Amor en tiempos de selfies

Amor en tiempos de selfies

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  • Cartel promocional de la película.
    Cartel promocional de la película.

La historia comienza así. Él era un actor independiente de teatro. Un comediante, monologuista. Ella, licenciada en Ciencias de la Comunicación, especializada en redes sociales y con una carrera en ascenso, donde un puesto jerárquico podría aparecer en cualquier momento. El amor no sabe de cuentos, ni entiende por qué el aceite y el vinagre no mezclan. El amor une con sus hilos lo imposible.

Así de atractivo resulta el largometraje argentino de Emilio Tamer Un Amor en tiempos de selfies. Con 119 minutos de duración cuenta la historia de un profesor de teatro que tiene un pequeño grupo de estudiantes donde les enseña técnicas para afrontar los desafíos de la vida, ya sean profesionales o personales.

Allí surgen temas como la importancia de dominar el miedo para sacarle provecho y vencer en una situación ventajosa, la gracia y el talento que los comediantes necesitan para hacer reír, porque —en muchas ocasiones— es más difícil una sonrisa que una lágrima y demás tópicos como la política y la necesidad de los artistas, pues buscan “ese” espacio para crear, perseguir respuestas y así llenar el vació interior.

Conoce a Guadalupe, esta licenciada que no tiene el don de hacer reír y trabaja en una empresa donde constantemente tiene que presentar los productos de la entidad y los compradores siempre le critican que es muy seria y su nerviosismo primero —cuando nadie la ve— al explicar lo que posteriormente saldrá al mercado.

Así llega esta fémina a las clases del actor apasionado por el teatro y tiene que esperar, hasta salir victoriosa de su situación para cortejarlo porque como buen profesional, no sale con sus alumnas.

El amor se releva como llega el sol todas las mañanas a despedirse de la luna, surge entre dos personas completamente distintas. La soledad de él encontró su perfecta compañía.

Guadalupe es emprendedora, negociante y muy dinámica. Comienza a promocionar a su ermitaño novio por las redes sociales, empieza a llenarse el Sótano club (lugar donde él actúa). Los admiradores se suman a Facebook y Twitter y de repente, sin quererlo hasta termina haciendo promociones para la televisión.

Se relata aquí el nuevo escenario de las parejas, la tecnología domina y se suma a las relaciones interpersonales. Mensajes, likes, twttis, comentarios, ahora expresan amor, pasión, celos, deseo y son también motivos de conflictos y reconciliaciones, pero este actor no está contento del todo, pues se siente controlado y agobiado por la mujer que ama. Extraña su soledad, entonces decide con sus amigos prepararle un video en el cual el expresa los motivos por los cuales la deja. “La bomba” —así sus amigos lo denominaba jocosamente—, realmente explotaría.

Al ver el video ella decide enviarlo a una amiga y comienza toda una cadena de correos por la ciudad, el fenómeno llega hasta las redes sociales y se transforma en un asunto mediático. Ella es expulsada de su trabajo y dejan de ser parejas, para encabezar programas de televisión y convertirse en todo un verdadero show citadino.

Mujer al fin, renuncia a la pelea, decide ir al interior de país para sanar su dolor y olvidar todo este caos, él por otra parte la sigue amando, busca su rastro para pedirle perdón. Llora. Pasa noches obsesionado, pero nada de Guadalupe. Después una noticia, aún más fuerte que todo el desastre, se adueña del momento. Guadalupe está embarazada.

La busca incansablemente, los meses pasan y con ello aumenta su agonía, su desesperación y su locura; mas el destino no es cruel y al final logra encontrarla. Se reconcilian y termina todo el grupo de teatro al que él pertenecía, ofreciendo funciones en el campo. Los finales felices también son para tiempos de selfies.