Creado en: febrero 17, 2022 a las 10:52 am.

Instructores de arte: hoy, mañana y siempre

conservar el alma pura convocó la narradora Ana María Paredes – a la derecha—, instructora anterior a la BJM / Foto del autor.

“Mi futuro será: hoy, mañana y siempre, instructor de arte; esa vocación de entrega de amor y arte, de sentimiento y unidad”, así se expresó la joven instructora Eliani Rodríguez en encuentro generacional de esas huestes artísticas celebrado en la Sociedad Cultural José Martí, sede principal en la capital, este 16 de febrero.

La actividad, al unísono en todas las provincias del país y acto central en La Habana, formó parte del programa de la Jornada Nacional de celebración por el Día del Instructor de Arte, que se celebra del 14 al 25 del mes en curso. Se organizó por la dirección nacional de la Brigada José Martí (BJM) y la delegación provincial de La Habana de dicha institución, junto a la de Casas de Cultura del territorio.

Modestia y sencillez caracterizaron los testimonios de esos guerreros del arte y la comunidad bajo la égida de la BJM, raigal bastión del fomento del arte desde la base.

El intercambio de experiencias y propuestas para mejorar su quehacer, fueron parte también de los diálogos.
Desde aquellos integrantes de la primera graduación en el 2004 de la Escuela de Instructores, propuesta del promotor y guerrero mayor, Fidel Castro, el accionar de los más de 12 000 profesionales fraguan lo que es un encargo social como servidores públicos, su impronta en visible en la cultura cubana.

Encuentro generacional de instructores de arte en la Sociedad Cultural José Martí / Foto del autor.

Anécdotas sobre ese trabajo silencioso y constante, de inmensurable alcance, llegaron como certificación de su grandeza. Y no solo desde el acontecer en Cuba, sino, allende los mares como es el caso de la Misión Cultura en Venezuela, como lo relató una joven instructora ubicada en las zonas de extrema pobreza.

“Los niños nos recibían con cariño, satisfacción y alegría de poder recibir talleres de las diversas manifestaciones artísticas. Es grato recordar cómo se fueron incorporando poco a poco, no solo los niños, sino, los padres y abuelos”, comentó la joven.

“De Venezuela nos llevamos esa luz inapagable, ese cariño de los niños, el agradecimiento de los padres por todo el trabajo realizado. Una de las satisfacciones más grande para un instructor de arte es el llevar a un infante por primera vez a un teatro, enseñarlo a tocar un instrumento musical, es inenarrable”, afirmó.

La valía del trabajo con los aficionados, mal valorado en muchas ocasiones, resulta de clave importancia. El eco de esas primeras lecciones despierta luz y después, como fragua, constante destello. Es el caso de la joven granmense Magaly Aguilar, quien de niña recibió conocimientos de danza y hoy devuelve los mismos como instructora de arte.

“Desde pequeña sentí de cerca el amor de los instructores de arte, eran como mis otros padres. Sentí que era una necesidad para mí bailar y trasmitir a otros niños lo que yo había sentido”, dijo.

De esos primeros osados que entregaron su trabajo cultural desde la enseñanza en las comunidades, mucho antes de conformarse la BJM, está la narradora Ana María Paredes. Conocida por su insistencia, su particular manera de trabajar la cultura como un todo que integra, no solo vocación, sino, amor, es referente nacional por su trabajo.

Tres deseos regaló a las jóvenes generaciones de instructores: cumplimiento de sus sueños artísticos, buena pedagogía, bondad de alma y ligereza de la mente. “El instructor de arte tiene la obligación de conservar su alma pura y saber darle clases a un preso, a un homosexual, a una persona desequilibrada mentalmente, una ama de casa, a un adulto mayor, aun niño con problemas sociales o de autismo. Para eso hay que tener bondad de alma”, aseguró. Luego narró un cuento didáctico.

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