían los amigos para escuchar buena música y debatir sobre diversos temas. La fundación de la Brigada Hermanos Saíz como génesis de la AHS fue también tema a compartir a partir de la participación de Guillermo Rodríguez Rivera. Esta brigada estaba formada por un grupo de jóvenes asociados a la UNEAC, que operó en casi todo el país, y duró hasta los años 80. Del carácter, resaltó Guerra, su buen sentido del humor y la manera amena que tenía de burlarse de sus amigos y de él mismo.

Después de escuchar a los tres primeros panelistas, que centraron su intervención en la cercanía con Rodríguez Rivera desde la amistad, intervino la profesora  Águeda Mayra Pérez García, la que destacó la importancia de Guillermo Rodríguez Rivera como intelectual,  para transitar por los caminos del texto poético; y su impronta para la formación de las nuevas generaciones de profesores, que deben enseñar literatura.  Explicó que su obra La otra palabra. Análisis del texto poético, se considera una bibliografía activa para entender “el mundo del imaginario”, leer en el contexto y en la historia del poeta: una mirada diferente para el análisis del texto poético desde la experiencia del aula, por lo que es, lectura obligada para los estudiantes de la carrera Licenciatura en Educación Español-Literatura.

Con este merecido homenaje, ha quedado saldada la deuda que La Habana tenía con este intelectual, una figura que, con su impronta, prestigia hoy las letras cubanas.