Más que humor en el Satiricón

Más que humor en el Satiricón

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Escénicos, Holguín, humor
  • Algunos momentos del V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón en Holguín. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
    Algunos momentos del V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón en Holguín. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
  • Algunos momentos del V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón en Holguín. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
    Algunos momentos del V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón en Holguín. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
  • Algunos momentos del V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón en Holguín. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino
    Algunos momentos del V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón en Holguín. Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino

El V Festival de Humor para Jóvenes Satiricón —realizado entre el 25 de febrero y 4 de marzo en Holguín— demostró ser una de las principales citas del humor escénico en el país.

Organizado por el Centro Promotor del Humor, con el auspicio de la Dirección Provincial de Cultura, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la UNEAC, en el Satiricón coexistieron armónicamente las presentaciones de las principales obras estrenadas el pasado año y el análisis teórico de la historia y los rumbos del humorismo insular, además de la extensión a las sedes universitarias de la ciudad y a varios municipios holguineros.

Vale la pena referirnos entonces a algunos de estos aspectos del V Satiricón con más detenimiento.

Las obras…

Hacer un análisis del Satiricón —dedicado al 3er Congreso de la AHS y al 30 aniversario del grupo humorístico Pagola la Paga— parte en un inicio de las obras que pretenden brindar “referentes de probada calidad estética, y sobre todo, de crear un fuerte de resistencia artística ante los inminentes embates que amenazan el campo de la creación, y aclaro, no solo del humor, sino en el arte en general, marcado por el mercantilismo y las vías fáciles de acometer la máxima de hacer más con menos”, subraya Eider Luis Pérez, director del grupo Etcétera y uno de los anfitriones de la cita humorística que reunió en Holguín a muchos de los principales humoristas y agrupaciones del país, entre ellos: Pagola la Paga, Caricare, Etcétera, La leña del humor, Osvaldo Doimeadiós, Kike Quiñones, Carlos Gonzalvo, Komotú y La Oveja Negra.

Komotú se reúne y nos hace reír

Komotú reafirmó en el Teatro Eddy Suñol que es uno de los mejores grupos humorísticos cubanos. Viven todavía en la ciudad de Guantánamo –donde surgieron en septiembre de 1994– y desde allí han hecho una obra que trasciende todo determinismo geográfico, pues buscan coordenadas humorísticas comunes para explotar y abordar la realidad nacional.

Si bien es cierto que el pasado año la obra El muro, merecedora de los principales premios de su tipo en el país, estuvo mejor estructurada conceptual y dramatúrgicamente, siendo uno de los momentos más recordados en esa edición del Satiricón, la nueva propuesta de Komotú sienta sus bases en uno de los principales y peores rezagos de la burocracia: las reuniones y en su efecto, el “reunionismo” en todos los sentidos.

En sketchs cargados de ironía, chistes conceptuales, parodias y el absurdo, Komotú reafirma la calidad de sus actores: un excelente, extrovertido y conocido Miguel Moreno Rodríguez que lidera la puesta; un Alexis Ayala Wilson, conocido también por su Maestro Angelito en Un fraude celestial, al que solo de mirar nos produce carcajadas, y las muy coherentes e hilarantes Yasnai Ricardo Pérez y la más joven en el grupo, Anachelis Matos Toirac.

Para Komotú nada escapa a su mirada crítica: los problemas sociales, políticos, culturales… son llevados a escena con una inteligencia y sutileza que en ocasiones resulta rara avis en los terrenos del humorismo cubano, evadiendo las alusiones directas pero empleando, al mismo tiempo, con naturalidad y aire fresco, los sucesos más emblemáticos y comunes del acontecer diario del cubano. Si fuera a sugerir algo, que no empaña para nada la puesta en sí, su acertada dramaturgia y la concepción del espectáculo, fuera el cuidado en cierto moralismo didáctico que en ocasiones se asoma en algunos de los sketchs y nos reafirman que esto no es necesario, que el buen chiste basta de por sí para hacernos pensar y al mismo tiempo reírnos de las situaciones reales o no de la vida.

Sabemos que su principal divisa, mantenida por varios años, casi 24 para ser exactos, es lograr con un humor agudo y reflexivo que el público disfrute de un espectáculo que lo haga divertir y pensar al mismo tiempo. Komotú lo ha logrado con creces: las salas llenas y los aplausos apabullantes en el Teatro Suñol confirman su ganada jerarquía en el humor insular.

Una cita con Andrea Doimeadiós y Venecia Feria (y viceversa)

Quien vaya a ver La cita –protagonizada por las actrices Andrea Doimeadiós y Venecia Feria con dirección de Osvaldo Doimeadiós– debe ir preparado para enfrentarse a un humor diferente desde la propia concepción con que ha sido articulada la propuesta escénica.

No es que La cita no posea los estereotipos clásicos del humor criollo a los que están acostumbrados buena parte de los humoristas cubanos, ese humor del choteo del que hablaba Jorge Mañach a inicios del pasado siglo, sino que intenta alejarse de muchos de ellos en busca de un humor más orgánico e inteligente en su estructura a riesgo, incluso, de caer en otros.

La cita ofrece un humor intertextual y bien pensado, cargado de múltiples referencias a la historia de la cultura universal y, sobre todo, a la cubana. Resulta un recorrido por la condición humana del actor. Así conviven en los diálogos, ingeniosos y escritos con precisión y garra, a riesgo de que muchos de los espectadores se rían a carcajadas sin comprender las disímiles asociaciones y personajes (y situaciones relacionadas con ellos) tan diversos como Santiago Pita, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Julián del Casal, Félix Pita Rodríguez, Fernando Ortiz…

En un desenvolvimiento escénico envidiable que permite que el público no se aburra, pues mientras una actriz se cambia de vestuario a un lado del escenario, la otra ofrece convincentemente su monólogo, La cita nos muestra, primero, a dos actrices de teatro que se encuentran en una especie de casting y que recuerda, por momentos, ciertas escenas del conocido corto Utopía.

Hay quien pudiera ver –si quisiéramos buscarle la quinta o la sexta pata al huidizo gato del humorismo insular, lo cual no es nuestro objetivo, claro, sino todo lo contrario– cierto aire racista en la parte donde dialogan las dos hacendadas, una de café y otra de caña de azúcar. En un contexto ubicado, presumiblemente, en el oriente cubano de la primera mitad del siglo XIX, resulta un curioso paseo por ciertas luminarias de ese siglo a través de la historia y la cultura cubanas.

También cierto matiz anticatólico (quizá más bien antirreligioso) en el monólogo de la misionera compungida y procaz que establece muy buenos juegos asociativos con la tradición judeo–cristiana, incluso, vuelven los elementos lúdicos, mediante los nombres de los personajes bíblicos. Además, cierta exageración o tufillo homofóbico en la parte donde ubican sobre un mismo escenario –o eso creemos por las asociaciones evidentes a estos personajes– a la actriz estadounidense Marilyn Monroe y la pintora mexicana Frida Kahlo, uno de los momentos mejores logrados de la obra. Aquí Marilyn sigue siendo la chica fácil, tonta y vulnerable como se le ha caracterizado a la actriz en buen tiempo, la chica que ha escalado diferentes escenarios del poder mediante la seducción. Mientras Frida –sufrida por demás y subrayadas sus inclinaciones lésbicas en buena medida a la par de las infidelidades de Rivera– viene a mezclarse, caricaturizada, con la clásica caracterización del mexicano Mario Moreno a su icónico personaje Cantinflas. Aquí confluyen, velozmente, en los diálogos, personajes y nombres de filmes asociados a ambos personajes como Trotsky y Diego Rivera, Arthur Miller y Elizabeth Taylor, Desayuno con diamantes y John F. Kennedy. En otra parte rinden tributo al cine negro estadounidense y al cine psicológico, como el del inglés Alfred Hitchcock, muchas veces doblado en estudios españoles o latinos, terror de los amantes del buen cine de autor.

Pero, refiriéndonos a lo anterior, ¿sobre qué cimientos se basa el humor contemporáneo cubano (incluso el foráneo al que tenemos acceso en la Isla) sino sobre los moldes de la exaltación y consiguiente ridiculización, como si se tratase de una caricatura, de ciertos códigos establecidos, ya sean históricos, sociales, políticos, religiosos, culturales, económicos…?

Lo interesante de La cita –que utiliza también estos códigos y se recrea en ellos, además de la acertada utilización de la música y los grandes éxitos del pentagrama cubano– es que logra articularlos en la medida que pretende un humor inteligente, a la manera, digamos, de los argentinos de Les Luthiers, por ejemplo, y que roza constantemente la cultura universal mediante interesantes asociaciones. Es como una especie de bombardeo intelectual donde quien no comprende, al menos, sonríe de las “ocurrencias” de Andrea Doimeadiós y Venecia Feria. A propósito, Venecia, integrante del grupo humorístico Etcétera, logra un interesante desenvolvimiento orgánico sobre el escenario en la conformación de sus personajes, lo que la reafirma como una de las mejores actrices de su tipo en Cuba. Andrea, por su parte, a quien le viene el humor en un costado cercano por vía paterna, se desempeña también en la actuación dramática (la vimos recientemente en El techo, de Patricia Ramos) y ahora la observamos salir airosa en los complicados terrenos del humor, en una obra, por demás, compleja en su estructura y su dramaturgia.

Un punto a favor del buen humor inteligente –ese que la mayoría de las veces escasea en escena para provecho del bocadillo fácil y discretamente digerible– encontramos en La cita quienes nos acercamos más bien discretamente y salimos del teatro con la certeza, comprobable por demás en cada puesta, de que una cita entre Andrea Doimeadiós y Venecia Feria (o Venecia Feria y Andrea Doimeadiós) no es solo una cita entre dos.

El resto de las puestas…

Las demás puestas subrayan la calidad y los valores artísticos por los que se mide el trabajo del Centro Promotor del Humor. Los anfitriones de Etcétera nos ofrecieron en Etcétera y punto una serie de sketchs –la mayoría de ellos vistos anteriormente– donde tienen al cine y al audiovisual como hilo conductor de un discurso hilarante e inteligente en su esencia. En esta ocasión, a Venecia Feria, Yasser Velázquez y Eider Pérez se le sumó el actor Luis Ángel Batista, cuarto integrante del colectivo en una suerte de equilibrio agradecido por los espectadores y las propias potencialidades del espectáculo. La primera película cubana firmada con presupuesto del Icaic y asesoría de Hollywood que ganará un Oscar, un encuentro entre Elpidio Valdés y Superman en el frente de batalla ante una invasión enemiga, un samurái y su discípulo en lo que resulta una parodia a los filmes del japonés Akira Kurosawa, el capítulo de una telenovela de turno con sus típicos estereotipos del género… son algunos de los temas de los sketchs de Etcétera, que articulan una próxima propuesta titulada Movies de humor.

Otro de los momentos atractivos del Satiricón –en cuanto a obras se refiere– fue la presentación por primera vez en el evento de Osvaldo Doimeadios, además del espectáculo Humor espiritual, de La leña del humor, y Apago La Luz, con Pagola la paga, Kike Quiñones y Carlos Gonzalvo.

Días teóricos y de humor gráfico

La UNEAC holguinera fue sede de buena parte del encuentro teórico del Satiricón. Un paseo por la historia de la filosofía occidental y sus principales exponentes, a cargo del poeta e investigador Ronel González; un acercamiento al personaje infantil en la radio a través del programa humorístico Entre el Jigüe y el Marañón, por el realizador David Ledesma, y un acercamiento a la compleja dialéctica entre la hilaridad y el poder en las sociedades contemporáneas en la obra del pensador ruso Mijaíl Bajtín, por el profesor universitario Ariel Zaldívar, estuvieron entre las ponencias presentadas en este evento teórico del V Satiricón.

Además, el Café literario de la UNEAC estuvo dedicado al tema del humor y abordó, además de lecturas de poetas invitados, el libro Indagación del choteo (1928) de Jorge Mañach, por la profesora Maricela Messeguer.

Asimismo, Kike Quiñones realizó en la Sala Martiana de la sede Oscar Lucero Moya de la Universidad de Holguín, la conferencia “Humor cubano. La sátira social, columna vertebral en su desarrollo”. También estuvieron al acceso del público los libros Comedias sin lente, de Carlos Fundora, y Los herederos del trono, de Nwito, entre otros textos humorísticos.

Punto aparte merece la exposición de caricaturas Humor Gráfico. Satiricón V, expuesta en la sede provincial de la UNEAC y dedicada al desaparecido caricaturista, diseñador gráfico y periodista holguinero Ángel Quintana Bermúdez. Con curaduría del caricaturista y actor Onelio Escalona, integrante del conocido dúo Caricare, la exposición reúne obras –en diferentes formatos y técnicas– de artistas gráficos como Alfredo Hernández, Martirena, José Antonio Fulguerias, Roland, Panchito y Pedro Méndez, integrantes del conocido suplemento humorístico santaclareño Melaíto, además Jorge A. Carmenate, Lauro Echavarría, Quintana, Mayedo, Bermúdez, Leyva, entre otros.

Se realizó, además, el acostumbrado juego de béisbol entre la prensa y los humoristas en el estadio Mayor General Calixto García, ganando los primeros 14 carreras a 13. Muchas de las obras fueron llevadas –en lo que resulta uno de los logros del evento– a los municipios Calixto García, Báguanos, Cacocum y Cueto, y a las principales sedes universitarias de la ciudad.

Conclusiones para acompañar la risa del sátiro

Si vamos a medir participación popular —dígase popularidad, asistencia y salas repletas— el Satiricón sobresale como uno de los pocos eventos que abarrota todas las salas y lunetas del Teatro Eddy Suñol.

No recuerdo haber visto en ocasiones anteriores –como sucedió en Etcétera y punto, por ejemplo– tantas personas de pie en la Sala Principal del Suñol para ser partícipes del hecho humorístico. Eran tantas que llenaban los laterales y la parte trasera de un Teatro que es de por sí bastante amplio. Además, el Satiricón se ha preocupado por pensar y repensar el humor desde múltiples ámbitos y confluencias: por eso la jornada teórica en la UNEAC y las conferencias en las universidades –escudadas también por presentaciones de los grupos humorísticos, incluidas las visitas a los municipios– han unido a intelectuales, profesores universitarios y escritores en pos del pensamiento sobre el humor en Cuba. Similar sucede con la exposición de caricaturas en la UNEAC, que reunió a muchos de los principales exponentes de esta manifestación de todo el país.

El humor tiene muchas conexiones con el público, es un arte de masas, podríamos decir. No el humor simple, el chiste barato, sino una propuesta pensada desde lo escénico, desde el arte como premisa.

En lo que va del 2018, el Satiricón bien puede catalogarse como uno de los principales sucesos culturales. Por lo demás, el Festival de Humor para Jóvenes es uno de los eventos más importantes del año: porque hace reír a la gente y porque hace pensar mientras reímos –con un humor serio, responsable, irónico, cubano, articulado desde presupuestos teatrales válidos y dramatúrgicamente interesantes– y quizá eso sea lo más importante. Mientras esperamos el próximo año y con él propuestas semejantes a esta V edición, incluso mejores, solo nos queda agradecer al sátiro –y a los varios organizadores del evento– por la amplia risa y el humor en serio que nos han proporcionado en esta jornada.