Celebra el Ballet Nacional de Cuba importantes aniversarios

Celebra el Ballet Nacional de Cuba importantes aniversarios

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Escénicos, ballet, Teatro Nacional, Casa Editora Abril, Sociedad Cultural José Martí, Alicia Alonso
  • Los reconocimientos a estas instituciones culminaron con los magistrales desempeños de Viengsay Valdés y Víctor Estévez en la suite de Don Quijote. Foto: Santiago Barreiro.
    Los reconocimientos a estas instituciones culminaron con los magistrales desempeños de Viengsay Valdés y Víctor Estévez en la suite de Don Quijote. Foto: Santiago Barreiro.

El Ballet Nacional de Cuba (BNC) llevó a las tablas de la sala Avellaneda del capitalino Teatro Nacional dos galas, dedicadas al aniversario 35 de la Casa Editora Abril y a los 20 años de la Sociedad Cultural José Martí, respectivamente.

El programa artístico incluyó las obras En las sombras de un vals, con coreografía: de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, y música del maestro Josef Strauss. Cuba dentro de un piano, con coreografía del artista Eduardo Blanco y música de los maestros Manuel Saumell, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona y Harold Gratmages. Dicha obra lleva por título un famoso poema del bardo español Rafael Alberti, y se toma en préstamo para ese ballet, que exalta la expresión nacional apresada por obras para piano llevadas al pentagrama sonoro universal por compositores cubanos de los siglos XIX y XX.

Excélsior (pas de deux), con coreografía del artista Ugo Dell' Ara, y música del maestro Romualdo Marenco. Luego de ver representada esa obra en la urbe neoyorquina, en 1883, el Apóstol, conmovido, evocó a “[…] un pobre siervo desnudo y maltrecho, con quien la Civilización, al cabo victoriosa, baila en conyugal abandono el paso de la igualdad y de la paz”.

Lucía Jerez, con coreografía de la eximia ballerina, música del maestro Enrique González Mantici y libreto original de la multilaureada poetisa y ensayista Fina García Marruz. Ese ballet, en un acto, está inspirado en la novela Amistad funesta (Lucía Jerez), del fundador del periódico Patria.

Cierra el programa la suite de Don Quijote, con coreografía de Alicia Alonso, dirección artístico-coreográfica de Marta García y María Elena Llorente, Premio Nacional de Danza, sobre la original del maestro Marius Petipa y la versión de Alexander Gorski, y música del maestro Ludwig Minkus. Esa joya de la danza universal es uno de los clásicos más aplaudidos por el público y la crítica.

Los papeles protagónicos fueron interpretados por Viengsay Valdés, Anette Delgado, Dani Hernández, Víctor Estévez, Estheysis Menéndez, Gabriela Mesa, Ginett Moncho, Adrián Masvidal, Daniela Gómez y Ariel Martínez. El elenco está integrado, además, por los noveles bailarines Bárbara Fabelo y Patricio Revé, recién incorporados a la emblemática compañía, y premiados en el Concurso Internacional de Academias de Ballet de La Habana, en 2014: Bárbara obtuvo Medalla de Oro y Premio a la Maestría Técnica, y Patricio Medalla de Oro y Grand Prix. Esa pareja, que baila con el alma, interpretó Excélsior (pas de deux); dos jóvenes encantadores que, en el campo de la danza clásica, estoy seguro crecerán —al decir martiano— “[…] como las palmas […], como los pinos”.

Si bien las principales figuras, muy bien secundadas por solistas y miembros del cuerpo de baile del BNC, se distinguieron por la excelencia artístico-profesional que las identifica en cualquier escenario nacional o foráneo (la reciente gira por la península ibérica constituye una buena prueba de ello), quisiera focalizar mi atención en el magistral desempeño de los primeros bailarines Viengsay Valdés y Víctor Estévez, quienes interpretaron la suite de Don Quijote.

Viengsay y Víctor poseen una “química especial” como pareja, y demostraron —de manera fehaciente— que, no sin antes realizar grandes esfuerzos, han logrado espiritualizar la técnica académica y dominar al pie de la letra el complejo arte de la interpretación teatral, con la seguridad yoica que requiere estructurar —desde la vertiente psicológica y espiritual— los personajes que encarnan para insuflarles vida en escena.

La carismática bailarina, quien se encuentra en plena madurez artístico-profesional, alcanzó el virtuosismo técnico-interpretativo que exige el personaje de Kitri, la hermosa, y lo dotó —además— de energía positiva y de riqueza espiritual.

Por otra parte, esa discípula aventajada de la maestra Alicia Alonso ha racionalizado, interiorizado e incorporado a su estilo inimitable, que bailar no es otra cosa que fusionar cuerpo, mente y alma. Por lo tanto, la Kitri de Viengsay irradia, desde el proscenio, una alegría que contagia al auditorio, una sensualidad que cautiva a los amantes del arte de las puntas, porque tiene el don de la simpatía, y cuando salta, gira y realiza esos balances únicos e irrepetibles, lo hace con tanta gracia y donaire, que enardece al más ecuánime espectador.

¿Y qué decir de Víctor Estévez que no haya sido reflejado —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— en la prensa local y extranjera? Es un danzarín muy seguro y en extremo poderoso; y si esas cualidades no fueran convincentes en grado sumo, habría que agregar: un partenaire excepcional para Viengsay Valdés.