Creado en: marzo 7, 2022 a las 09:49 am.

Regresa la Orquesta Aragón al Teatro América

La Orquesta Aragón simboliza el respeto

a la música popular bailable cubana

Jorge Alfaro

El  septuagenario Teatro América vistió sus mejores galas para recibir —después de dos años de involuntaria ausencia— a la emblemática Orquesta Aragón, laureada con el Premio Grammy Latino en 2020 y 2021.

 «Si tú tu escuchas un son sabrosón […], ponle el cuño es Aragón [….] Si tú escuchas un rico danzón […],  ponle el cuño es Aragón».

Los acordes del tema musical que, compuesto por el maestro Enrique Jorrín (1926-1987), identifica a la Orquesta Aragón, llenaron de música y buena vibra el proscenio del Coliseo de Centro Habana; prestigiosa institución cultural que, al igual que Radio Progreso, la Onda de la Alegría, deviene el escenario de los grandes éxitos de la Charanga Eterna, dirigida por el maestro Rafael Lay Bravo.

La dirección artística de ese espectáculo musical fue de Esperanza Pinal, la dirección general de Jorge Alfaro, y la conducción de la locutora Yanet Pérez Cruz, quien evocó la sagrada memoria de los integrantes de la orquesta, que lamentablemente ya no están entre nosotros.

 Los invitados especiales de los «aragones» fueron el maestro Orlando Valle («Maraca»), así como tres mujeres instrumentistas (dos flautistas y una violinista), quienes no solo representaron dignamente al sexo femenino en ese contexto festivo, sino también hicieron vibrar de emoción a un público ávido de escuchar música cubana, la auténtica, la verdadera.  

El cha, cha, cha es —sin discusión alguna— el «plato fuerte» de la Orquesta Aragón, desde que el maestro Jorrín lo creara en los años cincuenta del extinto siglo XX, lo popularizara la Orquesta América, y lo diera a conocer, no solo a lo largo y ancho de nuestra geografía insular, sino también en todo el orbe.

El ritmo que caracteriza a la octogenaria agrupación cienfueguera comienza ligero y las bien acopladas voces, que integran el coro, están presentes con la letra romántica o pintoresca, escrita por el compositor, y signada —en lo fundamental— por el aliento poético (en el caso de un bolero) o por el gracejo criollo que nos particulariza (si se trata de un cha, cha, cha, un son montuno o una guaracha), pero sin la más mínima concesión a la chabacanería, el mal gusto o el irrespeto a mujeres y hombres.

Por lo tanto, a la Orquesta Aragón la distingue una verdadera «magia sonora», que hace inconfundible su estilo, y es el resultado de las caricias melódicas que el maestro Rafael Lay Apesteguía (1927-1982) les hacía a las cuerdas de su violín; caricias extrapoladas —con posterioridad— a los demás instrumentos que configuran el formato charanguero. Al final de cada número, incluido en el repertorio clásico y actual de la agrupación ícono de la música popular bailable cubana, los ingeniosos estribillos, secundados por el acompañamiento sincronizado de los 5 violines, el piano, el bajo y la percusión, así como los magistrales floreos con la flauta, magistralmente interpretados por «Maraca», el flautista titular de la orquesta, así como las dos encantadoras instrumentistas, y que recuerdan la presencia espiritual del maestro Richard Egües (1924-2006), Premio Nacional de Música, refuerzan —¡y con qué solidez!— la interpretación…, que se torna inimitable.

La que «llegó y triunfó» incluye en su repertorio varios géneros musicales: danzón, Patrimonio Cultural de la Nación, son, bolero, bolero-chá, cha-onda, así como la incorporación de obras más contemporáneas.     

Cada integrante de la orquesta sabe muy bien lo que debe hacer para llenar de buena música el Teatro América, e impregnar de alegría y energía positiva la mente y el alma de sus fieles admiradores, entre los que hay personas de la tercera edad, pero también jóvenes y adolescentes de los dos sexos que bailan al compás de los acordes musicales de los «estilistas del cha, cha, cha», sobre todo cuando interpretan uno de sus números antológicos: Pare Cochero, que puso a bailar al auditorio en pleno, y con el que finalizara tan estelar concierto.

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