Isabel Moya Richard: un hada madrina que nos abandona

Isabel Moya Richard: un hada madrina que nos abandona

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Premio nacional de periodismo, Isabel Moya
  • Era profesora Titular adjunta de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana e integraba el Comité Académico de la Maestría en Género de la Cátedra de la Mujer de ese centro. Foto tomada de Cubadebate
    Era profesora Titular adjunta de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana e integraba el Comité Académico de la Maestría en Género de la Cátedra de la Mujer de ese centro. Foto tomada de Cubadebate

Hay personas que se cruzan en nuestro camino y dejan una huella indeleble en la memoria poética de quienes tuvimos el privilegio de conocerlas y tratarlas, tanto en el plano profesional, como personal. Una de ellas es la doctora Isabel Moya Richard (1961-2018), Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida, quien, como consecuencia de una agresiva afección maligna acaba de emprender viaje en busca de ese mundo lleno de música, poesía, luz y color, a donde —según el fundador del periódico Patria— van los buenos como ella que saben “amar y crear”.

Isa (como cariñosamente la llamamos quienes estuvimos cerca de ella desde los puntos de vista afectivo-espiritual) era licenciada en Periodismo y doctora en Ciencias de la Comunicación, por la Universidad de La Habana. Desde que salió de las aulas de la capitalina Alma Mater comenzó a ejercer la profesión dignificada por el venerable padre Félix Varela, José Martí y don Juan Gualberto Gómez (el hermano mulato del Apóstol) hasta que fue nombrada directora de la revista Mujeres, y posteriormente, directora de la Editorial de la Mujer.

Era miembro distinguido de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), donde hace más de un quinquenio defendió su tesis de grado científico, en la que tuvo como oponente al doctor Julio García Luis (1942-2012), exdecano de la Facultad de Comunicación de nuestro bicentenario centro de educación superior, y expresidente de la UPEC.

En el contexto de ese ejercicio académico, quienes lo presenciamos pudimos apreciar in situ los sólidos conocimientos conceptuales, teórico-metodológicos y prácticos que poseía la querida colega, vecina y amiga, así como la seguridad en sus respuestas, tanto al oponente, como a los demás miembros del Tribunal de Grados Científicos habilitado al efecto.

Tanto fue así, que le dediqué una crónica, que se publicó en el Sitio Web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), institución a la que, algún tiempo después, ingresaría como miembro activo de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Cine, Radio y Televisión; sección a la cual también pertenece este escribidor

Por esas casualidades que tiene la vida, fue en la UNEAC donde la vi y saludé por última vez, ya que la Sección a la que estamos afiliados convocó a una plenaria, y había ido solo para explicar las razones de su inasistencia, porque al día siguiente daría su postrer viaje a la ciudad de Nueva York, donde permanecería una semana, según me comentó antes de despedirnos para siempre..

Isa, con esa alma maternal que la identificara en los medios periodístico y familiar, fundamentalmente, me abrió de par en par las puertas de la revista Mujeres (versiones impresa y la digital), y estuve colaborando con dicho medio de prensa desde 2001 hasta 2007.

En 2011, tuvo la gentileza de invitarme especialmente a un Diplomado en Periodismo de Género, que tuvo como sede el centrohabanero Hotel Lincoln, y en el que conocí a varios colegas habaneros (entre ellos a la profesora, doctora Miriam Rodríguez Betancourt con quien establecí una fluida relación profesional y afectiva), así como de las restantes provincias del país.

En 2015, incluyó un capítulo sobre salud mental de mi autoría en el libro Hoja de vida, publicado por la Editorial de la Mujer, y presentado en una de las ediciones de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Cuando me enteré de la grave dolencia que padecía fui a verla a su casa dos o tres veces, pero su estado era tan deprimente (por lo menos, así lo percibí yo, que por mi profesión primigenia he estado muy cerca de Tanatos), decidí no verla más en ese estado que me partía el corazón y me dejaba sin palabras.

No obstante, debo aclarar que, con la valiosa ayuda de un tratamiento farmacogénico prescrito y costeado por un oncólogo europeo, mejoró —en buena medida— su estado de salud, al extremo de que se pudo presentar ante las cámaras de la televisión cubana, así como en actividades en público. 

Doctora Isabel Mocha Richard descanse en paz, porque ya puede mostrar al cielo, con legítimo orgullo, la forma sui generis en que escribió para la posteridad su leyenda profesional y personal.