Basura

Basura

  • Pero la basura se puede detener entre todos, mediante un accionar colectivo vigoroso y decidido.
    Pero la basura se puede detener entre todos, mediante un accionar colectivo vigoroso y decidido.

Urgido como está el periodismo de opinión de los medios oficiales cubanos de ponerse en el brazo derecho una inyección de energía, de ampliar y reconcebir su panoplia temática, de asomar verdes briznas de novedad sobre su seca yerba, es curioso que deba ser una octogenaria como la doctora Graziella Pogolotti quien resulte una de las pocas firmas que esté hablando de forma rompedora, abiertamente diáfana, en tal segmento hoy día.

Su comentario Guapería (JR dominical, 6-12-15) va al tema —por supuesto, siendo la intelectual quien es-, despojado de la visión folclorista— yarinesca típica en previos abordajes, para, caso contrario, convertirse en ensayo en torno a la sicología social de un tejido humano donde la expresión de marras es otro de los métodos de la instauración del miedo. Ella no solo la vincula a la “mala vida”—para usar sus términos—, en tanto la liga, por lógica, a distintos sectores y escenarios sociales, cual forma de atropello del débil por el más fuerte.

Aunque en esta ocasión, como en buena parte, los comisores sí formaban parte de la “mala vida”, tal atropello fue justo lo sucedido en la madrugada del 16 de mayo de 2015 en la ciudad de Camagüey, cuando cuatro maleantes le infligieron más de cuarenta puñaladas al músico de 28 años Pedro Armando Junco Torres, víctima mortal de una noche macabra durante la cual además agredieron físicamente (igual, sin mediar razón) a otras tres personas, quienes pudieron atestiguar en su contra en el juicio celebrado hace pocos días.

 Sin que por ello sea ganada por la crónica roja o el sensacionalismo, se viene haciendo necesario —en realidad desde hace buen tiempo— que la prensa cubana informe de hechos como estos (no tan aislados ya), en una cadena reporteril de seguimiento capaz de consignarlos, cubrir las vistas y mostrar al ciudadano lector las penas impuestas a los asesinos, sin esperar años para saberlo, con guion y actores, en Tras la huella.

Siempre sometido a las reservas de oponentes no favorables a la demanda, es algo por lo que el redactor viene abogando desde 1993, cuando inició en el periodismo, y que ha manifestado con anterioridad en otros textos. Si bien eso a la larga no importara, de no ser también el reclamo compartido de muchas personas.

 A nosotros, en calidad de periodistas, debe interesarnos tanto el precio del tomate como el precio de ser un ciudadano normal, honesto, amable y dueño de un sistema de virtudes dentro de un marco espacial y epocal signado por la entronización de los más perjudiciales antivalores, esos que corrompen tanto las almas como las costumbres y una de cuyas nocivas contribuciones es llegar a implantar dudas hasta para identificar las elementales, vitales, nociones de lo correcto y lo negativo. Oscurecimiento perceptivo de nefasta irradiación.

 Sin la por muchos deseada correctiva penal ajustada al carácter lesivo y criminal de actos semejantes, la agresión barbárica contra seres humanos es otro de los fenómenos galopantes dentro de la sociedad contemporánea cubana, como elemento que agrava aun más una seguridad vital ya puesta en azote debido a esa lucha diaria por la supervivencia en el ring inexpugnable del desbocado gravamen de los productos necesarios para el hogar, el pésimo mecanismo de transporte, la indestructible burocracia y esa mala leche desbordada en el ambiente dentro de un encono fratricida sin precedentes.

Si la basura llega a tupir el bosque poco podrá hacerse para revertir algo. Si la hez empodera su fetidez inherente sobre la hoz (vista esta de forma asociativa y sin traer a colación al martillo en tanto formación social salvaguarda de un modelo de vida colectivista afincado al trabajo), no habrá trigo moral para llevar a la conciencia; carentes de esta no existe juicio, luz.

La basura habita muchos sitios, respira en disímiles escenarios; pero prefiere la esquina y el ocio. Mira a su contraparte desde el prisma del desdén, la sorna y el odio. Puede configurar grandes costras durante los períodos de crisis económicas. Hombres buenos y malos siempre existen, mas los miserables y las miserias se ceban en los cismas, como el ocurrido en Cuba desde 1990.

Pero la basura se puede detener entre todos, mediante un accionar colectivo vigoroso y decidido a preservar la tranquilidad para nuestros descendientes; a través de combate permanente desde la supraesctructura, intencionado y no sometido a raptos pasajeros; por la vía de condenas penales severas afincadas a la premisa esencial de que el ser humano es un concepto superior, una criatura biológica preciosa que no puede ser agredida bajo ningún concepto.