Creado en: marzo 24, 2022 a las 02:51 pm.

De visita en la casa vieja

Por Sofía Miragaya

“Hay una reja que da paso al jardín y este, a su vez, a unos breves escalones luego de los cuales el portal se reparte igual a izquierda y derecha. El portal y el jardín con sus flores de papel, rosas amarillas, violetas africanas y variedades de helechos, esos fueron mis predios en la niñez”, escribe Dazra Novak y, de su mano, entramos a la casa vieja.

Adentro viven siete mujeres en un aquelarre moderno. Juegan por turnos a odiarse y quererse, transitan por las habitaciones de una mansión del Vedado donde antes reinó el silencio. La primera mitad del libro es poesía, cada capítulo dedicado a una de las inquilinas, a los avatares de la vida que las hicieron irse a vivir con Camila Comas.

Así vamos aprendiendo sus costumbres, miedos y nombres. Siete nombres son muchos y terminas recurriendo a la estrategia de recordar a cada personaje por una palabra: Ana Manso, ternura; Rosita Aparicio, perfume; Lina Linet, tristeza; Rosario Farrás, cura; Zulema Restrejo, incorregible; Vera Borrás, traidora; Camila Comas, ¿Camila Comas?

La narradora del libro, una locutora de abuelo suave, madre complaciente, abuela fuerte y padre severo, es un espejo para ver a los demás. Su historia consiste en querer librarse de la carga de llevar sus antepasados a cuestas. Para suerte suya, las seis amigas llegan para arrebatarle el polvo a la casa y llenarla de voces distintas, de pequeños murmullos, a ratos, y de gritos otros tantos.

Dazra Novak nos tiene preguntándonos una vez más, por lo vívido de su relato, ¿hasta qué punto sucedió esto en realidad? La misma autora en su segundo libro, Cuerpo Reservado, nos responde: “Mejor no decirlo. La ficción es una forma de vivir tan válida como otra cualquiera”.

Nos sorprende, sin embargo, cuando en el último capítulo, que lleva precisamente el nombre de “Dazra Novak”, la escritora vuelta personaje conoce a su protagonista y escribe todo en una pequeña libretica Moleskine. Luego de perseguirla hasta el Cristo para conocer los detalles de la trama, le confiesa que lo escuchado es una gran historia de amor y una despedida definitiva.

La escritora de Cuerpo Público, Making Off y Erótica con Niñas en la casa vieja muestra elementos comunes en su obra: la sexualidad, la emigración, la nostalgia, La Habana. No obstante, este es, a su vez, un libro atípico para Novak, donde prevalece la sororidad por encima de lo erótico.

Para Ana Manso amar es la añoranza por lo perdido, para Rosario Farrás un diario donde anotar nombres, para Zulema Restrejo la longitud del radio de unos pechos. Si conocen algo real son los vínculos que las unen, las formas secretas que encuentran de cohabitar el mismo espacio. Solo Camila Comas vive un amor tan intenso como esos de Sabina, que cuando no mueren, matan.

Comprendemos en la segunda mitad de la novela que la casa es también parte del relato. Al estilo de Jardín sentimos mezclarse los habitantes de antes con los de ahora, parase en frente de la misma ventana. La abuela María toma una siesta en la terraza donde Zulema Restrejo, años después, se desnuda.

Como en Viaje en la semilla retrocedemos en el tiempo y acompañamos a Camila Comas en su infancia y adolescencia, queriendo huir del “no lugar” y escaparse de los regaños de una abuela siempre inconforme. La niña sobrevive a la oscuridad escuchando la radio, aunque el aparato en sí no le proporciona calma, puesto que “el verdadero antídoto para la fiebre del no lugar es la voz humana”.

La Habana aparece en las notas al pie de página que, distintas a su característica original, no es nada prescindible. La Habana es la ciudad de tránsito, la de siempre, la de los olores fuertes, la de gitanas y solares, la de los encuentros y adioses. La que toca zapatear en busca de ese ejemplar de Niñas en la casa vieja que algún librero no vio y podemos comprar sin abrirnos huecos en los bolsillos.

Pero, a falta del papel entre las manos, queda la opción de pararse en frente de esa gran casa situada en J y 19 e intentar ver a través de los cristales las fotografías escandalosas de Vera Borrás o a Lina Linet dibujando sobre un colchón o a la Dazra Novak de hace quince años, cuando regresaba de la Alianza Francesa, parada en la acera y pensando “Esta casa la necesito para un cuento o una novela. La voy a guardar”. Yo ya estoy en la casa vieja. Tú, ¿vendrás?

Tomado de: https://medium.com/el-caim%C3%A1n-barbudo/de-visita-en-la-casa-vieja-d0d7e03607bb

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